Mariano Rajoy ha fulminado los valores y principios históricos del PP. A pesar de las declaraciones de Fernando Martínez-Maíllo, en las que aseguraba que el partido mantenía su esencia, basta con echar la vista atrás para entender que el cambio en la formación popular va más allá del propio logo.
Desde La Gaceta hemos decidido refrescarle la memoria al señor Maíllo para explicarle qué valores y principios se ha dejado su partido por el camino. La ley del aborto, que pasaron de recurrir a defender en todas las televisiones, o la Memoria Histórica representan algunas de las contradicciones del PP, pero hay más: Rajoy pasó de oponerse al matrimonio homosexual a asistir a la boda de Maroto, dejó de lado a las víctimas del terrorismo para seguir la hoja de ruta con ETA y, en los últimos tiempos, se ha desmarcado del recurso de inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña.
Hace tiempo que el PP perdió su rumbo. El partido traicionó a millones de votantes que confiaron en Rajoy para reformar la España post Zapatero, pero el actual presidente se ha limitado a seguir la línea impuesta por el socialista. Cinco millones de votos se han quedado ya por el camino…
España y la corrupción
Entre el 80 y el 86% de los españoles cree que el Gobierno no hace suficientes esfuerzos en luchar contra la corrupción. Una cifra que coloca a nuestro país a la altura de Bosnia o Ucrania y que demuestra el hartazgo ciudadano ante las numerosas corruptelas que se vienen repitiendo en las instituciones públicas durante los últimos tiempos.
Uno de cada tres ciudadanos de Europa y Asia Central afirma que la corrupción y los sobornos constituyen uno de los grandes problemas de sus países, mientras que en España este porcentaje se sitúa entre el 65 y 67%.
Londres y el terrorismo
Reino Unido tiene un problema con el islamismo. A nivel de seguridad, la situación es realmente preocupante. Hace unos meses el MI5 ya se declaró “incapaz” de controlar a las decenas de células terroristas activas en el país, pero la amenaza ha ido en aumento. Sin embargo, el Gobierno británico centra sus esfuerzos en controlar a los ciudadanos que acudieron a Oriente Medio para luchar contra la organización terrorista Estado Islámico.
Es el caso de Macer Gifford, un hombre de 30 años que se trasladó a Siria en 2014. Tras más de tres años allí, Gifford decidió regresar al Reino Unido y se encontró con varios agentes del MI5 esperando su llegada.
Las limitaciones de la inteligencia británica para controlar a los miles de islamistas chocan con su entrega para vigilar a las familias de aquellos que luchan contra el terrorismo en Oriente Medio. De hecho, el pasado mes de septiembre, los responsables de los servicios de control sobre leyes terroristas abrieron la puerta a conceder la amnistía a “aquellos adolescentes que habían viajado a combatir junto al ISIS que mostraran arrepentimiento”.
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