«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Srebrenica, una vergüenza europea

Srebrenica fue un genocidio terrible. Hubo 8.366 muertos bosnios, a manos de los serbios. Eran musulmanes y fueron liquidados en sus pueblos, a menudo junto a su familia, otras veces sitiándolos  Los que tuvieron más suerte, fueron deportados, otros murieron o fueron heridos. Mientras Europa miraba para otro lado y Nacionales Unidas llevaba años diciendo que producía un genocidio a cámara lenta, pero no hacían nada.  Los primeros pueblos y aldeas fueron arrasados en 1993 (de hecho la campaña de limpieza étnica empezó en 1992), violaciones de mujeres y niñas, para ellas; y la muerte para los varones. Era la técnica del exterminio que incluyó fosas comunes y pruebas de sádicos comportamientos. Recuerdo las de Kamenica donde se exhumaron restos humanos de más de 1.000 persona distintas.

Pero el día D de la barbarie fue un 11 de Julio, como hoy, a base de fusilamientos masivos. En Europa todos convencidos de que en el Viejo Continente no habría que lamentar otro holocausto, otra limpieza étnica, pero la tuvimos y bien reciente, mientras loes europeos seguían convencidos de nuestra superioridad moral. Europa no hacía nada contra  las operaciones de Ratko Mladic; ni contra Radovan Karadzic, el autor de la “Directriz 7”: el exterminio, la “venganza contra los musulmanes”.

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Despojaron a todos los varones prisioneros, tanto militares como civiles, jóvenes como mayores, de sus pertenencias e identificaciones; y deliberada y metódicamente los eliminaron, únicamente en razón de su identidad. Por eso su identificación fue muy compleja uno a uno unos 2.500 gracias a los restos de ADN. “Los Escorpiones”, el conocido grupo paramilitar serbio sabían que era muy importante eliminar sus identificaciones.

Tuvo que ser el presidente norteamericano Bill Clinton el que pusiera fin a la pusilanimidad de los dirigentes europeos que no hacían nada práctico para atajar esta tragedia humanitaria. Muchos años después (2002) muerto de vergüenza dimitía el primer ministro holandés Wim 

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