La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha pronunciado este miércoles en Estrasburgo su discurso sobre el Estado de la Unión (SOTEU), el primero desde el inicio de la nueva legislatura europea 2024–2029. Lejos de reflejar una visión realista de la situación del continente, ha optado por un tono triunfalista cargado de promesas a largo plazo, cifras infladas y sin ejecución tangible, en un contexto marcado por la precariedad social, el empobrecimiento de las clases medias y el hartazgo ciudadano ante una Unión Europea que legisla cada vez más, pero resuelve cada vez menos.
Von der Leyen ha anunciado la creación de 13 fábricas de inteligencia artificial, una estrategia europea de computación cuántica con 11.000 millones de euros y un fondo InvestAI valorado en 200.000 millones. También ha presentado el plan Choose Europe (500 millones) para atraer talento y ha presumido del Fondo Europeo de Competitividad, con 409.000 millones de euros. Sin embargo, ninguno de estos proyectos ha producido resultados concretos, mientras la fuga de profesionales hacia Estados Unidos y Asia se ha intensificado.
Ha insistido además en el desarrollo del euro digital como solución tecnológica para el futuro financiero del continente. Ha afirmado que «pondrá las cosas más fáciles», pero no se ha consultado a la ciudadanía ni se han abordado las implicaciones sobre privacidad, libertad económica o vigilancia estatal.
Von der Leyen ha reiterado su adhesión al Pacto Verde Europeo, anunciando un Banco de Descarbonización Industrial dotado con 100.000 millones y promesas de ahorro energético que alcanzarían los 260.000 millones anuales en 2040. También ha defendido la sincronización de las redes eléctricas bálticas con la red continental, con un coste superior a 1.300 millones de euros, financiado en un 75 % por la Unión Europea. Sin embargo, los hogares europeos siguen sufriendo precios energéticos desorbitados y el plan REPowerEU para acabar con la dependencia del gas ruso no ha logrado aliviar la carga sobre familias y pymes.
Von der Leyen ha reconocido que «los agricultores no han recibido los resultados que se merecían», aunque no ha presentado medidas económicas inmediatas. Se ha limitado a anunciar una «visión 2040», la creación de la Junta Europea de Agricultura y una campaña institucional bajo el lema Compre alimentos europeos. Mientras tanto, el campo continúa asfixiado por normativas ecologistas y acuerdos internacionales que fomentan la competencia desleal.
En cuanto al sector del automóvil, ha prometido colaborar con la industria para producir vehículos europeos, «pequeños y asequibles», frente al empuje chino. No obstante, no ha ofrecido cifras ni medidas concretas.
Ha admitido que «los estudiantes no pueden pagar el alquiler» y ha anunciado una cumbre sobre vivienda y un plan europeo de vivienda asequible. Sin embargo, ha olvidado que la Unión no tiene competencias en materia de vivienda, una prerrogativa exclusiva de los Estados miembros.
Desde 2015, los precios de la vivienda han subido un 20% y los alquileres un 48%, mientras los permisos de obra han caído un 20 % desde 2021. La Comisión ha constatado esta crisis, pero no ha ofrecido soluciones reales ni presupuestos eficaces.
En un contexto de creciente malestar ciudadano, Von der Leyen ha defendido el Pacto de Migración y Asilo, cuya entrada en vigor está prevista para 2026. Ha asegurado que «los traficantes no decidirán quién entra en Europa», mientras las mafias continúan operando impunemente y las llegadas ilegales no han cesado. Ha reconocido incluso el uso de redes sociales por parte de las organizaciones criminales, sin presentar medidas eficaces.
En Defensa, ha lanzado un semestre europeo de la defensa con un gasto proyectado de 800.000 millones de euros hasta 2030. Ha anunciado el instrumento SAFE (150.000 millones en préstamos) y ha vuelto a poner a la OTAN como piedra angular de la seguridad continental.
Una de las decisiones más controvertidas ha sido la suspensión parcial del acuerdo de comercio con Israel, presentada como respuesta al conflicto en Gaza. Von der Leyen ha pedido la liberación de los rehenes y ha prometido participar en la reconstrucción de Gaza con socios regionales. Sin embargo, la medida ha carecido de una estrategia diplomática coherente y ha sido interpretada como una cesión a la presión de la izquierda y del islamismo político.
Al mismo tiempo, ha defendido el nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos —con un techo arancelario del 15 %— y ha prometido avances con Mercosur, México, India e Indonesia. Ha anunciado que el programa Global Gateway ha movilizado ya 180.000 millones de euros, con el objetivo de alcanzar 300.000 millones en 2027. No obstante, la eficacia de estos fondos sigue siendo incierta.
La Comisión ha presentado el Marco Financiero Plurianual 2028–2034, que rondará los dos billones de euros. Se han incluido nuevos recursos propios: impuestos sobre residuos electrónicos, tabaco, emisiones de carbono y beneficios empresariales, que podrían generar hasta 58.500 millones de euros anuales. Mientras tanto, el fondo NextGenerationEU sólo ha ejecutado el 56% de sus fondos disponibles, con un riesgo claro de subejecución antes de la fecha límite en 2026.
Von der Leyen ha prometido proteger las «libertades de orar, votar, decidir y amar», pero ha aprovechado para anunciar más control sobre la prensa y las plataformas digitales. Ha denunciado que «los medios tradicionales se han quedado desiertos de noticias» y ha presentado un programa para financiar medios «independientes», con fondos públicos y capital privado, que abre la puerta a un sistema de subvención ideológica.
Ha pedido reforzar la seguridad digital para menores, ha advertido del auge de la desinformación y ha anunciado un Centro Europeo de Resiliencia Democrática. Finalmente, ha defendido acabar con la unanimidad en política exterior: «La unanimidad son unos grilletes». Una declaración alarmante que ataca directamente la soberanía de los Estados miembros.
El discurso de Von der Leyen ha retratado una Europa ficticia: más innovadora, más verde. Pero la realidad ha demostrado lo contrario: una Unión más endeudada, con mayor presión fiscal, más desigualdades, fronteras abiertas, agricultores abandonados y jóvenes sin acceso a vivienda o empleo estable.