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EL OFICIALISMO PIERDE SUS BASTIONES

Bolivia podría estar ante una nueva era política tras el fracaso de la izquierda

Fuente: Facebook de los Candidatos
Fuente: Facebook de los Candidatos

Bolivia acaba de celebrar nuevas elecciones, y contrariamente a la susceptibilidad y desconfianza creada por el Tribunal Supremo Electoral bajo la dirección de Salvador Romero, que no vio necesario auditar el padrón electoral, y que tuvo a la población en incertidumbre por decisiones que no tomó sino sólo hasta los últimos días de la campaña, los resultados en boca de urnas no sólo coinciden con las encuestas, sino que además ilustran una derrota inocultable y sin precedentes para el Movimiento al Socialismo (MAS).

Luego de unas elecciones en las que Arce Catacora venció en primera vuelta con un aplastante 55% de la votación, hoy, tan sólo tres meses más tarde, el MAS presenta un cuadro de derrota electoral en departamentos y municipios sin precedentes, de acuerdo con los datos en boca de urna de CiesMori Unitel del domingo 7 de marzo; ha ganado claramente las gobernaciones de Cochabamba, Oruro y Potosí (en el occidente del país), pero el resto -incluyendo alcaldías- las ha perdido o necesita de una definición en segunda vuelta.

Resultados de las elecciones según boca de urna
Eje troncal del país (La Paz, El Alto, Cochabamba, Santa Cruz)

Fuente: Elaboración propia en base a datos de CiesMori Unitel.

Sin embargo, la derrota no ha sido solamente del MAS, sino también de Comunidad Ciudadana, de Carlos Mesa, el Movimiento Demócrata Social, de Rubén Costas, y Santa Cruz Para Todos (SPT), de Percy Fernández.

Luego de que Carlos Mesa fuera derrotado en las elecciones de octubre de 2020 frente a Arce Catacora, y de que se autoproclamara como líder de la oposición a nivel nacional, hoy Comunidad Ciudadana tiene apenas a Gary Áñez que se encuentra compitiendo voto a voto por la alcaldía de Santa Cruz de la Sierra con Jhonny Fernández, de Unidad Cívica Solidaridad; en el resto del país CC no tiene representación alguna.

Igualmente, Demócratas, de Rubén Costas en Santa Cruz, ha perdido tanto la gobernación como la alcaldía cruceña, luego de haber tenido una fuerte presencia política durante 15 años a la par que el MAS en el resto del país.

Percy Fernández es conocido tanto por su carisma como también por sus polémicas decisiones (como la alianza sin tapujos con Evo Morales y el MAS) y sus arranques de ira contra las preguntas de la prensa, e incluso por propasarse con distintas mujeres con presencia de la misma prensa, pero aún así ha contado con el apoyo de una parte importante de la ciudadanía que le guarda lealtad desde sus primeros pasos en la política junto al Movimiento Nacionalista Revolucionario en la alcaldía durante la década de los 90.

No obstante, mientras Fernández ha permanecido enfrentando problemas de salud y alejado tanto de la alcaldía como de la mirada y críticas del público, Angélica Sosa, su candidata, ha perdido no sólo por los innumerables desaciertos de su jefe de partido, sino también los de su gestión como alcaldesa interina, así como los de su campaña.

Una mención breve y aparte merece Unidad Nacional, de Samuel Doria Medina, quien se había presentado como candidato a la Vicepresidencia en alianza con Jeanine Áñez y su partido, presentó muy pocos candidatos propios como el de Claudia Bravo para la gobernación de La Paz, y apuntó a algunas alianzas como con Súmate, de Reyes Villa en Cochabamba.

Algunas explicaciones sobre los resultados

Por un lado, parte de la explicación de unos resultados tan malos para el MAS tiene que ver -inconfundiblemente- con la decisión de Evo Morales de seguir adelante con las elecciones de 2019 a pesar de la derrota en el referéndum de 2016 -a través del cual buscaba reformar la Constitución para permanecer en el poder-. Además, el rechazo está relacionado con el fraude de octubre de 2019.

Desde aquellos años, el MAS empezaba a sufrir un importante deterioro no sólo por las dificultades que la economía empezaba a presentar fruto de la caída de ingresos por exportación de gas, sino también por distintos casos de corrupción y tráfico de influencias como el caso Zapata o el millonario desfalco del Fondo Indígena.

No obstante, los resultados también responden a problemas más recientes que tanto el MAS como el gobierno de Arce Catacora no están siendo capaces de resolver, muy a pesar de la dilatada experiencia en la administración de los recursos y los sostenes del andamiaje estructural.

Como es sabido, el gobierno de Arce no se ha concentrado en asumir los desafíos presentes y futuros de manera creativa o al menos distinta de la de Evo Morales, sino en la búsqueda de culpables para justificar su ineptitud en la administración de una crisis económica y sanitaria conocida por el mundo entero.

Por otro lado, a diferencia del rol que jugó tanto en la campaña electoral de 2020, en el que se lo veía muy presente en redes sociales -casi cada día- con durísimas críticas al gobierno de Áñez, son contadas las veces que se ha manifestado en los tres meses y medio que lleva de gobierno, sin haber entendido aún los motivos de su estrepitosa derrota en las urnas, mucho menos el rol que debe jugar –o que al menos sus propios votantes le exigen cumplir– frente al MAS.

En este sentido, Mesa ha perdido la oportunidad de consolidarse como aquel líder opositor en el que el público depositó su confianza. Por el contrario, no ha hecho más que ratificar el temor que muchos de sus votantes tenían de que el apoyo y la confianza en él depositaban era meramente circunstancial ante la falta de unidad para enfrentar a Arce en las últimas elecciones.

Igualmente, el rol de Rubén Costas en Santa Cruz fue siempre muy cuestionado, sobre todo a partir del Caso Terrorismo y el asalto al Hotel Las Américas en abril de 2009, o el contenido final de los estatutos autonómicos.

Si bien Costas representaba un dique de contención del MAS en Santa Cruz, más tarde su partido tuvo que cargar durante años la sensación o desconfianza del público respecto de que hubiera establecido una alianza política con Morales a cambio de mantenerse en el poder y preservar un relativo margen de gobernabilidad local, además de un silencio cómplice respecto de ciertos temas muy delicados para el departamento, que lo delataban.

Unidad Nacional por su lado, sufrió un duro revés en 2020 fundamentalmente por la alianza establecida con Jeanine Áñez y, por tanto, también con su gobierno, que terminó no sólo renunciando a su propia candidatura, sino además retirando al resto de su partido en bloque en todas las instancias en octubre de 2020.

¿Qué representan los resultados a futuro?

Ahora bien, a pesar de que el MAS ha sido ampliamente derrotado en las urnas, y de que esto se traduce en recuperar las esperanzas sobre el futuro del país respecto de los resultados de las elecciones de 2020, todavía es necesario esperar los datos oficiales, además del ballotage en varias alcaldías y gobernaciones.

Más aún, la derrota del MAS no necesariamente significa que Bolivia se encuentre encaminada a recuperar los cimientos de una democracia liberal o de crecimiento y desarrollo económico de largo plazo.

Es cierto que los resultados no tienen explicación solamente en fracasos propios del MAS o de una facción de la oposición muy agotada, sino también en los aciertos de algunos de sus candidatos.

Por ejemplo, Iván Arias formó parte del gobierno de Jeanine Áñez, que está marcado con la tinta indeleble de los escandalosos casos de corrupción y uso de influencias en plena emergencia sanitaria y crisis económica, y de la rebelión inconclusa de las huelgas ciudadanas generales de más de 20 días ante el fraude de Morales en 2019. A pesar de todo ha sabido conectar con el público y ganar su confianza. Ha destacado su trayectoria como analista e intelectual, y se ha expuesto al escrutinio de manera independiente, abierta y honesta.

Es de esperar, pues, que Arias continúe en esa misma línea durante al menos los próximos cinco años a cargo de la alcaldía de La Paz.

Por su lado, y a pesar de una votación a su favor en Santa Cruz todavía mayor a la de Arce Catacora en las últimas elecciones nacionales, Luis Fernando Camacho necesita de mucho conocimiento no sólo sobre administración pública en la gobernación de Santa Cruz, sino también sobre doctrina política, si acaso -siendo tan joven como es- lo que busca es proyectarse nuevamente a nivel nacional.

Reyes Villa, en el caso de la alcaldía cochabambina, es también un caso digno de destacar. No es nuevo en política, pero es muy conocido en la ciudad y el departamento no sólo por su carisma, sino también por su obra luego de su paso por este mismo cargo durante cuatro veces consecutivas.

No obstante, también debe manejar las expectativas de su electorado, pues los problemas de Cochabamba probablemente sean los mismos que hace 25 años, pero hoy tienen agravantes muy importantes como aquellos que no supo enfrentar cuando fue gobernador y tuvo que interrumpir su trabajo refugiándose en EEUU: el gobierno central y el acoso permanente de los cocaleros de Chapare, entre varios otros.

Eva Copa es un digno caso de estudio. Ha ganado de manera aplastante en uno de los bastiones indiscutibles del MAS a nivel nacional, pero llega al cargo con un discurso muy distinto al del MAS, que solía ser indigenista -cuando no profundamente racista- y violento. Copa ha utilizado en las últimas semanas un discurso mucho más urbano, joven y moderno, que probablemente solamente funciona para una parte muy concreta de su electorado en el corto plazo, pero no para todos aquellos que se desencantaron de ella en los últimos días de campaña, y mucho menos para aquellos que no la votaron en absoluto.

Siendo que Copa alcanzó alrededor de un 80% de la intención de voto en El Alto –en determinado momento–, la diferencia con el 67% de su votación es de todas maneras importante, con lo cual, deberá pensar muy bien la forma en que plantea su proyecto para contar con ciertas garantías de gobernabilidad durante cinco años.

Finamente, ahora mismo los claros ganadores tienen mucho más trabajo por delante que el de la sola administración de recursos durante cinco años, sino que están obligados a nutrirse de ideas, de doctrina, están obligados a construir partidos políticos y formar cuadros, y solamente recién volver a pensar en candidaturas que demuestren tener la capacidad de ponerlo todo en práctica con un horizonte temporal de largo aliento y con un espíritu de convivencia pacífica.

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