«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La política como consecuencia de la cultura

China: clave para Hollywood… y para Joe Biden

Roadstone Hollywood Road Hong Kong China.

Tal y como era de esperar, Hollywood se moviliza para apoyar a Joe Biden con grandes eventos para recaudar fondos y granjearse respaldos de alto nivel. Según la revista Variety, la campaña de Biden está gozando de una amplia “red de donantes y recaudadores de fondos que han proporcionado millones a la candidatura Obama-Biden”. El mes pasado, el productor, cofundador y director ejecutivo de los estudios de animación DreamWorks, Jeffrey Katzenberg, recaudó, mediante una plataforma virtual de recaudación de fondos, 6 millones de dólares para la campaña de Biden.

De acuerdo con las informaciones de los medios, Katzenberg, que también fundó Quibi, una pequeña plataforma de vídeos para móvil, es uno de los principales donantes con los que cuenta el Partido Demócrata, recaudando millones para las anteriores campañas presidenciales de Hillary Clinton y Barack Obama. También ha realizado donaciones de siete cifras a Priorities USA Action, un gran comité de acción política que apoyó a Obama en 2012, a Clinton en 2016 y a Biden en la actual campaña. Hace algunos meses, Katzenberg donó 100.000 dólares a este comité.

Los productores y ejecutivos de Hollywood se encuentran entre los principales apoyos de Biden. Además de Katzenberg, James Costos, un antiguo alto ejecutivo de HBO que sirvió como embajador ante España durante el mandato de Obama, y su compañero sentimental, Michael Smith, decorador oficial de la Casa Blanca durante el primer mandato de Obama, celebraron un evento para recaudar fondos para la campaña de Biden en su casa de Los Ángeles en mayo, en la que participaron otros conocidos de la industria del cine, como el director Rob Reiner. Los productores y otros notables del sector parecen especialmente dispuestos a apoyar a Biden, entre ellos la productora Ellen Goldsmith-Vein, el productor Eric Ortner, el presidente de Tennis Channel, Ken Solomon, y Rufus Gifford y su “marido”, Stephen DeVincent.

En 2012, Biden llevó a cabo una serie de negociaciones con Xi Jinping, el entonces vicepresidente de China, para aumentar la cuota de China en el mercado cinematográfico

Gifford, que ha estado inmerso en el desarrollo y producción de comedias familiares como Garfield o Papá canguro, abandonó Hollywood por la política y se convirtió en uno de los principales recaudadores de fondos para la campaña de Barack Obama. De hecho, Obama estaba tan agradecido con Gifford por sus capacidades para recaudar fondos que lo puso como embajador de Estados Unidos ante Dinamarca –uno de los siete embajadores abiertamente gays nombrados por Obama. El semanario LA Weekly publicó un reportaje sobre la extraordinaria capacidad financiera de Gifford que se titulaba “La mina de oro de Obama”. En una mediática entrevista explicaba por qué se sintió atraído por los principios políticos de los demócratas: “Ser gay te hace intrínsecamente político. Te hace comprender qué está bien y qué está mal y necesitas hacer algo al respecto”. Biden, reconociendo el valor que Gifford podría traer a su propia campaña, anunció recientemente que había contratado a Gifford como su subdirector de campaña en lo referente a la política económica.

El historiador hollywoodiense Steven Ross refleja las ideas de Gifford sobre la política del partido demócrata en su libro Hollywood Left and Right, How Movie Stars Shaped American Politics, señalando que las exigencias emocionales de la actuación suelen conducir hacia orientaciones políticas más progresistas: “La abrumadora tendencia liberal de los actores se podría comprender como consecuencia de las exigencias profesionales. Interpretar a tantos personajes, algunos con los que no tienen por qué sentir algún aprecio, desarrolla un sentido de empatía y habilidad para entender al otro y las problemáticas que se encuentran fuera de su experiencia personal”.

Pekín da pasos para apropiarse del mercado cinematográfico estadounidense y busca entrar en el mayor mercado mundial […] Pekín ha estado sirviéndose de la insaciable necesidad de inversión y de la excesiva ambición de Hollywood«

Aunque esta “mayor capacidad de empatía” podría explicar la orientación liberal de las estrellas de cine que apoyan las políticas liberales, algunas de las mayores donaciones de Biden provienen de los altos directivos de la industria –directores y productores– no de los actores. Para los magnates de Hollywood, la decisión de apoyar a Biden y no al presidente Trump es, principalmente, una cuestión económica. Los altos directivos saben que la elección de Biden es positiva para la industria cinematográfica porque ya había mostrado su disposición a apoyar su expansión por el mercado chino. En 2012, Biden llevó a cabo una serie de negociaciones con Xi Jinping, el entonces vicepresidente de China, para aumentar la cuota de China en el mercado cinematográfico. Una de las condiciones de la expansión hacia el mercado chino era la disposición a acomodarse a las peticiones del Partido Comunista chino para mostrar así una imagen favorable de China. Y está claro que Biden –y los altos ejecutivos de los estudios– está más que dispuesto a ofrecerle el tipo de propaganda que el Partido Comunista chino ha solicitado.

Aunque puede resultar un tanto hiperbólico el sugerir que el acuerdo de Biden para con Hollywood proporcione propaganda al Partido Comunista, no somos los primeros en hacer esta observación. En un artículo en 2019 para The Atlantic, la profesora Matha Bayles, del Boston College, escribía: “Pekín da pasos para apropiarse del mercado cinematográfico estadounidense y busca entrar en el mayor mercado mundial […] Pekín ha estado sirviéndose de la insaciable necesidad de inversión y de la excesiva ambición de Hollywood por alcanzar a ese potencial mercado de 1.400 millones de personas para atraerla a la órbita china”. Reconociendo el gran poder cultural y geopolítico del cine mucho mejor que la industria cinematógrafica estadounidense, el actual presidente de China, Xi Jinping, ha decretado que toda película estrenada en China debe ser aprobada no solo por el Departamento Central de Propaganda, sino también por el Ministerio Nacional de Seguridad, la Comisión Estatal de Asuntos Étnicos, el Ministerio de Seguridad Pública, la Oficina Estatal de Asuntos Religiosos, el Ministerio de Educación, el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Asuntos Exteriores y muchos otros organismos burocráticos.

La principal meta de China es expandir su influencia cultural en el mundo. China comprende mejor que la mayoría de estadounidenses que “la política es consecuencia de la cultura”

Debido a lo lucrativo de este mercado, pocos se han quejado de la creciente y estricta censura de China. Biden lo sabe. Y, aunque Hollywood durante los últimos cien años ha tenido que mediar con la censura en varios países, la mayoría de mercados para las películas de Hollywood están en países democráticos con reglas razonables y clasificaciones claras. No obstante, escribe Bayles, “China ha roto este modelo […] China ha engañado a Hollywood sometiéndola al aparato censor de un estado cuyos estándares son tan turbios e impredecibles como claros y fundamentados son los de la mayoría de países democráticos”.

Mientras que Hollywood ha decidido centrarse en el lucrativo mercado financiero del país comunista, China considera el beneficio económico algo secundario. La principal meta de China es expandir su influencia cultural en el mundo. China comprende mejor que la mayoría de estadounidenses que “la política es consecuencia de la cultura”. Por ello, China busca servirse de los experimentados cineastas estadounidenses para obtener una propaganda para su pueblo. Tal y como señala Bayles, el tipo de propaganda que China quiere “no son pandas adorables y ancianos de largas barbas blancas sentados bajo cerezos en flor. Me refiero a películas de acción sangrientas y muy violentas en las que algún heroico soldado chino patea el culo de sus enemigos, incluyendo a los cobardes y decadentes estadounidenses, en lugares exóticos que, evidentemente, necesitan el pensamiento de Xi Jinping”.

Bayles señala la película china Wolf Warrior 2 como un ejemplo perfecto de la propaganda comunista: “Es un sinfín de batallas armadas, grandes explosiones, combates cuerpo a cuerpo y una espectacular persecución a bordo de tanques que deja claro un mensaje: China trae seguridad, prosperidad y atención médica moderna para África, mientras que Estados Unidos trae únicamente miseria. La película rompió todos los récords en China y aún hoy, con 5.600 millones de dólares de recaudación, es la película más taquillera de la historia”. La acción de la película fue coreografiada por el actor, doble y director Sam Hargrave, coordinador de efectos especiales de varias películas del universo cinematográfico de Marvel.

Los comunistas comenzaron a censurar las imágenes de Winnie the Pooh de las redes sociales porque se había convertido en un símbolo de resistencia en China… Los bloggeros habían encontrado similitudes entre el rechoncho osito y Xi Jinping

A pesar de lo lucrativo de este mercado, China exige, con la aprobación de Biden, que todas y cada una de las películas que se exhiban en su territorio proyecten una imagen de China como una sociedad estable, de gente feliz y triunfadora. Las películas estadounidenses están obligadas a presentar una imagen de China como una sociedad sin disidencia ni inconformistas. Por ejemplo, la película Top Gun: Maverick –una secuela cofinanciada por el estudio chino Tencent– omitió las banderas taiwanesa y japonesa de la chaqueta de Tom Cruise.

A veces, las exigencias del Partido Comunista pueden resultar caprichosas y sin ninguna relación con algún propósito propagandístico. Por ejemplo, la revista Hollywood Reporter anunció que la película de Disney Christopher Robin no se lanzaría en China porque el país no permitía las imágenes de Winnie the Pooh en su territorio. Los comunistas comenzaron a censurar las imágenes de Winnie the Pooh de las redes sociales porque se había convertido en un símbolo de resistencia en China… Los bloggeros habían encontrado similitudes entre el rechoncho osito y Xi Jinping”.

Más allá de Quentin Tarantino, que denegó su permiso para que los funcionarios del Partido Comunista censuraran su película Érase una vez en Hollywood, pocos productores y directores de Hollywood están dispuestos a dejar pasar la potencial taquilla

La nueva versión de 2012 de la clásica película bélica Amanecer Rojo, presentaba, al principio, a China como el malvado antagonista. Y la mayor parte del rodaje estaba ya concluida cuando los ejecutivos estadounidenses decidieron que el mercado chino era demasiado importante. La película presentaba a la totalidad del país como villanos. En su lugar, “todas las banderas de China fueron cambiadas de forma digital por banderas norcoreanas, y así la película se convirtió en la historia de una invasión de un país que no tiene ningún impacto en las taquillas occidentales”. Más tarde, ese mismo año, la nueva versión de Desafío Total, cambió el nombre a las dos grandes comunidades de ese futuro distópico, pues estaban conectadas por un enorme ascensor denominado originalmente como “caída China”. Los directivos del estudio cambiaron los nombres puesto que estaban al tanto de que China no admitiría ser definida como “la Otra” del futuro, del mismo modo que la idea de una “caída China” no sería tampoco bien recibida en su mercado. Del mismo modo, la película Looper se centra en la belleza de Shanghái –una ciudad que se nos presenta como una limpia y luminosa metrópolis que prevalece, en contraste directo con la distópica Kansas City, donde tienen lugar los principales hechos de la película.

La nueva versión de Kárate Kid, de 2010, encuadra toda la acción en China –aunque el kárate no está en modo alguno relacionado con China– y se introdujo en el mercado chino bajo el nombre de Kung Fu Dream. La censura china cortó de la película de James Bond Skyfall todas las escenas en las que derrotaba a hombres de origen chino. Se eliminó una escena en la que Bond asesinaba a un guardia de seguridad chino en Shanghái, así como también las referencias a la prostitución en Macao. Se cambiaron los subtítulos para ocultar las referencias a la tortura que llevan a cabo las fuerzas de seguridad chinas. Escenas similares se omitieron en Casino Royale y Quantum of Solace. No se permiten referencias a la homosexualidad en ninguna película estadounidense que pretenda proyectarse ante la audiencia china. Más allá de Quentin Tarantino, que denegó su permiso para que los funcionarios del Partido Comunista censuraran su película Érase una vez en Hollywood, pocos productores y directores de Hollywood están dispuestos a dejar pasar la potencial taquilla que se perdería en el caso de omitir el lucrativo mercado chino.

Aunque, ciertamente, no se puede culpar a Biden de la censura de China, el incentivo económico para ayudar a Hollywood a expandir su mercado cinematográfico en el lucrativo mercado chino también ha supuesto una mayor capacidad de Pekín para difundir su propaganda, que dibuja a Estados Unidos como una potencia en declive frente al paraíso popular. La presidencia de Biden seguramente sería la continuidad de esta aquiescencia frente a las demandas chinas de que las películas se adapten a los criterios ideológicos del Partido Comunista. Los líderes comunistas chinos saben –como la mayoría de conservadores– que “la política es consecuencia de la cultura”. Biden ha sido cómplice de ayudar al Partido Comunista chino a definir la cultura según los valores y creencias comunistas. Es probable que esta influencia en nuestros medios continúe expandiéndose en nuestro propio país si Biden es elegido presidente.

Publicado por Anna Hendershott en Crisis Magazine.

Traducido por Verbum Caro para La Gaceta de la Iberosfera.

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