El Show de Biden

LOS TRIBUNALES YA HAN EMPEZADO A ACTUAR

Todo esto es bastante embarazoso. Que estados con menos habitantes que Zaragoza se tomen cinco días para contar los votos de unas presidenciales no da exactamente la idea de primer país del Mundo Libre, como tampoco unos mecanismos de votación que avergonzarían a Sudán del Sur. Pero cualquier sentido del ridículo es insignificante comparado con el que están haciendo los medios y la propia campaña de Biden-Harris, que han creado la ‘presidencia virtual’.

Todo eso está muy bien, todo es muy divertido y seguro que Biden, en los momentos de lucidez, se lo está pasando en grande. Pero el Show de Truman tiene que terminar algún día, y me da que el final va a ser brusco y tan desagradable como un despertar con resaca.

El recuento sigue, para empezar. Para seguir, los tribunales ya han empezado a actuar, y el equipo jurídico de Trump tiene 240 páginas de declaraciones juradas que prueban el fraude electoral masivo, en el que se han empleado todos los trucos del libro y algunos más.

Ya sé, ya sé: es una conspiranoia nuestra, Trump tiene mal perder y no hay fraude que valga. Ya os he leído, y no os he creído. No es que no crea que sea cierto lo que decís; es que ni siquiera creo que lo creáis. De una gente capaz de pactar con Pfizer para que no anuncie la aparición de la vacuna contra el Covid hasta después de las elecciones, para que se asociase a Biden, se puede esperar cualquier cosa.

Trump puede, naturalmente, perder a pesar de todo. Quizá ni con la corrección aplicada a los votos después de descartar los descaradamente falsos alcance la cantidad necesaria de compromisarios. Como posible, es posible. Pero también tiene no una, sino varias maneras de ganar.

En Estados Unidos todas las autoridades públicas, desde el jefe de Correos de Bedford Falls hasta el presidente, tienen que jurar la Constitución. Y la Constitución permite una vía por la que Trump podría llevarse el gato al agua sin tener que demostrar el fraude ante un tribunal o esperar a que los votos se den la vuelta en los estados que faltan por completar el recuento. Le bastaría con convencer a los congresistas republicanos de las legislaturas de los estados en liza de que ha habido fraude y que no certifiquen la elección.

¿Qué pasaría entonces? Pues que llegaría la fecha límite, el 14 de diciembre, y Tío Joe no tendría sus 270 votos necesarios para ser investido presidente. Tampoco lo sería Trump, claro. La palabra la tendría la Cámara de Representantes, que organizaría una elección de contingencia en una votación por delegación con un voto por estado.

En la Cámara, recién elegida, el Partido Republicano tiene 26 escaños; los demócratas, 20, y hay tres que todavía se pueden decantar hacia un lado u otro. ¿Qué tal?

Esto podrá gustar más o menos, pero es el mundo real. La pantomima de Joe Presidente Electo por la Gracia de Reuters puede mantenerse unos días, pero a la postre uno no llega tranquilamente a la Casa Blanca porque lo ha decidido la prensa. Las cosas no van así, exactamente.

Mi lado sádico acaricia una salida de ese tipo, que es la que más podría enfurecer al público ‘woke’ que ya aplaude con las orejas. Es como ver perder al **** (aquí, el equipo que más odie) después de que haya metido un gol en el último minuto anulado por el VAR.

La situación ha dividido a los líderes mundiales, la mayoría de los cuales se ha apresurado a felicitar a Biden, muchos de ellos con unas muestras de alivio que Don no va a olvidar fácilmente. El caso más divertido quizá haya sido el del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, a quien Trump ha ayudado extraordinariamente y ahora ha dejado de seguir en Twitter después de que felicitara calurosamente al demócrata. Sad!

Pero sería un error suponer que son los aliados de Trump quienes se abstienen de felicitar a Biden. Fíjense en el caso, importantísimo, de Xi Jinping. Tiene más motivos que nadie para estar como unas castañuelas con Biden, no solo porque Trump les ha puesto las peras al cuarto en su mandato sino también porque el vástago del electo les ha debido proporcionar horas y horas de cine porno con el que negociar, llegado el caso. Pero el chino es heredero de una cultura política comunista, donde el primero que deja de aplaudir paga prenda. De eso los chinos saben un rato, y si él espera es porque esperar es lo más prudente.

Mientras, la izquierda hace listas negras. Alexandria Ocasio-Cortes, la podemita americana, y muchos otros ideólogos del Partido Demócrata, alecciona para que nadie olvide los nombres de todos los que hayan jaleado a Trump con su opinión o su apoyo. Quieren, estos amantes de la unidad y la reconciliación, que los trumpistas vean destruidas sus posibilidades de empleo y su vida social, al menos para ir abriendo boca.

Y hablando del Show de Truman, algunos compasivos republicanos han sugerido la conveniencia de recrear una réplica de la Casa Blanca en la que pueda vivir lo que le queda de vida Joe Biden, haciéndole creer que es presidente, para que muera feliz.

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