Entre la misteriosa muerte del agente Sicknick y el despido de Gina Carano: los tics totalitarios de EEUU

EN MEDIO DEL JUICIO POLÍTICO A TRUMP
Policías durante el 'asalto' al Capitolio. Policías durante el 'asalto' al Capitolio. Reuters

Recuérdenme, por favor, ¿quién ganó al final la Guerra Fría? Sí, sí, me acuerdo vagamente de un muro en Berlín que la gente corriente echaba abajo con picas y martillos, de una URSS implosionando a velocidad de crucero hasta reducirse a una Federación Rusa llena de gánsteres y empresas, un país tras otro del Pacto de Varsovia uniéndose a Occidente en revueltas exitosas que se sucedían con una rapidez vertiginosa, y la sensación generalizada de que el Mundo Libre había vencido sin liarse a tiros y el comunismo había quedado consignado al basurero de la historia.

La ilusión no duró mucho. Los tics totalitarios y estatistas del otro lado del Muro gozan de excelente salud, y han dado un paso de gigante en el país vencedor, Estados Unidos, solo que en su labor de policía del pensamiento cuenta con la inestimable ayuda de los grandes del sector privado, un giro de guion verdaderamente inesperado.

Disney, por ejemplo. La actriz Gina Carano ha sido despedida de ‘The Mandalorian’ y no regresará a la galaxia de Star Wars tras establecer en redes sociales la analogía entre ser trumpista en la América de Biden con ser judío en el Tercer Reich. “Gina Carano ha dejado de estar empleada por Lucasfilm y no hay planes de que lo esté en el futuro”, ha dicho un portavoz de la empresa en un comunicado. “Sus publicaciones en las redes sociales denigrando a las personas por su identidad cultural y religiosa son aborrecibles e inaceptables”. Lucasfilm es propiedad de Disney.

¿Disculpe? A ver, a ver, vamos despacio. ¿Están diciendo de verdad que el ‘argumentum ad Hitlerum’ es ahora tabú, haram, “aborrecible e inaceptable”? ¿Soy yo el único que recuerda las alegres identificaciones de Trump con Hitler, Bush con Hitler, Sadam Husein, Milosevic, Ahmadineyad con Hitler? ¡Por Dios bendito, si hasta a Romney le tocó ser Hitler una temporada, que ya hace falta imaginación! La analogía es absurdamente hiperbólica, pero omnipresente. Uno no puede ojear más de unos minutos los mensajes en redes sociales sin leer algún mensaje recurriendo a la Alemania de los Años Treinta, que se diría que el mundo antes de esa época y fuera de ese área fuera una zona de brumas impenetrables. Hasta se ha codificado el fenómeno en la Ley de Godwin: A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno.

Si acaso, la reacción de la empresa -y la seguridad que todos tenemos de que Carano no volverá a encontrar trabajo en Hollywood- demuestra que la actriz no iba en absoluto descaminada. Comparo la situación de los trumpistas con los judíos bajo la Alemania nazi, me despiden inmediatamente. Quod erat demonstrandum.

Ahora mismo el que fuera presidente está sometido a un juicio para cesarlo, a pesar de que ya no se le puede cesar, por una revuelta de presuntos trumpistas que asaltaron el Capitolio -peor guardado que una obra- en una patochada evidente, a pesar de que grabó un mensaje grabado en vídeo condenando el incidente y llamando al fin de toda violencia inmediatamente después.

Es perfectamente absurdo, y apesta a purga aún incruenta. La justificación para hacer creer que Trump ‘incitó’ a sus partidarios es que cuando los convocó en marcha pacífica empleó el verbo “luchar”. Bastan escasos minutos para encontrar la misma palabra en declaraciones de todos los políticos que en el mundo han sido, empezando por el propio Joe Biden.

Pero hubo muertos, cinco. Con muertos, todo gana enorme gravedad, salvo que se trate de algaradas de Black Lives Matter. Pero, ¿quiénes son esos muertos y cómo murieron?

Veamos. De los cinco muertos, cuatro fueron manifestantes de la marcha. Dos de ellos murieron de sendos infartos, una parece haber muerto aplastada por la turba y a una cuarta, Ashli Babbitt, todos pudimos ver en vídeo cómo le disparó a quemarropa un policía cuando intentaba entrar en un edificio del Capitolio, desarmada.

Queda un quinto, el único supuestamente asesinado por la turba trumpista: el oficial de policía Brian Sicknick. Según ha repetido la mayor parte de los grandes medios norteamericanos, desde el New York Times o la CNN, Sicknick murió a consecuencia de los golpes que recibió en el cráneo por un trumpista que esgrimía un extintor, extraña herramienta en un “asalto armado”, como lo han calificado en el Senado.

Pero, ¿es así? El asunto es importante, porque sin esta víctima ni siquiera hay caso, no de esta gravedad, al menos. Por lo que hemos visto, la policía dejó pasar a los manifestantes, que entrar siguiendo la línea señalada para las visitas, con algunos actos de deplorable gamberrismo y muchas payasadas para Instagram.

Y la atroz muerte de Sicknick. Pero, ¿es cierta la versión o, como empieza a ser costumbre, una invención de abajo a arriba? Inmediatamente, todas las grandes cabeceras y cadenas dieron la noticia de que el oficial había muerto asesinado a manos de los trumpistas. Sin condicionales, sin “presuntamente”, sin citar fuentes: sencillamente, era así. E incluso se explayaban con algún macabro detalle del ataque.

Solo que no. Fuentes oficiales comunicaron a CNN que no había señales de golpes con un extintor, ni sangre derramada ni contusiones en el cadáver de Sicknick. Más: según cuenta Tucker Carlson en su programa en la Fox, horas después del asalto al Capitolio Sicknick comunicó por SMS con su hermano Ken para tranquilizarle, diciéndole que se encontraba bien.

Y la tarde del día siguiente, la familia de Sicknick recibe una llamada telefónica en la que le comunican que el oficial ha muerto. No les llaman del hospital, ni de la policía, ni de sede oficial alguna. Les llaman periodistas.

Solo que eso también era mentira, Sicknick seguía vivo, como les confirmaron desde la policía. Fue al llegar al hospital cuando les notificaron que el agente acababa de morir. Pero también les comunicaron oficialmente que Sicknick había vuelto a su puesto a la central con absoluta normalidad.

No sé, se está presentando el patético asalto al Capitolio como un segundo Pearl Harbor, están juzgando al expresidente de Estados Unidos. ¿No debería haber una autopsia, un informe completo, presentación de testigos?

Deja una respuesta