'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Argentina, bajo el mando del Foro de Sao Paulo

Geopolítica kirchnerista: siempre del lado de los villanos

Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidente de Argetina, y a su derecha, el presidente, Alberto Fernández (Juan Mabromata/Pool via REUTERS)

En una escueta reunión protocolar de menos de una hora, funcionarios de la diplomacia de Argentina e Israel intercambiaron un tenso diálogo. Las relaciones no habían estado tan ríspidas desde que otro gobierno kirchnerista, el que presidía Cristina, firmara el Pacto con Irán, un pacto entregador y vil que devino en denuncias, juicios, pujas dentro del poder judicial y muerte. El conflicto diplomático con Israel se enmarca en una serie de desaguisados que no tienen explicación política, comercial o económica. Es un eslabón más en la cadena de inoperancia, improvisación y matonismo que caracteriza la curiosa forma del kirchnerismo de insertarse en el mundo.

Para que se entienda el nivel del funcionariado de la Cancilleria argentina, es importante destacar el analisis que, del conflicto entre el Estado de Israel y el terrorismo de Hamas, hizo su auroridad maxima, el canciller Felipe Solá que dijo en plena gira por Europa: “Gaza se parece a La Matanza (una zona muy carenciada de la provincia de Buenos Aires, bastión politico de Cristina Kirchner), y los judíos son más inteligentes que los palestinos. Por eso nosotros creemos que los ataques de Israel a Gaza son desproporcionados”, aseguró el canciller en París.

El Gobierno de Alberto Fernández viene desbarrancando seriamente en su política internacional. Lo hace mal con los amigos, como el presidente mexicano AMLO o el Papa Francisco y, claro, peor con los “no muy amigos». Aún resuenan las destempladas palabras que tuvo para con el contemplativo presidente uruguayo Luis Lacalle Pou que en una reunión pública osó pedir una flexibilización en la política arancelaria del Mercosur. Con la delicadeza de un rinoceronte, el presidente argentino respondió a dicha propuesta con una invitación a Uruguay a retirarse del acuerdo en vivo y en directo: “Si Argentina es un lastre, lo más fácil es que abandonen el barco” le prepoteó… sutil. 

Hay una campaña de las autoridades argentinas y de sus medios acólitos por instalar que Brasil está peor epidemiológicamente que Argentina, cosa que no es real

Con el presidente brasileño Jair Bolsonaro las diferencias ideológicas son enormes y hay que recordar que el kirchnerismo se debe en cuerpo y alma al multiprocesado ex presidente Lula da Silva. Al espíritu barrabravista de Fernández no le ayudó que sea Brasil el que se quedara con la Copa América luego de que los organizadores decidieran abandonar Argentina como sede y llevarse el evento a otro país ante la crisis covidica. Pero es que para colmo, además de la rivalidad futbolística, existe una campaña de las autoridades argentinas y de sus medios acólitos por instalar que Brasil está peor epidemiológicamente que Argentina, cosa que no es real: En la última semana Argentina tuvo 4,7 casos cada 1.000 habitantes, mientras que Brasil tuvo 2 casos cada 1.000 habitantes. En Mayo, Brasil registró un promedio semanal de 2,9 contagios cada 1.000 habitantes, debajo del promedio regional, que es de 3,15 cada 1.000 habitantes y muy alejado de Argentina que registra 6,76 casos cada 1.000 habitantes. Las discrepancias del kirchnerismo con su principal socio comercial pasan también por las políticas arancelarias del Mercosur que el proteccionismo argentino no puede permitir.

Hace escasos días y en franca indolencia con el pésimo momento político que atraviesa Colombia se produjo una escalada diplomática entre el gobierno de Iván Duque y el de Alberto Fernández quien condenó la “violencia institucional” de la que acusó al gobierno colombiano. Para el ejecutivo kirchnerista, Duque no debería combatir a los grupos de la narcoizquierda que hace más de un mes asolan a la población y destruyen ciudades. El activista Juan Grabois, principal operador social del Papa y dirigente kirchnerista quiso ingresar a Colombia como “veedor” sin tener los documentos reglamentarios ni credenciales internacionales, arrogándose pertenecer a una misión internacional cuyo objetivo era “denunciar” la “feroz represión del gobierno colombiano”. Al no tener pasaporte en regla fue deportado lo que desencadenó un nuevo contrapunto diplomático.

O bien el canciller ni ha mirado de reojo el mapa de la zona o, sencillamente, Alberto Fernández está formalmente solicitando que se divida el territorio israelí

La última de las barbaridades diplomáticas del Gobierno argentino ha sido votar junto a las dictaduras de China, Cuba y Venezuela, entre otras, a favor de que se investigue a Israel por la presunta comisión de delitos de guerra al defenderse de los 4.300 misiles que durante 10 días la organización terrorista Hamas arrojó a su población civil. Fue una decisión que descolocó a Estados Unidos, la Unión Europea y al Mercosur, a raíz de la cual el embajador argentino, Sergio Urribarri, fue convocado por la Cancillería de Israel. El director general adjunto para América Latina y el Caribe, Modi Ephraim, consideró que Argentina apoyó una “resolución sesgada” que ignoró los ataques de Hamas y añadió que “es inconcebible” tal votación a la luz de los ataques terroristas de Hezbollah y de Irán contra la embajada de Israel y la AMIA.

Sin embargo, la oficina que dirige el canciller argentino Felipe Solá planteó que la “única” solución al conflicto “se logrará con el surgimiento definitivo de un Estado palestino independiente, democrático, viable y territorialmente contiguo”. Con lo de “contiguo” se demuestra que, o bien el canciller desconoce la historia de los conflictos y ni ha mirado de reojo el mapa de la zona o, sencillamente, Alberto Fernández está formalmente solicitando que se divida el territorio israelí. Semejante postura resulta mucho más temible y radicalizada contra el Estado de Israel de lo que jamás haya planteado la propia Cristina Kirchner.

Hace pocas semanas Argentina abandonó el Grupo Lima, cuya misión es lograr la salida de Nicolás Maduro

Alberto Fernández es veloz para condenar a Uruguay, Brasil, Israel o Colombia, sin embargo omite condenar al dictador Nicolás Maduro sistemáticamente. Tanto así que ha declarado que “Poco a poco, el problema de derechos humanos en Venezuela fue desapareciendo”, una afirmación falsa que, además, ofende a miles de familiares de víctimas, con un fallido semántico que haría las delicias de un congreso freudiano intergaláctico. Las declaraciones de Alberto obedecen la estrategia del Grupo de Puebla que busca blanquear al régimen de Nicolás Maduro, estrategia que comparte con José Luis Rodríguez Zapatero, Rafael Correa y Evo Morales de cara a un nuevo proceso de diálogo. Hace pocas semanas Argentina abandonó el Grupo Lima, cuya misión es lograr la salida de Nicolás Maduro y retiró su apoyo a la demanda contra éste ante la Corte Penal Internacional diciendo: “El Gobierno de la República Argentina se retira de dicha remisión como así también de toda presentación realizada en ese marco, incluyendo la Nota OI 48/2019 del 30 de septiembre de 2019 vinculada a un informe elaborado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Argentina”.

El kirchnerismo insiste en la senda de su elección geopolítica, pocas veces explicable desde la lógica. Su faro es puramente ideológico. El Gobierno de Fernández continúa su caída económica sin final, la crisis de la falta de vacunas se agrava minuto a minuto y nuevos escándalos se apelotonan sobre la turbia gestión de la compra. Los funcionarios mienten y las farmacéuticas los desmienten y prácticamente no pasa un día sin que los argentinos se enteren de una nueva fechoría gubernamental cuya única política sanitaria es encerrarlos, en una cuarentena que ya cumplio holgadamente el año. 

En la última semana Alberto cayó 9 puntos en las encuestas que miden el apoyo a su política sanitaria y subió 11 puntos su imagen negativa. Sin éxitos en ningún rubro, tiene lógica que el kirchnerismo radicalice su política internacional abrazando al socialismo cada vez con más fuerzas. Por eso es importante para el Ejecutivo apoyar a toda la izquierda internacional, esto le asegura que, a pesar de tener peor performance y peores indicadores que cualquier otro país no ocurran en Argentina los estallidos que si padecen Chile o Colombia. 

El favor de Alberto Fernández a Maduro puede contribuir a que las investigaciones sobre violaciones de derechos humanos no se produzcan en la Corte Penal Internacional y de este modo Argentina se congracia con el mayor exportador del activismo socialista que amenaza la región al tiempo que se garantiza la estabilidad de “la calle”. Tal vez así se entienda la diplomacia argentina, sólo si se la mira con el prisma del Foro de San Pablo. Una mano lava la otra.

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