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Su editorial exige que los traductores sean activistas negros

Impiden que una escritora blanca traduzca a la poetisa negra Amanda Gorman

La poetisa Amanda Gorman, en la toma de posesión de Joe Biden (Patrick Semansky / CNP / Polaris)

El crimen inexpiable es la «whiteness». La semana pasada, en Holanda, un despido similar. El traductor francés de Dante: «Que un blanco no pueda traducir a un negro es aterrador» 

Imaginemos que a Alessandra Di Maio le hubieran impedido traducir You Must Set Forth at Dawn del Premio Nobel de Literatura Wole Soyinka, para la editorial La Nave di Teseo, o a Norman Gobetti The Water Dancer de Ta-Nehisi Coates para Einaudi y a Valeria Gattei A Bend in the River para Adelphi, de V.S. Naipaul, otro premio Nobel. No hay que imaginar, está ocurriendo. Ya ha ocurrido dos veces en una semana. 

La traductora, Marieke Lucas Rijneveld, se presentaba como una “persona no binaria” y ‘transfriendly’, pero no era negra

Primero a la escritora holandesa Marieke Lucas Rijneveld, Premio Man International Booker 2020 con su novela debut, la ganadora más joven del prestigioso premio al mejor libro traducido al inglés. Pero Rijneveld tiene una “culpa”:  es blanca. Así que tuvo que renunciar a ser traductora de Amanda Gorman, la conocidísima poeta negra que habló en la ceremonia de inauguración de Joe Biden. Rijneveld anunció la inminente traducción de Gorman, antes de hacer mea culpa, mea grandissima culpa: “Estoy consternada por el revuelo causado por mi colaboración con Amanda Gorman y comprendo a la gente que se siente herida por la decisión de la editorial Meulenhoff”. La activista holandesa Janice Deul atacó a la editorial por su elección en el diario Volkskrant: “Una elección incomprensible, en mi opinión y la de muchos otros que han expresado dolor, frustración, rabia y decepción a través de las redes sociales. Nada que decir sobre las cualidades de Rijneveld, pero ¿por qué no elegir a un escritor negro?”.

Pobre Marieke Lucas Rijneveld, se presentaba como una “persona no binaria” y, para ser transfriendly, decidió adoptar el nombre de “Lucas”, su amigo imaginario. El comunicado de prensa de la editorial Meulenhoff, equivalente holandés de la francesa Gallimard, ha sido un concentrado de “inclusión” y “sensibilidad hacia los lectores”. Pero hay un segundo caso. 

A Víctor Obiols también le han prohibido traducir los versos de Gorman al catalán. Obiols, contratado por la editorial Univers, fue destituido por decisión de la Viking Books, la editorial estadounidense que publica las obras de la emergente escritora afroamericana. “Vetado porque, aunque admiran mi currículum, quieren a una traductora que sea activista y preferiblemente negra”, dijo Obiols. “Es una nueva inquisición”. Obiols, traductor de Oscar Wilde y William Shakespeare, ya había terminado el trabajo, que se le pagará y se tirará a la basura. En Francia han sido más rápidos y han encargado la traducción de Gorman a la belga de origen congoleño Marie-Pierra Kakoma. “Si no puedo traducir a una poetisa solo porque es una mujer joven y negra, tampoco puedo traducir a Homero porque no soy griego o a Shakespeare porque no soy inglés o del siglo XVI”, ha dicho Obiols. El escritor René de Ceccatty, traductor de Dante, declara al semanario Point: “La idea de que hay que ser negro para traducir a un negro es aterradora. Lo políticamente correcto que impregna toda la cultura hace que se pierda el norte”. Como si solo un homosexual pudiera traducir a André Gide y Pier Paolo Pasolini. 

“El color de la piel no es un crimen”, nos dijeron después del asesinato de George Floyd. En lo políticamente correcto, que para algunos es solo una invención de los supremacistas blancos, hay un color criminal. Es el color de la Casa Blanca.


Publicado por Giulio Meotti en Il Foglio.

Traducido por Verbum Caro para La Gaceta de la Iberosfera.

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