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Javier Santamarta: ‘La celebración de la Diada está basada en una grandísima fake new’

'España existe o no existe según para qué'
El historiador Javier Santamarta, autor de 'Fake News del Imperio Español' (La Esfera de los Libros)
  • «En Méjico se ha extraído la misma cantidad de oro en la legislatura de López Obrador que lo que se sacó cuando era la Nueva España».
  • «En 1514, Fernando el Católico permite los matrimonios interraciales. Este tipo de matrimonios no se permitieron en Estados Unidos hasta 1967».
  • «España existe o no existe según para qué. Si es para lo malo, España existe. Para hablar de genocidio o de la Inquisición, existe».
  • «Los españoles nos hemos creído que somos lo peor. Si por muchos fuera, pasaríamos el día pidiendo perdón por todo».

Castigat ridendo mores, eso es lo que ha hecho Javier Santamarta con su Fake News del Imperio Español. Y se lo agradezco de forma particular. Leer un libro sabiendo que el autor se ha divertido escribiéndolo, cosa que se me hace imposible imaginar en una empresa tan difícil, es un lujo. Santamarta hace un repaso tan divertido como documentado de la maldita leyenda negra y, de paso, da una mano de bofetadas a propios -que falta nos hace- y extraños cargadas de ironía, ya saben: la sonrisa de la inteligencia. 

España no existe -salvo que haya hecho algo muy feo-, los Reyes Católicos eran fachas, la Inquisición fue española y cañí, en fin, se atreve con todos los topicazos con los que convivimos a diario, los desmonta y, además, se lo pasa bien. Esta recopilación de embustes y patrañas hispanófobas, cuya portada presenta al malvado Duque de Alba a puntito de comerse a unos niños tan ricamente, no deja títere con cabeza, al más puro estilo negrolegendario, claro. Lo encontraran en La Esfera de los libros.

¿Por qué fake news del imperio español?

—Esto de las fake news es un concepto muy moderno que se puede traducir por bulos, embustes o patrañas. No es más que jugar con un término anglosajón de moda para hablar de algo que precisamente los anglosajones han hecho con nuestra historia, que ha sido convertirla toda ella en una gran fake new.

¿Qué ha tenido España de peculiar para que hayan dedicado tanto tiempo y esfuerzo para desprestigiarnos?

—España ha sido el imperio primer global y durante varios siglos el más importante habido en la humanidad. Cuando se produce el descubrimiento de América, se transciende hacia el océano Pacífico y el nombre de España es conocido del uno al otro confín, nos convertimos en el objetivo a batir mediante mentiras, propaganda o lo que fuera.

Al final del libro señala una frase de Karl Marx muy llamativa: “Acaso ningún otro país es tan poco conocido y tan mal juzgado por el resto de Europa como lo es España”.

—Cualquier pensador que se haya acercado a la historia de España se encuentra con una historia compleja -como la historia de cualquier país -, pero la nuestra es muy particular porque influye de una manera determinante en otros países y en el desarrollo propio de la historia de la humanidad. Sin embargo, lo que ha quedado es esa parte final de decadencia en la que los enemigos han logrado vencer en eso que llaman ahora los cursis el relato. Ahí hemos perdido por goleada. España ya había dejado de ser imperio y estábamos con ese noventayochismo que se pregunta qué es España, hacia dónde va, y Marx se da cuenta de que se ha tratado a España como si hubiera sido siempre una potencia menor, no ya en ese momento, sino a lo largo de la historia.

Entre la crisis del 98, caracterizada por un profundo pesimismo, y la crisis actual de identidad que padecemos como nación, ¿qué diferencias hay?

—Es posible que todavía nos encontremos en un proceso noventayochista. El siglo XX comienza con lo que yo llamo la cuarta guerra carlista -nuestra guerra civil- que deriva del fin de unas guerras más coloniales como fueron las africanas. España pasa por un proceso autocrático como es el franquista y con la transición, cuando parecía que ya íbamos derivando hacia la España moderna, hemos tenido un caballo de troya que han sido los nacionalismos periféricos a los que, en un principio, se pensaba contentar con un sistema llamado de las autonomías.

Con un resultado manifiestamente mejorable…

—Pues sí, ya se ha visto que este sistema administrativo se ha convertido en un problema de índole conceptual para la propia definición de España, con una posmoizquierda que no ha querido convertirse en nacional y una derecha que ha estado durante mucho tiempo con muchos complejos acerca de su propia historia.

¿España es tan peculiar como para que existan hispanistas? No conozco britanólogos, ni francesistas…

—Sí, es peculiar. Además, que existan hispanistas ha tenido un aspecto negativo. Algunos nos miran como algo ya viejo o caduco, de una manera incluso algo paternalista. La mayoría de los hispanistas son británicos, pero es que la historia de Inglaterra es imposible sin España. España ha sido el gran rival para Inglaterra. Inglaterra se miraba en España. Por ejemplo, hasta que no consiguen el asalto a la Habana en el que rapiñan todos los mapas que había, no pueden empezar a navegar realmente, sobre todo por el Pacífico renominando lugares ya explorados por los españoles. Esa especie de amor odio se refleja en que el estudio de los historiadores ingleses de su propia historia ha acabado derivando en muchos casos en el estudio de España.

Si Inglaterra ha sido el principal rival de España, ¿quién ha sido nuestro gran enemigo?

—Yo creo que el gran enemigo de España siempre ha sido Francia. Francia nunca ha sido aliado, sino enemigo a batir. Nunca nos ha apoyado, ni siquiera en la época de la transición nos ayudó en un asunto tan grave como el terrorismo. Siempre nos ha mirado por encima del hombro, con expresiones como que “África comienza en los Pirineos”. 

¿Por qué los españoles somos tan duros con nosotros mismos como nación?

—En España hablamos de nuestra historia desde un punto de vista presentista. Es decir, juzgamos la historia con la mentalidad actual. Eso sí, cuando interesa. Hablamos mucho de lo malo desde esa perspectiva errónea, pero no tenemos en cuenta por ejemplo las Leyes de Burgos o la Escuela de Salamanca. Ese tipo de cosas no entran dentro del relato que tanto gusta y que tiene una idea de España de país malo, malísimo de la muerte. 

De los propagadores de la Leyenda Negra los más famosos son Bartolomé de las Casas y Guillermo de Orange, pero dedica un capítulo a los haters del imperio español, que han sido muchísimos.

—Los ingleses de la época isabelina fueron grandes haters, lógicamente porque estaban en guerra contra España; Voltaire, Diderot, Arnauld, Richelieu, Dumas y la propia Ilustración de la época de la Enciclopedia despreció a España para que se nos viera como un país al que no había que considerar. Las primeras ediciones de la Enciclopedia, en lo referente a España, eran demenciales. Eso impidió que se conociera el brillante siglo XVIII español en el que tuvo un especial protagonismo la Marina ilustrada. Una Marina que recorrió desde Alaska hasta Nueva Zelanda; con expediciones científicas de primer orden incluso ya terminando el siglo XVIII, como la expedición Malaspina-Bustamante o la expedición filantrópica contra la viruela de Balmis. ¿Era posible que fuera tan decadente un país que hacía ese tipo de cosas? 

Lo triste es que, aunque la leyenda negra se crea fuera de España, los principales consumidores de la leyenda negra seamos los propios españoles.

—Sí, porque al final ha habido algo de síndrome de persona maltratada. Nos hemos creído que somos lo peor. Si por muchos fuera, pasaríamos el día pidiendo perdón por todo. Ha habido imperios, como el holandés o el británico, que llegaban a las costas para establecer factorías y comerciar sin más. El imperio español se desarrolló de manera completamente diferente.

Sin embargo, sólo se habla del expolio español en América.

—Es cierto, se habla del saqueo de oro y plata, cuando sólo en los últimos años Perú ha sacado la misma cantidad que la plata de Potosí; en México se ha extraído la misma cantidad de oro en la legislatura de López Obrador que lo que se sacó cuando era la Nueva España. Se habla mucho del saqueo español y no se habla de las veintitrés universidades que llegó a haber en Hispanoamérica, por ejemplo.

Hablando de América, por negarnos nos han negado incluso el descubrimiento. El periodista Manuel Ansa de Vázquez escribió: “Colón, obviamente, no descubrió América”. ¿Tan obvio era y no lo hemos sabido hasta ahora?

—Está claro que por allí antes pasaron los vikingos, es muy posible que llegaran los fenicios, posiblemente también algunos pescadores vascos, hasta romanos a lo mejor, la cuestión es que ninguno lo dio a descubrir. El descubrimiento se produce cuando se dice al mismo tiempo “eh, aquí hay algo y lo cuentas”. Los españoles fueron los que dieron a conocer al mundo el nuevo continente.

Antes ha comentado de la existencia de universidades y de la sociedad que se empieza a construir en el nuevo continente, ¿qué estatus jurídico tuvieron los indígenas?

—Los indígenas de las tierras conquistadas tuvieron el estatus de súbditos de la Corona Española. De hecho, cuando Colón trae a España indígenas para venderlos como esclavos, la Reina Isabel se lo prohíbe terminantemente. Su testamento es muy claro en lo que se refiere al trato que debía darse a los indígenas. Hubo desmanes, por supuesto, pero siempre se procuraron atajar y que los culpables rindieran cuentas. 

En estos tiempos en los que se habla tanto de racismo, algo que se desconoce por completo es el tema de los matrimonios interraciales en Hispanoamérica. 

—En 1514, Fernando el Católico permite los matrimonios interraciales. Esto era algo inimaginable en esa época. Tengamos en cuenta que este tipo de matrimonios no se han permitido en Estados Unidos hasta 1967, por ejemplo. Algunos han dicho que era porque no había mujeres blancas, pero fueron muchas las mujeres que viajaron allí y tenían el derecho de casarse también con indígenas. El mestizaje fue una realidad, el Duque de Ahumada era descendiente directo de Montezuma. En la época de Felipe II hubo un catedrático de la Universidad de Granada que era negro, Juan Latino. El español no ha sido racista por mucho que ahora nos quieran convencer de ello.

La leyenda negra se ha cebado con Isabel la Católica. ¿Es injusto?

—A la Reina Católica le han hecho responsable como inspiradora intelectual hasta del holocausto nazi por la expulsión de los judíos de España en 1492. Se ignora que los judíos habían sido expulsados de otros países europeos anteriormente. Sin embargo, Hitler hablaba de Isabel la Católica como “la gran ramera”. Es incomprensible este tema. 

Se le ha llamado incluso sucia y resulta que la que dijo lo de no cambiarse la camisa no fue ella.

—Es cierto, fue su tataranieta, Isabel Clara Eugenia, con relación a la toma de Ostende, la que dijo la famosa frase de que no se cambiaría la camisa hasta que su conquista. Que era una manera de decir, esto cae tan rápido como me cambio de camisa. Esa fake new de la mala higiene española ha sido muy extendida.

Me estoy dando cuenta de que quizá estemos cometiendo un error a lo largo de la entrevista, ¿no es que España no existe?

—España existe o no existe según para qué. Si es para lo malo, España existe. Para hablar de genocidio o de la Inquisición, existe. Para todo lo demás, España existe desde antes de ayer; unos hablan de 1812 y hasta de 1978, lo cual es absurdo. Lo que está claro es que como estado moderno no existía hace 500 años, pero eso es otra cosa. 

Pero tampoco lo eran hace quinientos años ni Francia ni Inglaterra ni Alemania…

—Claro, pero el concepto de España es superior al de Castilla o al de Aragón y eso no ocurre con Inglaterra ni con Francia ni con otros países. 

Resulta muy triste que se conozca a España como el país de la Inquisición. En el capítulo que dedica a este tema lo llama irónicamente “la inquisición española y cañí”, como si fuese una institución exclusivamente española.

—Esto es otro error histórico. La Inquisición nace en Francia contra la herejía cátara, entre otras, se extiende por toda Europa haciendo estragos y entra en España por la Corona de Aragón que tiene más relación con Francia, como es lógico. Es en Cataluña donde aparecen los primeros tribunales, concretamente en Tarragona y en Lérida en 1232. Sin embargo, luego se ha tenido como si fuera castellana.

Parece que se ha sobredimensionado la influencia de la Inquisición en España, en su libro cita una frase de Carmelo Casaño que es bastante descriptiva de lo que cree la mayoría: “…la Inquisición española, abolida en 1835 tras 357 años de ejercicio, a veces, ha influido en el devenir de nuestra historia ya que pervive en el subconsciente colectivo”. 

—Las cifras de ajusticiados en España por la Inquisición son increíblemente menores que en países como Francia, que sólo en la matanza de los hugonotes en una noche murieron casi las mismas personas que en los 357 años de existencia de la Inquisición en España. Llegarían a morir entre 18.000 y 20.000 hugonotes en total. Pasa lo mismo con las brujas. En España, desde 1614 y gracias a fray Alonso de Salazar y Frías, se dejó de perseguir la hechicería, pero luego se hace una película sobre Zugarramurdi y ni se nombra a este dominico.

Precisamente hoy, 11 de septiembre, se celebra la diada, sobre una grandísima fake new que consiste en llamar Guerra de Secesión a la Guerra de Sucesión. ¿Cómo empieza la relación entre Felipe V y Cataluña?

—Cuando Felipe V llega a España tiene que jurar las leyes correspondientes de cada lugar -en el caso de Felipe VI jura la Constitución y, una vez hecho esto, es cuando las Cortes lo proclaman rey, por eso en España no hay coronación-, cosa que hace y viaja a Cataluña en 1702. En Barcelona es recibido con todos los honores habidos y por haber y se produce el juramento mutuo entre el rey y la ciudad. Esto la gente lo desconoce por completo. Felipe V juró las leyes propias de Cataluña -como había hecho en otros lugares de España- y los catalanes le juraron fidelidad y le prestaron homenaje como su rey y señor. 

Se puede decir que la relación entre Cataluña y Felipe V empezó con buen con pie.

—Empezaron tan bien como que el nuevo rey concedió, en ese viaje de 1702, nuevos privilegios a Cataluña.

¿Cómo pudo llegar a torcerse tantísimo el asunto?

—La Guerra de Sucesión entre austracistas y borbónicos tenía unos motivos geopolíticos poderosísimos con la implicación de las potencias extranjeras. Muchos historiadores han considerado este conflicto como la proto guerra mundial. En ella se jugaban intereses económicos muy importantes que hicieron que las lealtades en Cataluña empezaran a cambiar de bando a favor de los austracistas -aun después de haber jurado lealtad a Felipe V- cosa que se produjo también en Castilla y en otros lugares de España. Además, ni siquiera toda Cataluña fue austracista, hubo sitios donde se apoyó a Felipe V, pero lo que está claro es que fue una guerra civil donde se luchaba por el candidato al trono de España, no por la independencia de Cataluña. 

¿El famoso Decreto de Nueva Planta fue un castigo específico para Cataluña?

—Cuando la dinastía borbónica gana la guerra, Felipe V que había visto cómo había sido traicionado impuso sus normas a los vencidos, no sólo en Cataluña sino en todas partes. El Decreto de Nueva Planta para Cataluña llegó después de que se hubieran aplicado los propios en Aragón, Valencia y Mallorca, bastante suavizado. A la larga supuso para Cataluña grandes beneficios económicos, pero eso no nos lo van a contar, claro. 

En definitiva, que cada 11 de septiembre Rafael Casanova se revuelve en su tumba.

—Seguramente. La celebración de la Diada está basada en una grandísima fake new.

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