Joe, el candidato manchú

ANUNCIA QUE NO HARÁ CAMPAÑA

Todos hemos visto decenas de veces la escena en el cine: hacia el final, el chico, con los poderosos malos a punto de salirse con la suya y llevar a cabo sus nefarios planes, logra grabar la escena en la que el genio del mal confiesa o hace que vengan las cámaras en el momento cumbre. Está salvado y todos podemos respirar, porque ese puntal de la democracia y vigía de las libertades que es la prensa expondrá al mundo todo el contubernio y, una vez más, el bien habrá vencido.

La realidad es mucho más prosaica y deprimente. El periodista medio es un empleado que solo quiere llegar a fin de mes y escribe lo que le digan sus jefes, que a su vez responden ante los dueños. Y, no siendo precisamente barato mantener un emporio mediático, los dueños son gente muy rica y muy bien conectada que aspira a seguir siendo muy rica y muy bien conectada.

Así, nuestro reportero de película creería estar soñando si se topara con algo como el disco duro de Hunter Biden en plena campaña electoral. Lo tiene todo, absolutamente, como diseñado efectivamente por un fantasioso guionista de Hollywood: ¿Sexo depravado con menores? ¡Hecho! ¿Drogas? ¡Hecho! ¿Nepotismo, corrupción? Para aburrir. ¿Enriquecimiento por parte de potencias extranjeras abusando del puesto y poniendo en peligro la seguridad del Estado? ¡Todo el del mundo; para toda la familia!

Pero la prensa convencional americana, ya ven, no se altera, como si lloviera, como si no se tratara de convertir en el hombre más poderoso de la tierra a un tipo que China tiene en el bolsillo y que podría ser objeto de obvios chantajes.

El caso lo ha expuesto en un vídeo el hijo del otro, Don Trump Jr. Y así oído todo seguido no podría sonar peor. “La familia Biden es la familia política más corrupta de la historia de América”, empieza. Y desgrana: El Senado de Estados Unidos hizo público recientemente una investigación en profundidad sobre la corrupción de la familia Biden (“de la que quizá no hayan oído hablar porque nuestros medios de comunicación están actuando para taparla”). En esencia, Hunter Biden utilizó el poder político de su padre para vender su país a sus enemigos y enriquecerse a sí mismo y a la familia Biden.

Usó el Air Force Two (el avión oficial a disposición del vicepresidente) para viajar a China con su padre con el objetivo de llevar a cabo “reuniones de negocios” con altos funcionarios del régimen comunista chino. Fundó y dirigió una sociedad de inversión que recaudó del gobierno chino 1.500 millones de dólares a través del Banco de China. Se asoció con ciudadanos chinos que pagaron millones a los Biden a cambio de darles acceso a empresas tecnológicas americanas que trabajan para el Departamento de Defensa. En 2014, Joe Biden, entonces vicepresidente de Obama, se hizo cargo de la política americana con respecto a Ucrania.

Justo entonces, Hunter fue contratado para entrar en el Consejo de Administración de una gasística ucraniana con un sueldo mensual de 83.000 dólares que estaba siendo investigada por corrupción por un fiscal de aquel país. Joe Biden amenazó con retirarle la ayuda económica a Ucrania si las autoridades del país no cesaban “en un plazo de seis días” al fiscal, cosa que logró. En un discurso grabado en el Consejo de Relaciones Externas, de hecho, se ufanó de cómo logró que echaran al fiscal gracias a una descarada extorsión con el dinero del contribuyente. Hasta Rusia está en el ajo, sí, esa Rusia de la que supuestamente Trump sería el candidato de paja. En 2014, Hunter Biden recibió una transferencia bancaria de 3,5 millones de dólares de Elena Baturina, esposa del ex alcalde de Moscú y hombre del círculo íntimo de Putin.

Hunter ha pagado por los servicios de mujeres rusas y de otros países de Europa del Este directamente implicadas en negocios de prostitución y tráfico de personas.

Pero Hunter no es el único de la familia que ha explotado el apellido. James, hermano de Joe, lanzó en 2014 una empresa sanitaria, Americore, que posteriormente fue intervenida por el FBI después de que James transfiriera de forma fraudulenta más de medio millón de dólares de la empresa a su cuenta bancaria personal. James también se unió al consejo de la consultora Hillstone International para ganar un contrato de construcción de cien mil viviendas en el Irak ocupado, aunque su conocimiento de construcción era el mismo que el de ruso de su sobrino Hunter.

Por unas cosas u otras, esta numerosa familia de clase obrera ha acabado siendo asquerosamente rica. La fortuna personal del matrimonio de Joe y Jill Biden se calcula en 9 millones de dólares.

En suma, lo terrible de todo esto no es que Joe sea simplemente un corrupto, ni que su hijo sea, además, un drogadicto degenerado. Lo verdaderamente alarmante es que sus negocios le ponen en una situación que condicionaría su política exterior como presidente de Estados Unidos.

Mientras, Joe multiplica sus frases incomprensibles y sus graciosos malentendidos, como cuando recientemente declaró que los demócratas han construido la más extensa e inclusiva red de fraude electoral de los Estados Unidos.

Por si acaso, hoy, a ocho días del momento en que podría convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos, ha anunciado que no hará campaña, aunque tampoco es que haya hecho mucha hasta ahora.

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