Kamala Harris, la reina del capitalismo clientelista

La candidata a vicepresidente de Biden y su sueño de vivir a lo grande

Durante el debate de los candidatos a la vicepresidencia entre la senadora Kamala Harris y el vicepresidente Michael Pence, la primera afirmó que era la única en la carrera que había “demandado a los grandes bancos”. Esto es totalmente falso.

De hecho, como fiscal general de California, Kamala Harris dejó que los grandes bancos hicieran lo que quisieran mientras sacaban miles de millones de sus accionistas en dinero de extorsión. Ni uno solo de los ejecutivos de los grandes bancos fue procesado durante la administración Obama. Harris es el típico ejemplo de político progresista moderno, que utiliza las leyes y las amenazas de ejecución para acumular un fondo de reserva político.

La oficina del fiscal general de California “consiguió juntar un informe sólido” contra OneWest Bank, escribe Francesca Mari en The New York Review of Books (“The Housing Vultures”), “en el que detallaba una mala praxis generalizada que incluía antedatar falsos documentos, realizar procedimientos de ejecución hipotecaria sin autoridad legal y violar las prácticas de notificación de ejecución hipotecaria”. Sin embargo, observa Aaron Glantz en su nuevo libro Homewreckers, que Harris no hizo nada contra OneWest Bank, dirigido en esa época por el Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

Como dice el proverbio, “AG” [Attorney General, fiscal general del Estado] significa aspiring governor [aspirante a gobernador]; o, en este caso, a senadora. En la práctica, los políticos estadounidenses están en general más interesados en ayudarse a sí mismos que a los votantes o consumidores. Harris fue elegida fiscal general de California en noviembre de 2010, cuando la administración Obama estaba intentando lidiar con la gran crisis financiera. Era el momento perfecto para ella y para otros demócratas para manejar la preocupación nacional contra los grandes bancos, que estaban siendo rescatados con fondos federales.

En 2012, Harris ya era una estrella en alza de los demócratas y candidata potencial al cargo de gobernadora. Cuando anunció que California recibiría con mucho la mayor aportación del National Mortgage Settlement [Acuerdo Hipotecario Nacional] con una suma de 26 mil millones de dólares, marcó su llegada a la política nacional. Harris controló la distribución de esta suma, sacada de los fondos de pensiones y de inversores que poseen acciones en grandes bancos. Este tesoro oculto permitió que una hija de inmigrantes indios sin habilidades políticas especiales, carisma o dirección ideológica, diera el salto y entrara en la política californiana.

Michael Hiltzik, columnista de la sección de negocios de Los Angeles Times, llamó al acuerdo general “una exhibición de autocomplacencia optimista”, añadiendo: “Creo que el término técnico para todo esto es ‘un gran hurra’”. Pero la hipocresía demostrada por Harris y otros AG estatales durante las negociaciones para el acuerdo fue monumental. Los AG hicieron causa común con las grandes empresas de Wall Street que estaban vendiendo las acciones de los bancos por un precio inferior en los mercados bursátiles públicos antes de que cada titular procaz apareciera en New York Times.

Para que quede claro, Harris y los de su calaña, incluyendo la senadora Elizabeth Warren, estaban gravando a las víctimas del National Mortgage Settlement. Grandes bancos y organizaciones patrocinadas por el gobierno como Fannie Mae y Freddie Mac fueron los títeres de la crisis financiera de 2008. Fueron ellos los que compraron todas las acciones hipotecarias fraudulentas tóxicas en los mercados de préstamo secundario de gente como Countrywide, Washington Mutual, Lehman Brothers y Bear Stearns. En 2004, las empresas patrocinadas por el gobierno [Government-Sponsored Enterprise, GSE sus siglas en inglés] fueron los mayores compradores de los préstamos hipotecarios de alto riesgo del país, seguidos por gente como Citigroup; todos ellos acabaron derrumbándose.

Kamala Harris y el presidente Obama se negaron a procesar a los culpables, pero les gustó utilizar sus poderes legales para cobrar impuestos a los accionistas de los grandes bancos. Los fondos de pensiones de los sindicatos de los funcionarios y el personal docente pagaron la carrera política de Kamala Harris. No hay nada en favor del consumidor, ni siquiera medianamente progresista, en Kamala Harris. Es la chica pinup del Estado capitalista clientelar corporativo y corrupto. Y viene de California, uno de los ambientes más hostiles para los pobres y necesitados de todo el país.

“Al incluir a Harris en el partido, los demócratas ahora tienen que defender ese mismo Golden State [California] que Harris ha representado en Washington durante menos de un trimestre (el mismo tiempo que estuvo en el cargo federal Barack Obama)”, escribe Bill Whalen del Hoover Institution. “Desde el punto de vista de la izquierda, la tierra del sol abundante y los veranos sin fin (esto cuando el gobernador no ordena que se cierren las playas) es la respuesta a lo que aflige a Estados Unidos: el gobierno del partido único que no dude en subir los impuestos o en lanzar grandiosos planes gubernamentales en nombre de la justicia social y racial”.

En el debate con Pence, Harris demostró su falta de profundidad. Los partidos políticos conservadores de Estados Unidos siempre han tenido el apoyo de la comunidad empresarial y de quienes trabajan y crean empleos. Si nos remontamos a 1896, cuando los republicanos aplastaron a William Jennings Bryant por última vez, la mitad de la población que hace posible la existencia de la otra mitad ha votado tradicionalmente a los republicanos.

Sin embargo, desde el New Deal y Roossvelt, la tendencia liberal se ha integrado en el gobierno, tal como ilustra la atención obsesiva de los demócratas en supuestas cuestiones consumistas. Lo triste es que son los consumidores los que acaban pagando la expansión del estado regulador. Como el coste de los préstamos hipotecarios ha aumentado desde el National Mortgage Settlement de 2012, estos costes se han trasladado a los consumidores bajo forma de menos acceso y disponibilidad crediticia para los hogares de bajos ingresos.

Harris y los de su índole en política liberal representan una evolución nueva y terrible, en parte abogada litigante, en parte estrella de los medios de comunicación, en parte maquinaria de recaudación de fondos, pero todas ellas vacías. La gran idea que tuvo en 2019 fue dar a las familias negras anticipos y otros subsidios para animarlas a comprar vivienda. “Debemos enderezar lo que se hizo mal y después de generaciones de discriminación, dar a las familias negras una auténtica inyección para que puedan comprarse una vivienda, lo que siempre ha sido, históricamente, uno de los mayores impulsores de riqueza”, dijo, sin dar más detalles.

Sin suficientes entradas económicas, estos experimentos están destinados al fracaso. Además, para muchas familias pobres de California y otros Estados costosos, alquilar es mucho mejor económicamente que comprar una vivienda básica en una zona metropolitana. Lo último que necesita una familia pobre o con ingresos medios es endeudarse con los gastos generales de pagar los impuestos de propiedad en paraísos de la nueva era socialista como la ciudad de Nueva York, que se enfrenta a la quiebra financiera debido a la mala gestión del alcalde Bill De Blasio.

Como muchos supuestos “progresistas”, Harris es incapaz de decir por qué defiende las políticas socialistas, o articular su filosofía política personal. Igual que otros modelos obvios como Hillary Clinton y Joe Biden, está en política por el poder. Sus futuros guiones los escribirán los miembros de los grupos de presión pertenecientes a los grandes bancos y las corporaciones que ha conocido en los últimos diez años. Pero no dude que los demócratas seguirán utilizando los hilos del poder para subir los impuestos a la parte productiva de la sociedad con el fin de mantener el nivel de vida que al que creen que tienen derecho. Todos pagaremos por ese privilegio.

______

Christopher Whalen es un banquero de inversiones y presidente de Whalen Global Advisors LLC. Es autor de tres libros, incluyendo Ford Men: From Inspiration to Enterprise (2017) y Inflated: How Money and Debt Built the American Dream (2010). Publica The Institutional Risk Analyst, y aparece con regularidad en medios de comunicación como CNBC, Bloomberg, Fox News y Business News Network. Puede seguirle en Twitter @rcwhalen.

______

Publicado por Christopher Whalen en The American Conservative.

Traducido por Verbum Caro para La Gaceta de la Iberosfera

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *