La farsa electoral de Barinas: una operación de Maduro para vender la ficción del voto en Venezuela y ganar ‘legitimidad’

El chavismo plantea el espejismo de la 'normalización' electoral
Una venezolana vota en una elección convocada por el chavismo. Europa Press

En el ajedrez a veces se sacrifican fichas con el objetivo de desarrollar una estrategia compleja, de alcanzar un fin mayor. Dejas caer a unos peones aquí, permites que eliminen a un caballo allá y, cuando vienes a ver, has montado el jaque perfecto. Con la falsa elección regional organizada por el chavismo en el estado Barinas el 9 de enero las cosas han discurrido más o menos de acuerdo a la lógica de los sacrificios que dicta el ajedrez.

Barinas, una región llanera ubicada en el occidente del país sudamericano, tradicionalmente se ha visto como un feudo de la familia Chávez. No en vano el fundador del régimen, Hugo Chávez, nació en un pueblo de esa entidad, llamado Sabaneta. De hecho, desde que el chavismo llegó al poder en Venezuela ese estado solamente ha sido gobernado por integrantes del clan familiar Chávez.  

Eso hasta el domingo pasado, cuando un anodino opositor al régimen llamado Sergio Garrido logró alzarse con la mayoría de los votos para ser el nuevo gobernador de la entidad. De acuerdo a los números publicados por el órgano electoral de la tiranía, el Consejo Nacional Electoral (CNE), Garrido habría obtenido el 55% de los sufragios, frente a un 41% recabado por Jorge Arreaza, el candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Y allí es cuando sobreviene la pregunta: ¿Por qué permite el chavismo que un opositor logre vencer en unas “elecciones” de gobernador en esa entidad? ¿Cómo se deja que el estado que parecía una propiedad familiar de los Chávez pase ahora a manos de la oposición?

Habría que comenzar por el principio. Aunque el hastío contra Maduro y el chavismo es algo más que evidente y existe no solo en Barinas, sino en toda Venezuela, los números que publica el CNE siempre van a estar bajo sospecha. Se trata nada más y nada menos que de una institución que, aunque supuestamente alberga a rectores de “oposición”, tiene una composición mayoritariamente chavista y ha funcionado durante los últimos años como una suerte de ministerio de elecciones de la tiranía, como un ayudante fiel del PSUV para cualesquiera que sean los propósitos que este se trace.

De allí que, de entrada, no se sepa si esos porcentajes a los que alude el CNE realmente se compadecen con la realidad. Puede que incluso Garrido haya obtenido más votos que los que el organismo dice que obtuvo, o puede que Arreaza haya sido realmente el vencedor de la fulana “elección”. La verdad objetiva nunca se sabrá. El caso es que ese factor, en este caso, juega un segundo o tercer orden de relevancia.

Lo importante va de desentrañar por qué teniendo todo el poder debajo del brazo, Maduro ha permitido que Garrido y los suyos se hayan alzado con la “victoria”. La respuesta puede darse con base en el famoso principio de la navaja de Ockam: generalmente las cosas se explican a partir de los hechos más simples y lógicos. Lo demás es ociosidad.

Al Maduro “admitir” que ha perdido Barinas, y que esta pasa ahora a estar controlada por la oposición, ha sacrificado apenas un peón para desplegar un jaque a Guaidó y a la oposición venezolana: al encallejonarla en dicha elección, el régimen ha logrado que la mayoría de los factores de supuesta disidencia al chavismo abracen sin remilgos la vía electoral de nuevo, y descarten cualquier otra opción para buscar procurarse el poder. Atrás han quedado los días de las vías disruptivas, los golpes de audacia y los levantamientos subversivos. Ahora todo tendrá que canalizarse a través del voto. Para muestra de ello está Barinas.  

Es más, con la operación de derrota del PSUV en dicho estado llanero venezolano, Maduro ha puesto a la prensa internacional y a los Gobiernos del mundo a barajar una idea estúpida: si el chavismo puede salir del poder por los votos en el sitio donde nació el propio Chávez, puede entregar por los votos la presidencia en cualquier momento. No se explica entonces que quienes se le oponen estén buscando atajos en los caminos de la insurrección ni en la confrontación que no sea estrictamente electoral. 

Esto es especialmente útil para el régimen si se otea el horizonte inmediato: en 2022 la ruta del aplacamiento de la vida política venezolana puede contemplar la posibilidad de que la oposición organice una recolección de firmas para convocar un referendo revocatorio contra el régimen de Maduro. La herramienta del revocatorio, engañosa a más no poder, está contemplada en la Constitución venezolana y se trajo a la mesa en 2004 (resultando Chávez convalidado en el poder, en un proceso electoral con más sombras que luces) y en 2016 (cuando Henrique Capriles intentó activarla contra Maduro, pero el CNE lo impidió).

Es obvio que en ningún escenario la revolución entregará el poder bajo un mecanismo de revocación del mandato; sin embargo, la organización del evento puede dilatarse por meses y meses, en los que eventualmente se mantendría entretenida a la población, acariciando la idea de que Maduro tiene los días contados. Una estafa.

Además, en 2024 se supone que el chavismo dará paso a unas “elecciones” presidenciales, en las que lo más seguro es que Maduro vuelva a concurrir como el abanderado del PSUV. La mirada del régimen parece poner el punto de mira en esta fecha y, con lo de Barinas, estaría domesticando nuevamente a la oposición para llevarla al redil electoral. Se pavimenta así el camino para que los dos años que faltan para eso sean de campaña electoral, olvidando cualquier tipo de aventuras que escapen de la ruta del “voto”. Esta es la estocada final en la ruta de la pretendida “normalización” que quiere imponerse en Venezuela.

En definitiva, una elección que se planteaba como algo eminentemente local o regional, alcanza ribetes internacionales: lo que estuvo en juego el 9 de enero no fue la gobernación de Barinas, sino la imagen de Maduro y el chavismo ante el mundo. ¿Cómo podrá ahora la oposición venezolana decir ante el planeta que en Venezuela hay una tiranía, si en Barinas el chavismo “perdió” y “entregó” por los votos? Jaque mate.

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