«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
El congreso refleja las pugnas en el partido de gobierno

La división en el Centro Democrático complica la defensa de la libertad en Colombia de cara a las presidenciales

La elección presidencial en Colombia está prevista para el 29 de mayo próximo. Reuters

La división en el partido del presidente de Colombia, Iván Duque, es inocultable. Entre insultos, acusaciones y una aparente desbandada de algunos sectores de las bases del Centro Democrático que anuncian el respaldo a otras fuerzas políticas en la consulta interpartidista de marzo o en la primera vuelta presidencial, las cosas pasan de castaño a oscuro.

Un escenario donde el partido se mantuvo unido hasta hace poco era el recinto parlamentario, en el que eran siempre reconocidos como la bancada más disciplinada y coherente. Sin embargo, las cosas han cambiado y hoy la oposición, bien la defensa de las políticas del gobierno nacional –según sea el caso– los mantiene enfrentados.

Uno de los más críticos del actual jefe de Estado es el representante a la cámara por Bogotá, Gabriel Santos, quien no ahorra palabras al momento de denunciar los actos que considera reprochables por parte del gobierno. En la última semana salen a relucir dos asuntos graves en los que acusó al gobierno de incoherente y oportunista por querer asumir el liderazgo en la defensa de la libertad de prensa, tumbando el famoso artículo 68 que se había incluido en la ley anticorrupción, y su poco apoyo al proyecto que buscaba limitar el periodo de vacaciones del legislativo.

De acuerdo con Santos, el gobierno estuvo presente cuando se incluyó la censura en el proyecto de ley anticorrupción y no se opuso, esperando, según su apreciación, que pasara sin generar sospecha o que terminara por lograr suficiente consenso en el legislativo como pasó con la modificación a la ley de garantías electorales, que, a pesar de la oposición de los medios y de la opinión pública, fue finalmente aprobada.

Eso no ocurrió y el presidente de Colombia expresó que de ser aprobada la objetaría, pues su gobierno defiende la libertad de prensa y el papel de los medios de comunicación. Eso no cayó bien en el legislativo, pues hizo quedar al Congreso como una corporación que está dispuesta a censurar y al gobierno como aquél que garantiza la libre expresión y la tareas de los periodistas.

En palabras de Gabriel Santos: “Duele ver que después de que se sacrifican algunos colegas acá salga y se levante como un SemiDios el Presidente de la República diciendo que él lo va a objetar, llevándose la victoria”.

Ahora bien, en el último día de sesiones, antes del receso de fin de año y cuando faltaba un último debate para aprobar la reforma constitucional que reducía el receso parlamentario, no se logró el quórum suficiente y la iniciativa, que goza de amplio respaldo popular, se hundió.

En momentos en que el Congreso de la República está en mínimos históricos de favorabilidad, cuando hay una amenaza latente por el auge de la candidatura presidencial de la izquierda radical; pareciera que la clase política sigue de espaldas a los colombianos, sin reconocer el malestar y el cansancio que la opinión pública siente en su relación con la política.

Si bien no se puede caer en el populismo propio de todo discurso antisistema y recortar o no un periodo de vacaciones no implica que habrá más control político o una mejor legislación, por lo menos enviaba un mensaje, en momentos clave, con relación a la voluntad política real del Congreso para reformarse.

La derecha colombiana tiene que conectar con sus electores que, a todas luces, son mayoría. De lo contrario, su división, su estrategia de asumir las tesis de la izquierda como propias, alegando que allí está el verdadero cambio y lo que expresan las encuestas en las que va de primera la opción socialista, su miopía al observar el acontecer político nacional, los llevará a enfrentar una derrota impensable hace tan solo cinco años, cuando ganaba el plebiscito con la opción NO al acuerdo de paz entre Santos y las FARC.

Las tesis de congresistas del Centro Democrático como Gabriel Santos, Gabriel Vallejo y María Fernanda Cabal; algunos proyectos que ha promovido el senador conservador David Barguil para frenar los abusos del sistema financiero y evitar los oligopolios, la oposición que en su momento logró Cambio Radical en contra de algunos aspectos clave de la reforma tributaria que afectaban el bolsillo de la clase media, entre otros asuntos puntuales; pueden ser pilares de un gran acuerdo sobre temas fundamentales en Colombia, como el que siempre buscó Álvaro Gómez Hurtado, y así evitar que Colombia caiga en manos del socialismo del siglo XXI.

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