Xi Jinping, por si no nos habíamos dado cuenta: ‘Nada volverá a ser lo mismo’

Mientras los demócratas están decididos a crear un régimen de partido único en EEUU

Un mensaje grabado en vídeo del presidente chino Xi Jinping ha abierto la reunión de este año del Foro Económico Mundial, y la cosa no puede ser más significativa. Primero, por ser virtual. Cosas del coronavirus, sí, ese bichito salido de China que ha impedido crecer económicamente a todas las grandes economías… salvo a China. Pero también como un recordatorio de que la batalla que ha cerrado su primera fase con la derrota de Trump tendrá en la tecnología su principal arma.

Xi Jinping ha hablado como hacen los políticos, un lenguaje que requiere de intérprete y no meramente porque sea chino, a lo que hay que sumar lo impenetrable del ‘burocratés’ comunista. Lo más claro ha sido que “nada volverá a ser lo mismo“, algo de lo que a nosotros, condenados a mascarilla perpetua, cierres diarios de empresas y toque de queda, no tienen que convencernos.

También ha dicho que hay que dejarse de perenguendengues ideológicos y de enfrentamientos que nos perjudican a todos, y que ya pueden ir los occidentales bajando aranceles que aquí llegan ellos a inundarnos de productos baratos fabricados por uigures en campos de reeducación.

Es ese brillante futuro que predican nuestras élites bajo el nombre de Gran Reinicio, que si lo comentas tú es una ridícula conspiranoia facha pero si lo pone Klaus Schwab -qué maravilla, la historia, poniéndonos a un globalista calcado del malo de una peli de Bond, hasta en el acento-, presidente del Foro Económico Mundial, AKA Foro de Davos, como título de su último libro o la revista TIME como portada es aplaudido por todos nuestros mandarines como si fuera el anuncio de la fusión fría.

China ha ganado en posesión de balón. Estados Unidos planteó su guerra fría 2.0 con China de un modo similar a como había planteado la contienda original con la Unión Soviética, es decir, confiando en su abrumadora primacía bélica y en su sistema de mercado abierto.

Pero los chinos no entraron al trapo, y en seguida se dieron en cuenta de cómo vencer a los americanos: básicamente, comprándolos.

Por ejemplo, ¿quién manda realmente en Estados Unidos? La Ivy League y los grandes medios. Pues cómprense. Las universidades americanas nada en dinero chino, y de ellas salen todas las locuras de corrección política que luego adoptan las multinacionales y las administraciones públicas y vocean los medios.

China ha conseguido poner en la Casa Blanca, después de todo, al padre de Hunter Biden, un tipo al que tienen más untado que una tostada y cogido “por do más pecado había”, que la colección de vídeos del chico de los Biden haciendo cosas non sanctas con menores debe llenar la mitad de la videoteca de Xi. Y, sí, hay abierta una investigación del Senado sobre los tejemanejes de los Biden con el Partido Comunista China y otros regímenes indeseables, pero, ¿qué se apuestan a que el caso no llega a ver la luz?

Cuando Trump llegó a la presidencia, las grandes multinacionales norteamericana llevaban tiempo fabricando hasta el último hilo fuera de América, en el Tercer Mundo donde podían pagar con un cuenco de arroz doce horas diarias de trabajo a siervos de la gleba con pocas posibilidades de reivindicar nada, y muy especialmente en China, donde el régimen les tenía muy bien enseñados. Y si no había manera de deslocalizar el trabajo, se traía a gente de fuera, a esa misma masa barata, a base de promover el fin de las fronteras, vendiéndolo como una causa altruista. El resultado fue un número cada vez mayor de estadounidenses nativos que recordaban los tiempos en los que un obrero de fábrica podía alimentar decentemente a una familia considerable como los israelíes recordaban su tierra que manaba leche y miel durante la cautividad de Babilonia.

Esta fue la masa de los deplorables que dio la victoria a Trump, porque Trump mandó parar. Y eso no podían consentirlo las Amazon, Google et al. Ni Xi, claro.

Ahora la situación está de dulce. Los demócratas están decididos a crear un régimen de partido único, copiado del chino pero con “características americanas”. Y han empezado con la Gran Purga prometida con Trump, primero, al que quieren desactivar con un extraño ‘impeachment’ a toro pasado; a sus colaboradores, luego, y finalmente a sus votantes.

Por eso Biden ha anunciado como prioridad la lucha contra el ‘terrorismo interior’ de los ‘supremacistas blancos’, así, sin definir. ¿Pueden levantar la mano los supremacistas? ¿No, ninguno? Pues entonces está claro a lo que se refiere, lo que todos intuimos.

También ha levantado, más discretamente, las restricciones impuestas por Trump a China para comprar intereses en empresas de energía norteamericanas. Si no entienden la gravedad de este asunto, imaginen un ‘conflicto caliente’ entre Estados Unidos y China, teniendo China el dedo en el interruptor de la producción americana. ¿Mejor así?

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