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La fórmula DeSantis contra la burocracia woke

El gobernador Ron DeSantis hablando a los asistentes de la marcha Unite & Win Rally en Arizona. Gage Skidmore
El gobernador Ron DeSantis. Gage Skidmore

El pasado martes Donald Trump anunció una nueva candidatura presidencial y numerosos medios analizaron la decisión editorialmente. En el área conservadora, uno de los más beligerantes contra la decisión de Trump fue National Review, que publicó el mismo día un editorial bajo el elocuente título de «No». «Parafraseando a Voltaire después de asistir a una orgía», escriben los editores, «una vez fue un experimento, dos veces sería perversión».

La revista no hace una oposición ciega, sino una valoración de costes y oportunidades. Pese haber sido muy crítica editorialmente contra los errores del expresidente, los editores reconocen y enumeran ante todo sus méritos: «Trump eliminó a la dinastía Clinton en 2016, nominó y consiguió la confirmación de tres jueces constitucionalistas, reformó los impuestos, impulsó la desregulación, obtuvo el control de la frontera, degradó significativamente a ISIS en Siria e Irak y logró acuerdos de normalización entre Israel y el Golfo, entre otras cosas. Estos son logros que incluso sus críticos y escépticos conservadores, incluido NR, pueden reconocer y aplaudir».

No obstante, también ponen de manifiesto los fallos: «La administración Trump fue caótica incluso en sus mejores días debido a su naturaleza errática y falta de seriedad», explican, «su incapacidad para aproximarse a la conducta que el público espera de un presidente lo debilitó de principio a fin». Además, le acusan también de haberse equivocado con el apoyo de candidatos para las elecciones de medio mandato: «Imponer sus fijaciones y opciones de candidatos en el Partido Republicano jugó un papel importante en la debacle del Partido Republicano en las elecciones intermedias».

The American Spectator se pregunta quién es el próximo Ronald Reagan en cuanto a facilidad de palabra y eficacia de los lemas políticos

«No hace falta decir que Trump es una figura política magnética que ha logrado vincular a innumerables millones de republicanos con él», concluyen los editores de National Review, «pero las primarias no presentarán una elección entre Trump y los progresistas con prioridades calamitosas para la nación, sino otros republicanos que no son, en contraste con él, monumentalmente egoístas o que no están moral y electoralmente comprometidos».

Algo similar leemos en The American Spectator, donde hasta hace poco la mayoría de los autores y editores respaldaba masivamente a Trump. E. Donald Elliott se pregunta quién es el próximo Ronald Reagan en cuanto a facilidad de palabra y eficacia de los lemas políticos. «¿Alguno de los posibles candidatos presidenciales del Partido Republicano posee la capacidad de encapsular temas complejos en una frase memorable?», cuestiona el autor, «Quizás Donald J. Trump se acerque más», señala «pero en mi opinión, está descalificado por su papel en los hechos del 6 de enero. Lo digo con tristeza, porque abrazó muchas ideas con las que estoy de acuerdo». 

Por su parte, el popular analista Daniel J. Flynn, de nuevo en The American Spectator, titula su columna «Ni Trump ni nunca Trumpers», considerando que «con su inoportuno anuncio de candidatura presidencial, Donald vuelve a poner su ego por encima de las ideas e intereses de los conservadores». «El expresidente se enfrenta no solo a demócratas e independientes casi completamente cerrados a él, sino también a un electorado republicano tibio ante la idea de que se postule», resume tras haber hecho, como National Review, un repaso a sus indiscutibles logros del pasado. 

Sumantra Maitra analiza cómo está afrontando Ron DeSantis la batalla cultural, y los avances que le llevaron a prometer el día de la victoria en las elecciones de medio mandato que «Florida es el lugar donde lo woke va a morir». Lo interesante del artículo de Maitra en The Federalist es que trata de imaginar cómo sería extrapolar a nivel nacional lo que DeSantis hizo en Florida. «Dado que DeSantis abordó de manera efectiva las maquinaciones de las ideologías woke», escribe, «y no tuvo miedo de enfrentarse con el sector educativo y corporativo, es importante comprender cómo podría funcionar un modelo anti-woke a escala nacional». «El primer objetivo de un presidente republicano», añade «debería ser desmantelar estas burocracias (woke) en las Fuerzas Armadas y sus instituciones auxiliares». 

El autor considera que los principales problemas a los que tuvo que hacer frente la administración Trump, «desde las filtraciones hasta la lentitud institucional de sus decisiones» se mantendrán ahí en «cualquier administración futura, y en ninguna parte serán más prominentes que en la política exterior y la burocracia de Defensa». «A menos que haya una eliminación masiva de fondos de este aparato, no hay posibilidad de reconstrucción», asegura. «Hasta ahora, DeSantis ha demostrado ser», concluye, «alguien que no tiene miedo a enfrentarse a un sindicato burocrático masivo y alguien que no se inmutó antes de despedir a burócratas irresponsables e insubordinados». 

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