España volvió a registrar en 2025 la tasa de pobreza infantil más elevada de toda la Unión Europea, con un 28,4% de menores en riesgo, según datos de Eurostat difundidos por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES).
El dato sitúa a España 8,8 puntos por encima de la media europea, confirmando una realidad especialmente grave: mientras el Gobierno presume de políticas sociales, casi tres de cada diez menores viven en situación de pobreza o vulnerabilidad.
España también ocupa el quinto puesto de la Unión Europea en tasa de pobreza o exclusión social (AROPE), con un 25,7% de la población afectada. Esto equivale a casi 12,6 millones de personas, frente al 20,9% de media comunitaria. Sólo Bulgaria, Grecia, Rumanía y Lituania presentan peores cifras.
En el conjunto de la UE, 92,7 millones de personas se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025, 600.000 menos que el año anterior. Los países con mejores resultados fueron República Checa, Polonia y Eslovenia, con tasas del 11,5%, 15% y 15,5%, respectivamente.
El problema español golpea especialmente a los hogares con hijos. Según los datos recogidos, las familias con menores a cargo presentan mayor exposición a la pobreza que los hogares formados sólo por adultos. En España, casi tres de cada diez personas que viven en hogares con menores se encuentran en esta situación.
La pobreza también alcanza a quienes trabajan. El 11,2% de la población empleada en España vive en situación de pobreza, la segunda tasa más elevada de la Unión Europea, sólo por detrás de Bulgaria. El dato evidencia que tener empleo ya no garantiza escapar de la precariedad.
La eficacia de las transferencias sociales también queda por debajo de la media europea. En España reducen la pobreza un 23,2%, frente al 33,2% de media comunitaria y lejos de países como Bélgica, Irlanda, Polonia, Francia o Alemania.
En materia de vivienda, el 7,2% de la población española dedica más del 30% de sus ingresos a este gasto, una proporción que se dispara hasta el 28,3% entre las personas en situación de pobreza.
Los datos reflejan una crisis estructural que combina precariedad laboral, vivienda cara, debilidad de las políticas familiares y una creciente dificultad para sostener hogares con hijos. El resultado es demoledor: España vuelve a situarse a la cabeza de Europa en pobreza infantil, mientras millones de familias siguen sin encontrar una salida real a la asfixia económica.