«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El índice general del ipc cerró el año con un incremento del 2,9%

La cesta de la compra se dispara y desmonta el relato del Gobierno del control de los precios

Cesta de la compra. Europa Press

La publicación definitiva de los datos del IPC de diciembre ha confirmado este jueves lo que millones de españoles llevan meses comprobando en su día a día: los precios en España están lejos de estar controlados. El índice general cerró el año con un incremento del 2,9%, una cifra que no sólo supera el objetivo del 2% que el Banco Central Europeo considera «óptimo», sino que también se sitúa casi una décima por encima de la media de la eurozona, que en diciembre fue del 2%, según Eurostat.

Si se analiza el comportamiento mensual, el resultado tampoco invita al optimismo. La inflación media del conjunto del año se situó en el 2,7%, lo que refleja una presión sostenida sobre los precios y desmonta cualquier intento de presentar la situación como plenamente estabilizada.

Es cierto que el dato de diciembre ofrece un ligero alivio. El IPC bajó una décima respecto a noviembre, un descenso que el Instituto Nacional de Estadística atribuye principalmente a la caída del precio de los carburantes, en contraste con la subida registrada en el mismo mes de 2024. Sin embargo, este respiro resulta insuficiente para compensar el problema de fondo.

La gran noticia negativa vuelve a estar en la cesta de la compra. Los alimentos y las bebidas no alcohólicas fueron, una vez más, la partida que más contribuyó al alza del IPC. Su tasa anual escaló hasta el 3%, dos décimas más que el mes anterior, consolidándose como el principal foco de presión para los hogares.

Se trata de un dato especialmente preocupante porque afecta a un gasto ineludible y castiga con mayor dureza a las clases medias y bajas, así como a las familias con hijos. La inflación alimentaria ya no es un fenómeno puntual, sino una tendencia persistente.

Algunos productos registraron subidas sencillamente desorbitadas en apenas un año. El café se encareció un 16,3%, la carne de vacuno un 17%, los huevos un 31% y el cacao un 12%. A estas alzas se suman las de la carne de ovino (+7,4%), la carne de ave (+3,9%), el pescado congelado (+6,2%), la leche entera (+5,2%), los frutos secos (+7%), la fruta (+5%) y otros aceites (+9,7%).

La excepción vuelve a ser el aceite de oliva, que tras los máximos históricos del año anterior registró un desplome del 31% en el conjunto del ejercicio, convirtiéndose en el principal factor de alivio dentro de una cesta de la compra claramente tensionada.

La inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles como la energía y los alimentos no elaborados, se situó en el 2,6%. El dato sugiere que, a nivel estructural, las presiones inflacionistas están algo más contenidas, aunque siguen lejos de una normalización plena.

En este contexto, el presidente de la CEOE ha vuelto a cuestionar el relato oficial del Gobierno. Ha advertido de que los datos de “los famosos expertos” del Ministerio de Trabajo no reflejan la realidad económica y ha recordado a la ministra que los autónomos están destruyendo empleo, una señal clara de que la presión de los costes continúa asfixiando al tejido productivo.

Los datos del IPC de diciembre dejan así un mensaje inequívoco: la inflación puede haber moderado su ritmo, pero el coste de la vida sigue siendo uno de los principales problemas económicos de España, con la alimentación como epicentro de un deterioro que el discurso oficial no logra ocultar.

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