El Ministerio de Trabajo y los sindicatos firmaron este lunes la subida del 3,1% del salario mínimo interprofesional, que previsiblemente será aprobada este martes por el Consejo de Ministros. Con el nuevo incremento, el SMI se situará en 1.221 euros brutos mensuales en catorce pagas, 17.094 euros al año, tras acumular un alza del 66% desde 2018, la mayor de Europa occidental.
Sin embargo, el propio comité de expertos que asesora al departamento que dirige la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, introduce una advertencia que cuestiona el relato oficial. En su último informe, los especialistas reconocen que las sucesivas subidas están generando un fenómeno de «agrupamiento salarial» en torno al salario mínimo y alertan de un «peligro potencial«: que trabajadores cualificados queden absorbidos por esa franja.
El documento señala que el SMI debería actuar como referencia para empleados sin cualificación o sin experiencia. No obstante, admite que la concentración de asalariados en torno a este umbral se ha intensificado tras los fuertes incrementos aplicados desde 2019. El resultado es que perfiles con formación media e incluso alta comienzan a situarse en el entorno del mínimo legal.
El cambio también se aprecia en el perfil de quienes lo perciben. Tradicionalmente, el salario mínimo se asociaba a jóvenes, mujeres e inmigrantes. Ahora aumenta la presencia de trabajadores mayores de 35 años y con mayor nivel formativo, un indicio de que el suelo salarial se ha ensanchado hasta alcanzar segmentos que antes quedaban fuera.
Los datos de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal refuerzan este diagnóstico. Según sus cálculos a partir de la Muestra Continua de Vidas Laborales, el porcentaje de asalariados que cobran el SMI ha pasado del 3,5% en 2018 al 7,4% en 2023. Además, el grupo de trabajadores con bases de cotización de hasta el 125% del SMI —los que podrían quedar atrapados en futuras subidas— ha crecido del 7,9% al 22,8%.
La propia AIReF subraya que el impacto de estas alzas depende cada vez más del número de personas afectadas. En otras palabras, cuanto mayor es la proporción de trabajadores situados en el entorno del salario mínimo, mayor es el alcance económico de cualquier incremento adicional.
La Encuesta de Estructura Salarial del INE también refleja un desplazamiento hacia los tramos más bajos. En 2023, con el SMI fijado en 15.120 euros anuales, el intervalo más frecuente pasó a situarse entre 15.000 y 16.000 euros brutos. Ese año, uno de cada cuatro asalariados declaró ingresos entre 14.000 y 20.000 euros.
El informe del comité asesor contradice además la idea de un «efecto neutro» sobre el empleo. Recoge estimaciones de la AIReF y del Banco de España que apuntan a efectos negativos moderados, especialmente entre jóvenes y trabajadores temporales. Advierte de que, a medida que el salario mínimo se aproxima al salario medio, resulta más probable que aparezcan consecuencias adversas en el mercado laboral.
En el Congreso, la presidenta de la AIReF, Cristina Herrero, señaló que el impacto de las subidas es «cada vez mayor» porque afectan a un colectivo más amplio, pese a que los incrementos sean más reducidos que en años anteriores. Según las estimaciones del organismo, la elevación del SMI reduce la creación de empleo entre 0,34 y 0,53 puntos porcentuales.
Así, mientras el Gobierno celebra una nueva subida del salario mínimo, los propios expertos que asesoran a Trabajo reconocen que el efecto ya no se limita a los trabajadores con menor cualificación y que la expansión del SMI puede terminar afectando también a perfiles formados y con experiencia.