«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
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10 de mayo de 2023

A tumba abierta

España vivió ayer dos acontecimientos simultáneos que sospechábamos que iban a ocurrir, pero que hubieran sido inesperados hace tan solo unos años. El primero, la certificación, vía el expresidente Rodríguez Zapatero, de que el Estado pactó con una banda de pistoleros el fin de su actividad terrorista a cambio de un acceso franco (con perdón) de su brazo político, indistinguible del brazo criminal, a las instituciones. El segundo, la consagración vía Tribunal Constitucional —asaltado hace unos meses por la izquierda en una operación de golpe institucional—, la destrucción de un ser humano indefenso en el vientre materno como un derecho de la mujer.

Que Bildu es Eta lo sabíamos, pero no contábamos con el reconocimiento del socialismo que, hasta ahora, se rasgaba las vestiduras cuando alguien osaba comparar ambos brazos del separatismo vasco y que montaba la mundial en el Congreso, con borrados de citas en el Diario de Sesiones incluidos, cuando los diputados de Vox se atrevían a constatar una evidencia en voz alta desde la Tribuna.

Que el asalto al Constitucional tenía por objeto favorecer toda la actividad política del sanchismo, tantas veces inconstitucional, y que uno de los primeros encargos al mandado presidente Cándido Conde Pumpido y a los nuevos magistrados de la cualificada mayoría progresista, era la de blindar la ley de plazos que acaba con el deber estatal de protección de la vida prenatal, lo dábamos por descontado. Lo cual no quita para que nos resulte estremecedor. Como poco.

Ambas declaraciones prueban que el socialismo español va a tumba abierta, y nunca mejor dicho.

A poco más de medio año de unas elecciones generales, la izquierda se siente fuerte, muy fuerte, tanto para confesar que la Eta, con el nombre de Bildu, es su socio de investidura, como para proclamar su inquebrantable adhesión a la cultura de la muerte que destruye el derecho constitucional de todos a la vida y que ha matado a cerca de un millón de seres humanos tan sólo en la última década.

Sin duda, esta fortaleza de la izquierda para confesar con desparpajo sus peores traiciones y para ordenar la consagración constitucional de una pandemia de destrucción de vidas humanas que deja en nada la del covid, es el resultado de la renuncia del Partido Popular a liderar la oposición, a dar la batalla cultural en defensa del no nacido y a defender el principio esencial de dignidad de la nación, reduciendo toda su actividad política a un temita de gestión de las administraciones que puedan estar bajo su mando.

No hay exageración alguna en nuestras palabras. Son la transcripción fiel de todas esas declaraciones de mandos del Partido Popular que, comenzando por el presidente Feijoo, exvotante socialista y ovacionador de terroristas colombianos hispanófobos, muestran su contento por la ley de plazos del aborto. O por las reiteradas proclamas del portavoz popular, Borja Semper, a defender la existencia de Bildu y la normalidad que supone que el brazo político de la banda asesina participe sin constricciones en la vida pública.

No, no hay exageración alguna. Como no lo hay cuando escribimos que si la izquierda profanadora va a tumba abierta, es porque el Partido Popular lleva años empeñado en apartar cualquier obstáculo que pudiera frenarla.

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