'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
EDITORIAL |
7 de abril de 2021

La pesadilla es Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press

Desde el pasado verano, el presidente del Gobierno de lo que queda de España, Pedro Sánchez, nos ha anunciado no menos de media docena de veces con su cursilería anestésica habitual (y en interminables alós presidente llenos de lenguaje inclusivo e inclusiva) que ya estábamos ante «el comienzo del fin de la pesadilla». Resulta evidente que la distancia mental que separa al doctor (?) Pedro Sánchez de la mayoría de sus pobres gobernados, es abismal.

Lo que para él es una pesadilla, la pandemia, para la mayoría de los españoles es su gestión de la pandemia.

El auténtico principio del fin de la pesadilla sólo llegará cuando los españoles seamos convocados a las urnas

Más de cien mil muertos por su negligencia ideologizada y su irreflexiva improvisación; uno de los mayores desastres del mundo en términos absolutos y también en los relativos; con una economía hundida, un estado de excepción disfrazado de alarma que por más que el Tribunal Constitucional haga dejación política de funciones es inconstitucional. Un sistema público de empleo inaccesible y todo ello, absolutamente todo, con el apoyo de hombres de paz como son los herederos de ETA y de la Fiscalía General del Estado que bloquea cualquier posibilidad de investigar en los Tribunales la responsabilidad criminal de la Administración Sánchez en este caos.

La pesadilla fruto de esta indigestión de socialismo inepto y maquillado con nuestro dinero que anuncia otra estrategia de vacunación masiva después de tres fracasos y que juega con nuestro dinero como si no fuera de nadie o como si España fuera del viento, ha sometido a millones de españoles a un estado de ansiedad colectiva ante el futuro que nos aguarda. Las consecuencias de la gestión de la pandemia por parte del peor Gobierno que los siglos han visto en España van a dejar un rastro de desafección general, de enfrentamiento estúpido y programado entre regiones y de polarización política. Pero no entre izquierdas y derechas, sino entre sumisos y críticos, entre lo público y lo privado, entre globalistas y soberanistas, entre lirones subvencionados y parados insomnes.

El auténtico principio del fin de la pesadilla sólo llegará cuando los españoles seamos convocados a las urnas en unas elecciones generales y, si los medios de comunicación controlados, sometidos o subvencionados nos permiten recordar, echemos al pandémico socialismo sanchista al rincón de la historia, previo paso por los tribunales de Justicia.

Madrid, el próximo 4 de mayo, debe ser la primera señal de lo que está por venir. Para ello, será importantísimo que VOX no le permita al Partido Popular caer de nuevo en el estado de amnesia y sumisión a la superioridad moral de la izquierda en la que siempre chapotea, feliz y centrado, cuando llega al poder.

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