'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
EDITORIAL |
26 de mayo de 2022

Sánchez, un débil moral

El presidente del Gobierno socialcomunista de España, Pedro Sánchez (E.Parra / Ep)

Sólo desde un respeto absoluto e íntimo al Estado de Derecho, sólo desde el convencimiento íntimo de que con la la ley no se negocia; sólo desde el recuerdo constante de la obligación de cumplir y hacer cumplir la Constitución y sólo desde la lealtad a las instituciones malheridas que trabajan por la unidad de España, un presidente del Gobierno de la Nación podría subir a la Tribuna del Congreso de los Diputados y defender, sí, defender, que los servicios de Inteligencia, con la aprobación de la Justicia, están obligados a conocer las amenazas que ya han atacado, y que lo volverán a hacer, al orden constitucional, al  Estado de Derecho, a la ley y a las instituciones. Una amenaza que se mantiene intacta y que ya causó en octubre de 2017 la mayor crisis de reputación de España por la torpeza infinita del Gobierno de Mariano Rajoy, del que constatamos en su día que carecía de las convicciones necesarias para ocupar la Presidencia del Gobierno de la Nación.

Al igual que M. Rajoy, Pedro Sánchez carece de las necesarias convicciones, quizá fruto de sus enormes lagunas mentales, pero las ha sustituido por una ambición desmedida para satisfacer su enorme ego alimentado por la ausencia de asesores honrados y ministros competentes que le recuerden sus deberes. Sus respuestas disparatadas en las sesiones de control, y su negativa a enfrentarse a los pocos periodistas que no le son serviles, son una prueba constante de que le repele el control, como le repele a cualquier autócrata.

Sólo desde la debilidad moral se puede ofrecer una mano tendida a Pedro Sánchez y al socialismo español

Ante el supuesto escándalo de espionaje del CNI a líderes independentistas, un presidente del Gobierno de la Nación con las necesarias convicciones al menos constitucionales, no debería demostrar sumisión ante la fuerzas secesionistas que abusan, todavía, de la liberalidad de nuestro sistema democrático para usar y cobrar de las instituciones que pretenden destruir. Sánchez no sólo aguanta que el portavoz de un partido golpista y criminal como Esquerra, refugio de delincuentes, le dé lecciones sobre democracia, sino que le da la razón al anunciar una reforma de la ley del CNI y del control judicial pertinente, la desclasificación de información confidencial y la modificación de la Ley de Secretos Oficiales.

Sánchez, como todos los autócratas, es un débil moral. No conoce razones, sino justificaciones. De un hombre que es capaz de darse un notable alto en la gestión de la pandemia, una gestión que todos los organismos supranacionales califican como la peor de todo Occidente, y que usó a los españoles como rehenes en dos estados de alarma inconstitucionales sin sonrojarse y sin dimitir por felón, ya sólo esperamos lo peor. Y lo peor, no lo duden, es darle la razón a los enemigos de España —sean republicanos catalanes, proetarras vascos o sátrapas marroquíes— antes que reconocer que España tiene derecho a defenderse, no de sus rivales políticos, sino de las amenazas a nuestra convivencia y a nuestra prosperidad.

Por desgracia, esta situación de debilidad moral del Gobierno ha ido permeando otros partidos que, como el Partido Popular, deberían aprender de los errores recientes de su pasado. Sólo desde la debilidad moral se puede ofrecer una mano tendida a Pedro Sánchez y al socialismo español para llegar a acuerdos, dicen que de Estado, pero que sólo son de reparto de sillones.

Tiene razón Santiago Abascal en nombre de todo VOX cuando asegura que a Pedro Sánchez sólo se le puede combatir. Este presidente y este socialismo heredero del peor zapaterismo ya no es, y no lo es desde hace tiempo, un rival político, sino una amenaza para España. Ningún colaboracionismo es aceptable. Entiéndalo el PP por el bien de la nación o pague el precio.

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