Sólo cabía oponerse y Casado no lo hizo

El líder del PP, Pablo Casado, interviene en la sesión plenaria del 29 de octubre de 2020 antes de abstenerse ante el segundo Estado de Alarma hoy declarado ilegal gracias a un recurso de VOX (R.Rubio / Ep)

La sentencia del Tribunal Constitucional que declara la ilegalidad del segundo Estado de Alarma es, sin duda, un bofetón anunciado al Gobierno de Pedro Sánchez. El Ejecutivo que, en toda la historia democrática española, ha usado —y todavía usa— con más ahínco la ilegalidad como instrumento de poder.

Pero el bofetón no es sólo para este Gobierno ilegítimo, sino para todos los partidos que aceptaron, ciegos algunos, vagos y tibios, otros; ensoberbecidos en su odio a España, los demás, que los derechos de los españoles fueran pisoteados de manera ilegal durante seis meses por un Gobierno y un Parlamento con una querencia totalitaria tenebrosa.

No dejemos que se olviden los nombres de los partidos que apoyaron aquella fechoría o que se abstuvieron a la hora de defender la Ley como pilar del Estado. Aunque quizá sea menos tedioso para el lector que escribamos los nombres de las dos únicas formaciones que aquel lamentable día de octubre de 2020 se quedaron solas en la defensa cerrada de la Constitución y las libertades y derechos de los españoles: VOX y Foro Asturias.

Es en días como hoy cuando mejor entendemos la fortuna que tuvieron los españoles, todos, los que votaron a VOX y los que no, en que el partido de Santiago Abascal sacara más de 50 escaños y pudiera presentar recursos de inconstitucionalidad vetados a otras formaciones menores. Si VOX no hubiera sacado esa fuerza, el camino al desastre habría quedado expedito.

A excepción de VOX y de Foro Asturias, todos los demás partidos, desde el ‘sí’ de Ciudadanos hasta la abstención del Partido Popular, fueron cómplices aquel día, como lo fueron en tantas prórrogas del primer y también ilegal Estado de Alarma, de un absoluto rapto de la Constitución. Que el todavía líder de la Oposición, Pablo Casado, diga ahora que advirtió a Sánchez de la inconstitucionalidad de la medida excepcional, sólo ahonda en su responsabilidad a la hora de elegir la tibieza antes que oponerse, con un ‘No’ rotundo, al avance ilegal del totalitarismo en España.

Ante la ilegalidad, sólo cabía oponerse, Casado. Lo demás son excusas. Excusas malas y, lo que es peor, excusas no pedidas que sólo son manifestaciones de culpa. De grandísima culpa.

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