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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Ni Dios ni patria, solo Patrón

La foto va para el presidente brasileño Bolsonaro, el Hitler del Mes, en su toma de posesión.

Empieza metafórico el año en la primera de El País: ‘La negociación presupuestaria agrieta a los secesionistas’. No hay mucho nuevo, no hay nada que no sea del año pasado y los últimos meses. Ya hemos contado que Sánchez y sus cómplices se tienen mutuamente cogidos por salva sea la parte, y nadie va a apretar demasiado. Los separatistas quieren exprimir la situación de tener al ególatra a su merced, pero sin matar la gallina de los huevos de oro, porque si cae Sánchez, se les acabó la bicoca.

De segundo, ‘La inmigración irregular alcanzó su máximo en 2018’. ¿Qué es eso de ‘inmigración irregular’? La ilegal, naturalmente, la que ignora por completo todas las leyes que regulan cómo se entra en un país, pero Prisa tiene prohibidísimo usar esa palabra, ‘ilegal’, precisamente porque es muy partidaria de este tipo de entradas y quedaría feo reconocer en negro sobre blanco que defienden la vulneración de la ley.  La foto va para el presidente brasileño Bolsonaro, el Hitler del Mes, en su toma de posesión, acompañando un titular que, con variaciones, repiten dos de mis otras tres cabeceras: «Brasil y Dios por encima de todo». Se supone que nos debería recorrer un escalofrío de puro horror al leerlo, aunque solo fuera por condicionamiento: los brasileños esperan que el hombre que han elegido les tenga a ellos, naturalmente, por delante de la comunidad global, de un chino o de un español. Y en cuanto a Dios, ese sujeto innombrable, no pueden fingir que estuviera ausente de su mensaje electoral.

Es curioso que nos intenten vender como escandaloso que el mandatario elegido para gobernar el país X afirme tener al país X como prioridad, mientras que recientemente Sánchez ha anunciado que su prioridad es la mitad de la población en su lírico ensalzamiento feminista y todo el mundo lo aplauda y lo coree. Elegir a un gobernante es elegir a un apoderado, a un representante, a alguien que actúe en nuestro nombre y conforme a nuestra voluntad percibida; pero imagine que usted contrata a un administrador que gestione en su nombre sus negocios y diga que va a poner sus intereses al mismo nivel que el de sus competidores, socios, clientes o proveedores. ¿Cuánto le duraría?

El País, al menos, deja la frase de Bolsonaro entrecomillada, sin más, pero La Razón, que aún debe aleccionar a su audiencia, sospechosa de patriotismo, no se atreve a arriesgar, así que titula: ‘El Brasil «primero» de Bolsonaro’, con una comillas asustantes para que el lector entienda que es problemático.

Pero eso es una noticia, al menos, y La Razón parece tener aversión a la información sobre lo real; prefiere comprarla, en forma de encuesta: ‘Más del 70% pide que se convoquen elecciones’. Tampoco me parece noticia, aunque he de decir que esta insistencia en volver una y otra vez a las urnas, como si la situación actual no tuviera origen en ellas, me conmueve.

También El Mundo tira de encuesta para abrir, pero en este caso electoral, que suelen ser más fantasiosas: ‘La irrupción de Vox da una ampliar mayoría al centro-derecha’. Lo que, naturalmente, no es cierto. Es una encuesta, así que no hay mayoría del centro-derecha, la consulta demoscópica puede fallar y, aun cuando acierte al milímetro, quizá sea muy distinta la opinión cuando se produzcan las elecciones de verdad.

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