«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Noticias de Cataluña

Salen todas mis cabeceras, como siguiendo una consigna, hablando de crisis del independentismo catalán en los términos adecuados a sus distintos estilos, pero mi pesimismo inducido me hace muy difícil creer en todo eso.

Para El País, ‘La fractura con la CUP, agrava la debilidad de Torra’, que es más bien modesto. Al final, El País está a las órdenes de un Gobierno bastante más débil que el de Torra. En El Mundo la cosa es tercera noticia, como quizá deba ser, que el asunto amenaza con embotarnos por repetición continua: ‘El independentismo se resquebraja por la actuación de los Mossos’. En la fantasía ‘indepe’, una vez que Cataluña alcance la independencia todo irá como la seda porque todo el mundo sabe que en los países de reciente independencia todo es dicha y prosperidad, más aún cuando se trata de un pueblo que ha creado el imperio romano, ha descubierto América, ha escrito El Quixot y ha pintado la Mona Lisa.

Pero entre todos los delirios, quizá uno de los peores sea el creer que aquellos a los que se ha animado a la revuelta continua van a convertirse de golpe en ciudadanos pacíficos dispuesto a aceptar con una sonrisa resultados adversos a sus deseos y leyes del nuevo gobierno que les desagraden. Lo que estos -y, en menor medida, todas las élites occidentales- han enseñado durante décadas a varias generaciones es que la revuelta es en sí misma virtuosa y la algarada, una prueba de conciencia cívica. Es decir, han hecho pueblos ingobernables que, a la larga, serán gobernados de forma más implacable de lo que hubiera sido necesario en otro caso. Tales polvos, estos lodos.

Saca ABC a Torra en una instantánea que, de primeras, parece mostrar al presidente en ese momento íntimo que supone sacar la basura. Pero una mirada más atenta permite deducir que se trata de esas urnas opacas chinas que usaron para su desafío hace un año. ‘Torra se rinde a los CDR mientras sigue la fuga de empresas a Madrid’. No sé qué porcentaje de empresas ‘fugadas’ representan sobre el total, ni sé qué significa, en el globalizado S. XXI, para una empresa ‘fugarse’, cuando lo mismo puede querer decir un mero cambio de domicilio fiscal o llevarse toda su producción y puestos de trabajo. La diferencia es notable, y aun me parecería triste una Cataluña que, odiando estar en España, permaneciera en ella por una razón tan mezquina.

En cuanto a los CDR, Torra no se rinde a ellos, que llegó ya rendido. Él aspira a las nueces que hacen caer los que sacuden el árbol. Aunque estas cosas rara vez salen como se pretende.

La Razón tira de encuesta, de una de esas que se las cree quien apetezca creerla, que más sirve para animar a las tropas que para tenerlas informadas. Titulan triunfales que ‘El independentismo pierde la mayoría un año después del 1-O’. Esto me recuerda a esos partes de guerra en el que uno solo se enteraba que habían perdido una ciudad cuando anunciaban que la habían recuperado. ¿Cuántas veces han leído en la primera de La Razón, en titulares, ‘mayoría independentista’? Ahora, que dicen que la ha perdido.
De mentirijillas, claro, que una encuesta no va precisamente a misa. Que no digo que no, pero los números que desmenuza la cabecera como albricias no son exactamente para echar las campanas al vuelo. Dicen que el 56,5% no quiere otro referéndum ilegal o, lo que es lo mismo, que un poco menos de la mitad de los catalanes -dando por buena la encuesta, que ya es- sí lo quiere, y que la independencia la rechaza un 47,7%, que no llegan a esa mitad.

Los nacionalistas tienen los medios, la cultura y la educación. Cuando empezó el Estado de los Autonomías, el indepentismo era una bandería casi marginal, rondando el 4%. Ahora estamos mitad y mitad. ¿Cómo creen que se ha logrado? ¿Qué creen que desearán las nuevas generaciones que vayan sumándose al electorado?

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