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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Una extraña lectura de la Gran Guerra

Fue justo después de esa horrible guerra cuando el presidente americano Wilson se sacó de la manga el principio nacionalista.

El ‘nacionalismo’ es una amenaza, es LA amenaza, el gran peligro al que nos enfrentamos. En eso coinciden con idéntico fervor no ya mis cuatro cabeceras, sino todos los grandes medios occidentales, en una unanimidad que solo un conspiranoico deleznable vería como indicio de que, al fin, todos ellos están en manos de una misma casta que, lógicamente, vende idéntico mensaje.

La razón para que existan varios periódicos, lo que nos dicen que salvaguarda nuestra libertad y apuntala la democracia, es que difieran en su visión ideológica, pero en cosas así vemos que los más enfrentados entre sí, los que apoyan agrupaciones políticas que exageran retóricamente sus diferencias en cada contienda electoral, limitan su mutua oposición a apoyar un distinto equipo de gestión concreto, nombres, nóminas y contratos.

Gráficamente, mis cuatro cabeceras abren todas con variaciones de la misma escena, líderes mundiales reunidos en París para conmemorar el fin, hace un siglo, de la Primera Guerra Mundial, y extraer la conclusión equivocada. El nacionalismo podrá ser lo peor, pero desde luego no es la causa de la Gran Guerra, y mucho menos el fin de la misma supuso otra cosa que el fomento de los nacionalismos.

Observemos los titulares pertinentes:
El País: ‘Macron evoca la Gran Guerra para criticar el nacionalismo de Trump’. Muy pacífico eso de buscarle las cosquillas a un aliado, ciertamente.
El Mundo: ‘Lección de paz de Macron con condena al nacionalimo’, que recuerda vagamente al enunciado de una receta de cocina.
ABC: ‘Contra la amenaza de los nacionalismos’. Quién le ha visto y quién le ve.
La Razón: ‘Macron alerta: «El patriotismo es lo contrario al nacionalismo», voltereta y doble salto mortal.

Pero lo cierto, lo comprobable, es que las potencias que se enfrentaron en la Primera Guerra Mundial no eran particularmente nacionalistas, y mucho menos que su fin trajera el fin del nacionalismo, sino más bien su consagración. Con la Gran Guerra desaparecieron imperios -el alemán, el austriaco, el ruso, el turco- que eran plurinacionales, la perfecta negación del nacionalismo. Fue justo después de esa horrible guerra cuando el presidente americano Wilson se sacó de la manga el principio nacionalista, es decir, el que dictaba que cada comunidad cultural y etnico-lingüística debía tener su propio Estado: checos, eslovacos, etcétera. Y ese nacionalismo forzado fue el que produjo la Segunda Guerra Mundial.

Pero, ¿a quién le importa? Ellos son los amos del cotarro, y la gente tiene una vida y muchas ocupaciones como para pararse a pensar si personas tan importantes acaban de decir una estupidez demostrablemente estúpida para favorecer sus intereses de poder.

El titular diferencial de El País es que ‘El 71% de los españoles pagaría más impuestos para sostener las pensiones’ lo que, al pie de la letra, no se lo puede creer nadie. Es una encuesta, y las encuestas existen para que los periódicos puedan lanzar sus mensajes sin una noticia que los justifique. Literalmente, el titular estaría diciendo que una holgada mayoría de españoles implora al gobierno que le quite una mayor proporción de su dinero para que se lo devuelva, después de descontados los gastos de administración que quiera alegar, hipotéticamente cuando los que están ahora ya no manden. Como algo así es absolutamente irracional y no observamos que la gente suela ser tan alocada en sus decisiones financieras corrientes, lo que vendría a decir el titular, de ser cierta la encuesta, es que un 71% de los españoles tiene la esperanza de ver aumentado su patrimonio futuro con parte de la fortuna del 29% restante. Pero lo que realmente debe leerse en ese titular, estando El País en las inflexibles manos de la Comisaria Gallego, es que el Gobierno Sánchez se prepara pasa subirnos salvajemente los impuestos.

El Mundo abre contándonos que ‘Los CDR presionan a Torra con una Constitución «del pueblo». Ah, ‘el pueblo’, ese vago y amorfo sujeto que tanta violencia ha amparado, que tanto invocan quienes se valen de su misma indefinición para imponer sus muy particulares ambiciones.

Y La Razón, patética: ‘PP y C’s, a dos escaños de la mayoría absoluta’. Una vez más: no, no ha habido elecciones secretas que hayan dejado a ambos partidos en la situación descrita; es solo ese triste remedo de realidad que son las encuestas de encargo. Y aumenta el patetismo ese tener que reconocer que su partido, el mismo que hoy tiene más escaños que ningún otro, ni uniéndose a la formación más cercana -esa misma que La Razón se ha hartado de poner a caer de un burro-, lograría hoy tener mayoría.

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