Pedro Urruchurtu: ‘Veo a España muy mal; en muchas cosas va más rápido que en Venezuela’

Entrevista al coordinador de Asuntos Internacionales de Vente Venezuela

Entrevista a Pedro Urruchurtu, coordinador de Asuntos Internacionales de Vente Venezuela y vicepresidente de la Red Liberal de América Latina (Relial).

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¿Qué tipo de partidos están en Relial?

—La red agrupa a 39 organizaciones entre centros de pensamiento, oenegés y partidos políticos, todos comprometidos con la libertad individual, el libre mercado, la propiedad privada, el Estado de derecho y demás principios liberales.

¿Gobierna alguno en Iberoamérica?

—No, todavía no, y ese es precisamente el reto que tenemos en una región asediada por la izquierda continental, articulada y organizada. Urgen proyectos de poder comprometidos con las ideas de la libertad, pero también que estén organizados en función de ese propósito. Voluntad de poder para enfrentar a la izquierda que no descansa, como hemos visto recientemente.

Parece una tarea imposible si no se gobierna ningún país, no toda Iberoamérica es de izquierdas…. ¿Qué más internacionales hay?

—Hay muchas organizaciones que agrupan a partidos con vocación democrática. Algunas más de centro, otras más ligadas a la Democracia Cristiana y, por supuesto, la Internacional Socialista en la que están la mayoría de las organizaciones socialdemócratas, socialistas y comunistas de la región. El punto, creo yo, no tiene que ver acá con cuántas organizaciones existen, sino con los puntos de encuentro que pueden haber entre quienes tenemos causas comunes como por ejemplo la derrota de la izquierda y del comunismo. Éste es un debate que hay que dar, porque, por ejemplo, liberales y conservadores tienen muchas cosas en común, son aliados en muchos sentidos y eso debe prevalecer en un proyecto de articulación que pueda enfrentar a una izquierda tan astuta y que permita también evidenciar las intenciones de los socialistas. Urge una narrativa común, unas metas en común y un proyecto conjunto para poder avanzar en ese propósito. Mientras eso no ocurra, la izquierda seguirá ganando.

¿La izquierda está unida en torno al Grupo de Puebla?

—El Grupo de Puebla es uno de sus espacios, pero no el único. De hecho, el Grupo de Puebla es una adaptación y relanzamiento del Foro de São Paulo, que sigue existiendo, pero que tiene una imagen desgastada. El Grupo de Puebla viene a reunir a muchos de los mismos actores, pero bajo una marca refrescada de “progresismo” y liderazgos jóvenes que se combinan con gobernantes como AMLO en México, o Fernández en Argentina. Buscan distanciarse de los resultados espantosos del Socialismo del siglo XXI, pero sin dejar de defender y promover ese socialismo, solo que mutan. Sobre sus intenciones, compartí un hilo en Twitter en octubre del año pasado donde quedaba claro qué buscaban. España está involucrada e Irene Montero es parte del grupo. Lo que está pasando hoy en la región es un plan articulado de retoma del poder por parte de la izquierda. Las protestas, la presión, todo viene cohesionado en buena parte alrededor de esto. Lideran esa ofensiva.

La izquierda se unifica al menos en objetivos, ¿por qué la derecha no?

—Creo que perdemos más tiempo viendo nuestras diferencias que nuestras cosas en común. Y no digo que no existan puntos de vista diferentes, pues creo que eso debe celebrarse, el punto es que frente a un enemigo común la respuesta debería ser el trabajo coordinador. Si la izquierda, el socialismo, el comunismo representan al gran adversario, urge entonces una agenda común mínima de lucha contra ese adversario. La izquierda aprende de sus errores, guarda sus diferencias y se aglutina en función de su objetivo que es tomar el poder para enquistarse en él. A nosotros nos toca desafiarlos, enfrentarlos y organizarnos para el poder, no para enquistarnos, pero sí para tener proyectos y alternativas viables de gobierno. A eso se suma la necesidad de tener más presencia en la cultura, en la academia y otros tantos espacios que la izquierda ha tomado. Se trata de la batalla cultural que es clave y que requiere de gente que cada vez más se comprometa con las ideas de la libertad. En la medida que entendamos esas cosas en común entre liberales, libertarios y conservadores, será más fácil organizarnos. Desde luego que en muchos temas tenemos puntos de vista distintos, pero en los que hay acuerdo y entendimiento de lo que se enfrenta, urge una articulación.

¿Pero ve posible este acuerdo estratégico? Al menos en Europa hay una derecha a la que le gusta el perdón de la izquierda e ir en su compañía.

—Es posible si hay claridad de lo que se enfrenta y eso tiene que ver mucho con hacer lo correcto así eso implique quedarse solo o ser impopular. Cuando se decide congraciarse con la izquierda, no hay claridad de lo que se enfrenta ni tampoco convicción propia de lo que se es. Por eso digo que pueden ser más las cosas que nos unen si entendemos quién es el adversario y cuáles son nuestros valores. Lo insólito es que haya gente que se defina de derecha y prefiera ver aliados donde lo que está es quien quiere destruirle. Para que una alianza como la que planteo funcione, todos deben estar claros de sus principios y valores, pues eso es lo que te define y te traza tus límites a la hora de ceder no. Para los valores no se puede ser acomodaticio. Desde los valores tu puedes tener posiciones pragmáticas; el problema es cuando renuncias a los valores para tomar decisiones. En definitiva, la izquierda no ve una amenaza en la derecha porque esa derecha no es clara en sus posiciones y muestra su disposición a darle piso a la izquierda. La política tiene momentos de momentos y hoy el momento amerita mucha más voluntad y decisión.

¿Cuales serían estos valores esenciales y comunes en la derecha?

—La libertad, sin duda. Ese es el motor y el valor faro. Es precisamente lo que la izquierda quiere acabar. La libertad es lo que ha unido en muchos sentidos y en muchos momentos de la historia a liberales y conservadores. Y hay un enemigo común: el comunismo en todas sus versiones.

¿En qué se diferencia el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla?

—En las formas y nada más. El fondo es el mismo. El Grupo de Puebla busca ser más moderno, busca aglutinar a la izquierda renovada para sacudirse el desgaste del chavismo, pero la intención es la misma. De hecho, su objetivo clave es “desplazar a la derecha conservadora” de la región. Ambos espacios se complementan, avanzan en su presencia en universidades, medios, etc., y también se reagrupan políticamente para avanzar. El Foro de São Paulo es más global, el Grupo de Puebla tiene el foco puesto en Iberoamérica, pero van de la mano.

¿En Vente Venezuela os sentís solos como oposición en tu país?

—Decir la verdad, asumir posiciones firmes y no claudicar, a veces significa quedarte solo en decisiones importantísimas que tienen que ver con hacer lo correcto, así no sea popular, como te decía. Eso nos ha pasado muchas veces. Sin embargo, una inmensa mayoría del país acompaña a Vente por muchas razones, no sólo por un liderazgo sólido, valiente y coherente como el de María Corina Machado, sino también porque enfrentamos al régimen como lo que es: un conglomerado criminal. Pero, además, nos acompañan porque nos oponemos de frente al socialismo y a la izquierda y eso nos diferencia del resto de los partidos. Ser el único partido no socialista tiene sus desafíos, pero también sus ventajas, porque luego de 22 años de destrucción acelerada, paradójicamente tenemos la mejor oportunidad para reconstruir a Venezuela y hacerlo bien. A veces quedarse solo, desde el punto de vista de la dirigencia, es lo correcto cuando tienes a una clase política envuelta en complicidad y corrupción. Con eso no queremos nada. Eso precisamente nos ha hecho crecer y consolidarnos. Así que la sensación de soledad se disipa cuando sabes que la gente te respalda. Solos se han quedado quienes han defraudado al país una y otra vez con sus farsas y dándole oxígeno al régimen. Decir la verdad siempre tiene sus riesgos, pero asumirlos es una decisión de vida que hemos tomado quienes seguimos aquí luchando.

Luego están solos como oposición en Venezuela, ¿el resto es oposición acomodada o peor?

—El tiempo nos ha demostrado que por mucho tiempo gente que se llamaba opositora veía un gran negocio en ser oposición. Muchos no quieren el poder ni quieren liberar a Venezuela, sino mantener sus negocios y lo que han logrado. Son lo mismos que han torpedeado todo esfuerzo real por liberar al país, porque saben que liberar a Venezuela también es liberarse de ellos. En todos los partidos hay gente honorable, sobre todo en las bases, y muchos de ellos han dejado sus partidos para sumarse al nuestro por nuestras posiciones firmes y claras. Hay una falsa oposición que, típico de regímenes como estos, siempre está lista para actuar a la medida de lo que el régimen necesita. Muchos de esos también recurren permanentemente a cuanto llamado a falso diálogo o falsa elección haga el régimen, porque es parte de su ecosistema.

¿Cómo ves a España?

—Muy mal. En muchas cosas van mucho más rápido de lo que fue Venezuela y con razón, pues la izquierda aprende. Hay señales muy peligrosas que ponen en riesgo la estabilidad de España y de Europa: el control de la justicia, por ejemplo, algo que Chávez entendió y que fue clave para perpetuar al régimen en el poder; el control a los medios y la instauración de la censura como política; la persecución a la disidencia; el control de la educación y la reescritura de la historia o el uso del idioma para beneficiarles. Todo eso lo estamos viendo en España en estas horas y es tremendamente preocupante. No podemos olvidar que España, a través de Irene Montero, es parte del Grupo de Puebla. Son parte de un mismo proyecto en el que Podemos sabe que no le hace falta gobernar hoy formalmente, porque el poder y el chantaje les hacen tomar decisiones que prepararán el terreno hasta que gobiernen plenamente.

¿Cómo hacer frente a esto?

—Frente a eso, debe haber una respuesta sólida y firme que contemple a la sociedad organizada y a los políticos enfrentándoles, no sonriéndoles. Cada espacio que se les permita tomar, será un espacio cada vez más difícil de recuperar. Por eso incentivan el resentimiento y la división, porque así tienen el caldo de cultivo para dar el zarpazo.

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Una entrevista de Josep María Francàs para La Gaceta de la IberosferaSígale en Twitter y en su canal de Telegram: Josep maria francàs

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