Lejos de la tan anunciada «normalidad» que el socialista Salvador Illa prometió devolver a Cataluña, las universidades catalanas siguen secuestradas por el separatismo. La censura, el vandalismo y el acoso sistemático a estudiantes y profesores continúan sin freno, mientras el Gobierno catalán mira hacia otro lado.
En las últimas semanas, se han sucedido ataques a la libertad académica en varias universidades. El caso más grave ha sido el del catedrático Rafael Arenas, amenazado directamente en su despacho de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Bajo la puerta recibió una carta intimidatoria firmada por «las antifascistas» de la UAB, en la que se le advertía: «Esto es sólo un aviso. Nos seguiremos encontrando hasta que os marchéis de la universidad. En la universidad, ni fascistas ni amigos de los fascistas». La excusa, su participación en un acto sobre España y Europa organizado por el sindicato estudiantil S’ha Acabat!, que acabó siendo suspendido por el decanato.
Tampoco escapó a la censura el historiador Fernando Paz, cuya conferencia en la Universidad de Barcelona fue cancelada por considerarse «discurso del odio». El evento, organizado por el colectivo Estudiants pel Canvi, pretendía reflexionar sobre el Imperio Español. Aunque se le acusa de tener una visión «revisionista» del Holocausto, la verdadera razón de la cancelación, según los organizadores, es su vinculación ideológica con VOX.
A estas acciones se suman los boicots a carpas patriotas y el asalto al Foro Etseib, un evento en la Universidad de Barcelona destinado a acercar a los estudiantes al mercado laboral. El ataque fue liderado por el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC), que irrumpió con bengalas y pancartas alegando que «la educación debe estar fuera de las garras del capital».
A pesar del dominio de los sindicatos separatistas como el SEPC o la FNEC, cada vez más estudiantes se rebelan contra el pensamiento único independentista. Colectivos como S’ha Acabat! y Estudiants pel Canvi han logrado representación en claustros como los de la Pompeu Fabra y la Universidad de Barcelona.
Frente al silencio cómplice del Gobierno regional, la resistencia patriota crece en las aulas. Pero la «normalidad» de Illa, prometida y repetida hasta la saciedad, sigue sin llegar. Y las universidades catalanas continúan atrapadas en la lógica del procés, del odio ideológico y del totalitarismo separatista.