«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La justificación oficial fue que los símbolos patrióticos británicos eran "peligrosos"

Birmingham y un distrito de Londres retiran la bandera británica mientras toleran emblemas palestinos e islámicos

Bandera de Palestina. Europa Press

El doble rasero multiculturalista vuelve a provocar indignación en Reino Unido. Dos de los ayuntamientos más grandes —Tower Hamlets en el Este de Londres y Birmingham— han retirado de calles y farolas cientos de banderas británicas y de San Jorge, al tiempo que permitían durante meses la exhibición de emblemas palestinos o iluminaban edificios oficiales con los colores de Pakistán, India, entre otros países.

En el distrito londinense de Tower Hamlets, las enseñas nacionales habían sido colocadas como parte de la campaña Operation Raise the Colours, pero fueron retiradas por orden municipal. Un portavoz justificó la decisión alegando que las banderas instaladas en «infraestructuras de propiedad del ayuntamiento sin permiso» podían ser eliminadas «como parte del mantenimiento rutinario». Sin embargo, durante el mismo periodo, los estandartes palestinos permanecieron colgados sin trabas, lo que ha desatado acusaciones de «discriminación a dos niveles».

En Birmingham, el caso es aún más llamativo: mientras se retiraban cientos de banderas británicas de los postes de alumbrado, la biblioteca central se iluminaba con los colores de Pakistán e India. La justificación oficial fue que los símbolos patrióticos británicos eran «peligrosos» y suponían un riesgo para conductores y peatones, pese a estar colgados hasta a ocho metros de altura.

Pese a las excusas burocráticas de los consistorios dominados por la corrección política, las campañas patrióticas siguen en otras ciudades como Swindon, Bradford, Newcastle o Norwich, donde vecinos y asociaciones continúan colgando banderas nacionales en espacios públicos con un respaldo social creciente.

El contraste entre la eliminación de símbolos nacionales y la celebración de identidades extranjeras alimenta un debate cada vez más profundo sobre el rumbo del Reino Unido: un país donde la élite política local parece empeñada en borrar sus raíces mientras rinde homenaje a cualquier bandera menos a la propia.

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