La polémica por las cuotas de género ha llegado también al cuerpo de bomberos. Un profesional del servicio, durante su intervención en el programa En boca de todos, de Cuatro, ha denunciado públicamente que en recientes procesos selectivos se estaría aprobando a aspirantes con peores calificaciones por el mero hecho de ser mujeres.
«Hay mujeres que están sacando cero en la conducción y se las está aprobando«, afirmó con rotundidad. El bombero insistió en que la situación responde a la aplicación de criterios de cuota que, a su juicio, vulneran el principio de mérito y capacidad.
Según explicó, el primer examen de las oposiciones es una prueba teórica de conocimientos. «Hay personas que están quedando fuera con un 7,2 y están entrando personas con un 5. Entonces, esto es una aberración a nuestros ojos«, señaló. El motivo, sostuvo, no sería otro que la reserva de plazas bajo el paraguas de políticas de igualdad. «Hay más de 600 compañeros que han quedado fuera con mejor nota. Esto se hace en aras de un feminismo», añadió.
El bombero quiso dejar claro que dentro del cuerpo nadie cuestiona la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. «Todos somos feministas, la mayor parte somos feministas, y esto no nos representa», afirmó. A su entender, lo que se está aplicando no es igualdad real, sino una forma de «fundamentalismo» que distorsiona el propio concepto de feminismo.
«El feminismo es encontrar un equilibrio en la sociedad. Las mujeres tienen que tener los mismos derechos, privilegios y obligaciones, exactamente igual. Tenemos que ser iguales para todo», defendió. Sin embargo, denunció que la realidad de las oposiciones reflejaría otra cosa muy distinta. «Se están quedando personas mucho más válidas por nota de puntuación, simplemente por una razón de género. Entonces, esto no es igualdad, esto es desigualdad», concluyó.
Las declaraciones han reavivado el debate sobre la implantación de cuotas en el acceso a determinados cuerpos públicos, especialmente en aquellos donde el desempeño físico y técnico resulta determinante. Mientras desde algunos sectores se defiende la necesidad de impulsar la presencia femenina, otros alertan de que el precio puede ser sacrificar el principio de mérito y capacidad consagrado en el acceso a la función pública.
La controversia, lejos de cerrarse, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: si la igualdad se basa en las mismas reglas para todos, ¿puede justificarse que la nota deje de ser el criterio decisivo?