La Unión Europea y el Reino Unido han cerrado los textos legales del futuro Tratado sobre Gibraltar, seis meses después de anunciar un acuerdo político que, lejos de avanzar en la recuperación de la soberanía española, consagra una nueva cesión estratégica del Estado sobre el Peñón.
Según ha confirmado un portavoz comunitario, el texto fue completado el pasado 12 de diciembre y se encuentra ahora en fase de revisión jurídica antes de iniciar los trámites formales de firma y ratificación. Un proceso técnico que, en la práctica, blinda un modelo favorable a los intereses británicos, mientras España queda reducida a mero actor secundario.
El objetivo declarado del acuerdo es «eliminar todas las barreras físicas» entre España y Gibraltar para garantizar la libre circulación de personas y mercancías, integrando de facto al Peñón en el espacio Schengen, el Mercado Único y la Unión Aduanera. Todo ello sin que Reino Unido haya devuelto ni un sólo milímetro de soberanía sobre un territorio que la ONU sigue considerando pendiente de descolonización.
El acuerdo político fue anunciado el pasado 11 de junio tras una reunión en Bruselas entre el comisario europeo Maroš Šefčovič y el ministro británico de Exteriores, David Lammy, con la participación del ministro español José Manuel Albares y el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo. Una imagen que para muchos simboliza la claudicación diplomática del Gobierno español, sentado a la mesa como un actor más, sin imponer la reivindicación nacional.
Desde VOX se viene advirtiendo desde hace años de que cualquier acuerdo que no incluya la soberanía española es una traición. La formación ha denunciado reiteradamente que el Peñón funciona como paraíso fiscal, coladero migratorio y enclave estratégico extranjero en el sur de la Península, con efectos directos sobre la seguridad, la economía y el empleo en el Campo de Gibraltar.
El texto deberá ahora ser traducido a todas las lenguas oficiales de la UE y recibir el visto bueno del Consejo y del Parlamento Europeo. Un trámite que, salvo sorpresa, culminará con la entrada en vigor de un tratado que perpetúa el problema de Gibraltar y confirma que, una vez más, Bruselas y Londres han decidido el futuro del Peñón sin defender la soberanía española.