«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
En más de 400 pateras y cayucos

Casi 12.000 inmigrantes ilegales han llegado a España por rutas marítimas desde la invasión de Ceuta

baleares traficantes
Una patera con decenas de inmigrantes ilegales llega a Baleares. Redes sociales

La noche del 30 de julio cambió la frontera sur. El Gobierno cifró en 72.000 los inmigrantes ilegales que entraron en Ceuta aquellos dos días y el Ministerio del Interior los deja fuera de la cuenta en cada informe quincenal con la misma nota al pie. El efecto de la invasión, en cambio, no se quedó en Ceuta. LA GACETA ha cotejado los seis balances oficiales publicados desde entonces con un conteo interno de índole policial y clasificado (UCRIF) al que ha tenido acceso, y el resultado dibuja una oleada que el Gobierno prefiere no nombrar.

Entre el corte del 31 de julio y el del 15 de octubre, Interior contabilizó 9.538 llegadas ilegales por mar en 412 embarcaciones. En el mismo tramo de 2025 fueron 7.102 en total. Son un 34% más con apenas un 16% más de embarcaciones, es decir, con cayucos mucho más cargados. Si se añaden los 2.164 inmigrantes ilegales en 27 embarcaciones que el conteo policial documenta entre el 16 y el 24 de octubre, sin informe oficial todavía, España suma desde el 1 de agosto más de 11.700 entradas ilegales por mar en más de 400 pateras y cayucos.

La presión cambió de ruta

El dato que mejor explica lo ocurrido es el de Canarias. En la primera quincena de agosto, con el Estrecho blindado tras el asalto, llegaron a las islas 133 inmigrantes por la vía de la ilegalidad. En la primera de octubre fueron 1.837 en total. Entre el 1 de agosto y el 15 de octubre la ruta atlántica acumuló 4.295 llegadas, frente a 1.916 un año antes, y en los nueve días siguientes el conteo policial añade otras 1.980. Solo el 23 de octubre desembarcaron en El Hierro 732 inmigrantes ilegales en cinco cayucos, y la isla acumula desde el 30 de julio 4.172 llegadas en 37 embarcaciones salidas de Senegal, Gambia, Guinea-Bissau y Mauritania.

Lanzarote y Fuerteventura dan otra señal. Las embarcaciones que llegan a las islas orientales, con perfil magrebí o mixto, parten de la costa atlántica bajo control de Rabat. El cayuco salido de la región de Bojador y trasladado a Gran Canaria el 20 de octubre es solo el último ejemplo. Marruecos cerró el paso por tierra cuando le convino y la espita volvió a abrirse en la fachada atlántica.

La ruta argelina ha sostenido mientras tanto un goteo constante hacia Baleares, 2.877 inmigrantes ilegales en 170 pateras. Formentera aparece en 61 avisos del conteo policial consultado por este medio y hubo jornadas como la del 16 de septiembre con dieciocho avisos de llegada en un solo día, quince de ellos en Baleares. En octubre esa misma ruta se desplazó hacia Murcia y Alicante, con siete pateras en Cartagena y Murcia el día 13. Baleares está a menos de quinientas llegadas de batir su récord anual de 2025, y todo apunta a que lo hará antes de final de año.

Ceuta no aparece en las cifras oficiales

Todo lo anterior figura en la estadística oficial. Ceuta, no. La nota al pie ha cambiado de redacción desde julio, de unos datos que «requieren un análisis específico» a unas entradas que «ya han sido objeto de triaje», pero no de efecto. El Ministerio dispone del recuento y ha decidido no sumarlo. Es lo mismo que hizo en mayo de 2021, cuando dejó «bajo análisis y tratamiento» la entrada masiva de aquel año y nunca la consolidó, como publicó entonces LA GACETA.

Al margen de la invasión, Interior sí registró 1.178 entradas terrestres en Ceuta durante la primera quincena de agosto. En el informe siguiente, el acumulado bajó en 937 personas sin que el documento lo explique, y desde entonces la cifra de Ceuta lleva cuatro informes congelada en 4.076, como si entre el 16 de agosto y el 15 de octubre nadie hubiera entrado por tierra en la ciudad. Melilla, con la misma frontera y el mismo Ministerio, ha seguido sumando quincena a quincena y triplica las entradas del mismo tramo de 2025.

Tampoco cuadran las cifras de quién queda en la ciudad. El 13 de agosto el ministro Grande-Marlaska dijo que quedaban unas 5.000 personas. El 21 de octubre la ministra Saiz habló de 12.705 salidas, 536 expulsiones y 7.477 inmigrantes en recursos de acogida, mientras la Ciudad Autónoma reclama la devolución de más de 15.000. Si en agosto quedaban cinco mil, no pueden haber salido después casi trece mil y seguir más de 7.000 acogidos. Al menos una de esas cifras no puede ser cierta, salvo que se refiera a personas que entraron después del 31 de julio, que es justo lo que la estadística oficial niega.

El descenso que no va a sobrevivir al cierre del año

El balance oficial presentaba a 15 de octubre un descenso del 5,9% respecto a 2025, sostenido íntegramente por el primer semestre de Canarias. Con la estacionalidad del último trimestre y la tendencia actual, ese margen se evapora. Incluso repitiendo el final de año más suave de los tres últimos, 2026 cerraría a unas 850 llegadas de 2025, y un noviembre como el pasado lo deja por encima. En el escenario central, el año terminaría con cerca de 41.000 entradas ilegales, un 12% más que 2025, y Canarias superaría su cifra del año anterior pese a haber estado un 61% por debajo a mediados de julio.

Y eso sin contar Ceuta. Si se incorporan las 72.000 entradas que el propio Gobierno reconoce, 2026 pasa de las 107.000 llegadas ilegales en cualquier escenario, muy por encima de los 64.298 de 2018 y de los 64.019 de 2024, los dos peores años de la serie histórica. El Gobierno dirá que la inmigración ilegal baja. Los datos, incluidos los suyos, dicen que la invasión de Ceuta no fue un episodio aislado, sino la puerta de una oleada que sigue abierta.

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