¿Estamos ante un descenso en la inmigración ilegal, como anuncia el Gobierno? Sí, hay un descenso en el total de 2025, pero no es la historia completa. Estamos ante un espejismo que oculta una tendencia preocupante.
Analicemos el panorama general. En 2025, hasta septiembre, han llegado 27.476 inmigrantes por la vía de la ilegalidad, un 35% menos que las 42.327 de 2024. Suena bien, ¿verdad? Pero miremos hacia atrás: esto es casi lo mismo que las 28.729 entradas ilegales de 2021 para el mismo periodo, lo que supuso un aumento de un 51% desde 2020, o las 26.540 de 2023, que representaron un 14% más que en 2022. Los números bailan alrededor de 27.000, sin bajar en realidad y siguiendo en cifras desproporcionadas si las comparamos con el último lustro.
La ruta de Canarias, por ejemplo, «ha hibernado» con un descenso del 58%, de 30.850 a 12.878. Está bien o no, si comparamos estos datos con las 975 llegadas ilegales registradas en Canarias en 2019 o las 659 consolidadas en 2018. En cualquier caso y como suele ocurrir cuando existe un efecto llamada, el problema se mueve a otros lugares. En Baleares, la inmigración ilegal ha explotado un 84%, pasando de 3.166 a 5.827 llegadas. Una ruta que ya venía creciendo en los últimos cinco años. De esta forma, la inmigración ilegal en Península y Baleares aumenta un 26%, hasta situarse en 11.680 entradas ilegales.
Por tierra, en Ceuta y Melilla, las cosas empeoran: un aumento total del 34%. Melilla se dispara un 286%, de 63 a 243, y Ceuta un 26%, hasta consolidar 2.644 accesos por la vía de la ilegalidad en lo que va de año. Así, mientras unas rutas bajan, otras estallan, y el total se queda en zona de crisis. No hay nada que celebrar y sí mucho que hacer para solucionar esta presión migratoria sin precedentes históricos.