«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Agolpados en Beliones y el monte Musa

Ceuta, bajo asedio: crece un 215% la entrada de ilegales desde la invasión de 2021 y 2.000 inmigrantes acechan al otro lado de la valla

Inmigrantes se preparan para entrar en Ceuta. Redes sociales

La ciudad autónoma de Ceuta se enfrenta nuevamente a una crisis migratoria descontrolada. En las últimas semanas, decenas de inmigrantes ilegales, principalmente jóvenes marroquíes pero también subsaharianos, han eludido los controles de las autoridades marroquíes para lanzarse al mar y llegar a nado a las costas ceutíes. Aprovechando la niebla y la oscuridad, como ocurrió en la madrugada del 10 de agosto cuando un centenar intentó el cruce, o el 16 de agosto con alrededor de 300 intentos detectados, estas entradas ilegales representan un goteo incesante que pone en jaque la seguridad fronteriza. Fuentes policiales consultadas por LA GACETA alertan de que esta presión no es casual; Marruecos parece haber aflojado su vigilancia, permitiendo que grupos organizados sorteen los controles del régimen alauí y alimenten un flujo que recuerda los trágicos sucesos de 2021, cuando miles irrumpieron en masa causando un caos fronterizo.

Desde aquellos eventos de 2021, la presión migratoria sobre Ceuta no ha disminuido, sino que ha evolucionado hacia un patrón más sostenido y preocupante. Según datos consolidados de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras (CGEF) de la Policía Nacional, recopilados por este medio, el número de inmigrantes ilegales detectados en la ciudad autónoma ha mostrado una trayectoria alarmante entre los meses de enero a agosto. En 2022, se registraron 767 entradas ilegales durante los primeros 8 meses del año, una cifra que descendió ligeramente a 708 en 2023, representando una disminución del 7,7%. Sin embargo, este respiro fue efímero, en 2024, las entradas se dispararon a 1.936, un incremento del 173,4% respecto al año anterior. Y lo peor está por venir. Para 2025, hasta agosto, la última actualización del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) eleva la cifra a 2.418 inmigrantes ilegales, un aumento del 24,9% sobre 2024.

Estos números, enfocados en el período de enero a agosto de cada año, revelan una escalada exponencial que no puede ignorarse. Si en 2022 y 2023 el flujo parecía controlado, el salto en 2024 marca un punto de inflexión, posiblemente influido por factores geopolíticos y la inestabilidad en el Sahel, que empuja a más inmigrantes hacia el norte de África ante la ausencia de controles determinantes por parte del régimen alauí. La persistencia desde 2021 es evidente, aquel año de crisis masiva dejó un legado de vulnerabilidad que se ha cronificado, con entradas a nado convirtiéndose en la norma. Calculando porcentajes de incremento acumulado, desde 2022 hasta la proyección de 2025, el aumento global supera el 215%, una evolución que pone de manifiesto el fracaso de las medidas disuasorias y la necesidad urgente de establecer políticas determinantes para hacer frente a esta presión migratoria sobre la Ciudad Autónoma.

Mirando hacia el futuro, la prospectiva para finales de 2025 es preocupante. Con 2.418 entradas hasta agosto, si el ritmo actual se mantiene –y las noticias recientes sugieren que podría acelerarse con la llegada del otoño, cuando las condiciones meteorológicas facilitan los cruces–, Ceuta podría cerrar el año con más de 3.600 inmigrantes ilegales, un incremento proyectado del 48% sobre los datos parciales actuales. Fuentes de la CGEF advierten que este escenario conservador no contempla picos como los de agosto, cuando la Guardia Civil repelió cientos de intentos en una sola noche. La voz de alarma es clara, sin intervenciones drásticas, como un aumento en el despliegue fronterizo o presiones diplomáticas sobre Marruecos, la ciudad autónoma podría enfrentar una avalancha similar a la de 2021.

Pero el problema no se limita a las entradas detectadas. Al otro lado de las vallas, en zonas como Beliones y el Monte de la Mujer Muerta, se acumula una «bolsa» de inmigración ilegal que supera los 2.000 inmigrantes, según estimaciones policiales consultadas por LA GACETA. Esta concentración conformada por magrebíes, subsaharianos y hasta asiáticos, resulta incomprensible para las autoridades, que ven en ella indicios de una coordinación no evidente. Estos grupos esperan el «momento apropiado» para saltar, a menudo a nado, eludiendo patrullas marroquíes que parecen mirar hacia otro lado. Un aspecto particularmente alarmante es el de los supuestos menores, según los agentes: «Muchos, aparentando más de 20 años, alegan ser niños para quedarse bloqueados en la ciudad, accediendo a protecciones que saturan los centros de acogida y complicando las repatriaciones».

Esta situación exige una respuesta inmediata. Ceuta no puede ser el patio trasero de presiones geopolíticas; es hora de que Europa y España actúen con firmeza para frenar esta hemorragia que amenaza con desbordarse. La amenaza es latente, no podemos esperar otra tragedia como la de 2021 para reaccionar.

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