«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El líder del PP apoyó una reforma constitucional fraudulenta

De los dos viajes de Feijoo a la isla a la recepción de Rueda al embajador: la connivencia del PP con el régimen comunista de Cuba

Raúl Castro y Alberto Núñez Feijoo. Europa Press

Todos los partidos del establishment español, desde el PP a Podemos, coinciden en varios puntos: negocios con Marruecos y China, buen trato a Cuba y, desde 2016, desprecio, lindando con el odio, a Donald Trump. La única excepción en la unanimidad es VOX.

Las izquierdas, desde el PSOE a Bildu, sienten verdadera admiración por la revolución de los Castro y el régimen comunista y represor que han levantado. Seguramente por su antiamericanismo y, también, porque a varios de sus miembros les gustaría implantar algo parecido en España o en sus regiones: control de la economía, elecciones manipuladas, prensa censurada y represión de la disidencia.

En el caso del PP, ese respeto, que se plasma en viajes y financiación, responde a los negocios de muchos empresarios, que en Cuba disponen de mano de obra esclava, y al complejo de sus políticos ante la izquierda. Dando la mano a un Castro se sienten más demócratas y más aceptados por la clase moralmente superior.

De Fraga a Feijoo y Rueda

Manuel Fraga, fundador de Alianza Popular y luego del Partido Popular, viajó a Cuba en septiembre de 1991, cuando el régimen atravesaba enormes dificultades económicas (el llamado Período Especial) al perder los suministros de combustible enviados por la URSS, que desaparecería en diciembre de ese año. En 1992, Fraga recibió en Galicia al tirano. De esta manera, Fraga creía blanquear ante la izquierda su pasado de ministro del general Franco. No lo consiguió. La izquierda le sigue considerando un «fascista» y sectores de su partido se avergüenzan de él.

Alberto Núñez Feijoo, sucesor de Fraga en la presidencia de la Xunta desde abril de 2009, imitó a su predecesor y realizó dos viajes a Cuba, cuando Fidel se había retirado de la política por edad y sus cargos de primer secretario del Partido Comunista, presidente del Consejo de Estado y presidente del Consejo de Ministros los ocupaba su hermano Raúl. Entre 1959 y 2008, éste había sido ministro de las Fuerzas Armadas y responsable último de la represión y del terrorismo en el continente.

El primer viaje ocurrió en diciembre de 2013 y en él Feijoo no contestó a las peticiones de la oposición democrática, transmitidas por la Unión Patriótica de Cuba, para que recibiese a algunos de sus miembros, que se arriesgaban a ser detenidos y encarcelados.

En la reunión con el dictador Raúl Castro, Feijoo, según el comunicado de la Xunta, «animó a las autoridades cubanas a continuar el proceso de actualización que han anunciado en los últimos años y les agradeció el acuerdo alcanzado con la Organización Mundial de Comercio que representa un avance en este sentido». El político se preocupó también de que siguiesen aumentando las exportaciones gallegas a Cuba y de agasajar a la comunidad gallega residente —siempre que no pidiese democracia—.

El siguiente viaje se produjo en mayo de 2016 y fue peor que el anterior, en el sentido de respaldar el lavado de cara de la dictadura comunista. En la clausura del XI Consello de Comunidades Galegas, Feijoo afirmó en su discurso que Galicia y «las gallegas y los gallegos de todo el mundo» estaremos «del lado de Cuba en este ilusionante proceso de actualización que el pueblo cubano decidió emprender», en referencia a una reforma constitucional fraudulenta, anunciado por Castro unos meses antes, y que propició el mantenimiento de la tiranía.

Feijoo añadió con la habitual verborrea política, empapada en cursilería: «Desde la cercanía y desde el respeto y la generosidad, queremos acompañar a este país en su camino y queremos hacerlo con las herramientas que pone el siglo XXI en nuestras manos».

En 2019, al decrépito Raúl Castro le reemplazó en los mismos tres cargos Miguel Díaz-Canel, otro militante comunista. Sin elecciones, por supuesto. Y ahí continúa Cuba, cada vez más pobre, aunque ahora con la esperanza de que el régimen por fin caiga gracias a la decidida intervención del presidente Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio.

El mantenimiento de estas engrasadas relaciones entre la Xunta y Cuba es una de las guías inmutables del PP. En junio de 2023, el sucesor de Núñez Feijoo, Alfonso Rueda, recibió en su despacho oficial en Santiago al embajador de la tiranía comunista «con el objetivo de ahondar en las históricas relaciones de hermandad entre Galicia y el país caribeño».

En la nota de prensa de la Xunta, esta presumía de que “Galicia financió en los últimos años diferentes intervenciones de desarrollo y de acción humanitaria en Cuba, principalmente en apoyo de la infancia y de las personas mayores». Es decir, el PP gallego reconoció que alimenta la «industria de la solidaridad» con una dictadura, que —como denuncian los exiliados— se apropia de gran parte de esos fondos y ese material, así como del salario que cobran los cubanos en las empresas montados por extranjeros, incluidos gallegos.

El voto de los cubanos

Uno de los motivos de esta dedicación de Fraga, Feijóo y Rueda a Cuba reside en los miles de cubanos a los que las leyes regionales gallegas y nacionales españolas permiten votar, sea en las elecciones al Parlamento gallego, sea en las elecciones a Cortes Generales.

Sólo en 2013, cuando Feijoo cursó su primera visita a la finca de los Castro, los cubanos que podían participar en las elecciones gallegas eran 38.500. A partir de entonces, el número no ha parado de crecer, hasta alcanzar los 45.000 en 2024.

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