El 15 de julio de 2025, en Bruselas, un eurodiputado del Partido Popular apareció en una fotografía junto a un dirigente de la órbita castrochavista centroamericana. Se trataba de Gabriel Mato, veterano representante del PP en la Eurocámara, reunido oficialmente con Gerardo Torres Zelaya, vicecanciller de Honduras y sobrino de Manuel «Mel» Zelaya. La cita se celebró durante el Consejo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica. Apenas cuatro días después, Torres Zelaya estaba en Managua, participando en los actos del 19 de julio organizados por Daniel Ortega, el dictador nicaragüense. Las imágenes de ambas reuniones recorrieron la prensa hondureña y continental, y mostraban al PP estrechando la mano de un alto cargo gubernamental alineado con los regímenes de Ortega y Maduro.
El episodio no fue un hecho aislado. Apenas un mes antes, en Madrid, el Ayuntamiento que gobierna José Luis Martínez-Almeida, del PP, se había negado a retirar la Llave de Oro de la ciudad concedida al presidente colombiano Gustavo Petro en mayo de 2023. VOX planteó la revocación, pero la mayoría municipal —con votos populares y socialistas— tumbó la propuesta. De este modo, la distinción otorgada en su día por Almeida al dirigente colombiano de izquierda sigue vigente. En el mismo viaje oficial, Petro había recibido aplausos en el Congreso de los Diputados: las bancadas del PSOE y del PP lo ovacionaron tras su discurso, mientras VOX se ausentó de la sesión. Las imágenes de aquel día dejaron una impresión clara: el presidente de Colombia era recibido con honores institucionales en España, con el PP participando activamente en el reconocimiento.
Estos gestos recientes son sólo la punta del iceberg de una larga historia de relaciones cordiales y colaboraciones puntuales del PP con gobiernos y líderes de izquierda iberoamericanos. Aunque en la narrativa pública el Partido Popular suele presentarse como el contrapeso ideológico del socialismo continental, la hemeroteca ofrece una cadena de encuentros, acuerdos y homenajes que muestran otra cara: la de la diplomacia pragmática y los contactos de cercanía con dirigentes de signo contrario.
Feijóo y sus giras a La Habana
Años antes de liderar el PP, Alberto Núñez Feijoo protagonizó dos viajes oficiales a Cuba. En diciembre de 2013, invitado por las autoridades cubanas, Feijoo se reunió con Raúl Castro en el Palacio de la Revolución. En la agenda figuraba también un encuentro con el entonces vicepresidente Miguel Díaz-Canel, hoy presidente del país, además de reuniones con el canciller Bruno Rodríguez, con el ministro de Comercio Exterior y con la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba. En paralelo, firmó un acuerdo de cooperación entre la Cámara de Comercio de Cuba y la de Santiago de Compostela, y asistió a actos culturales sobre la relación Fraga–Castro y la emigración gallega. La visita fue cubierta ampliamente por la prensa cubana y española, que destacó la sintonía y el tono positivo del encuentro.
Tres años después, en mayo de 2016, Feijoo regresó a La Habana. Volvió a reunirse con Raúl Castro y con varios altos cargos del régimen, como el viceprimer ministro Ricardo Cabrisas y el canciller Bruno Rodríguez. En esta ocasión se firmó una «memoria de colaboración» que incluía proyectos en biotecnología, energía eólica, agroalimentación y biomasa. Feijoo se refirió a la «actualización» económica de la isla como una oportunidad de colaboración y recalcó la hermandad histórica entre Galicia y Cuba. En ninguno de los dos viajes se reunió con representantes de la disidencia, pese a las invitaciones cursadas por opositores como José Daniel Ferrer. La prioridad fue consolidar la cooperación económica y cultural con el gobierno cubano.
Estos dos viajes colocan a Feijoo como uno de los dirigentes del PP con mayor nivel de interlocución con el castrismo. Recibido por Raúl Castro en dos ocasiones y con agenda ministerial completa, el hoy líder popular aparece en las crónicas como un actor clave en el proceso de normalización entre España y Cuba en los años previos al deshielo formal impulsado por la UE.
Rajoy y el «deshielo» con Cuba
En abril de 2017, el Palacio de la Moncloa fue escenario de una visita histórica. Mariano Rajoy recibió al canciller cubano Bruno Rodríguez, acompañado por el Rey Felipe VI y por la presidenta del Congreso, Ana Pastor. Era la primera visita oficial de un ministro de Exteriores cubano a España en casi una década. La agenda fue explícita: normalizar los vínculos políticos, económicos y culturales. El propio Rajoy subrayó que España estaba dispuesta a «fortalecer e intensificar» la relación con Cuba, en un momento en que la Unión Europea acababa de derogar la Posición Común de 1996 que condicionaba el diálogo a avances democráticos. El ministro Rodríguez habló de «clima cordial y productivo» y agradeció el papel de España como tercer socio comercial de la isla y como uno de sus principales emisores de turistas. Fue, en definitiva, un acto de legitimación al régimen castrista por parte de un Gobierno del PP.
Meses antes, en noviembre de 2016, el propio Rajoy había enviado al Rey emérito Juan Carlos I a La Habana para representar oficialmente a España en el funeral de Fidel Castro. La presencia del exmonarca, en nombre del Ejecutivo, significó un gesto simbólico de respeto hacia la dictadura cubana en uno de sus momentos más solemnes.
Aznar y los encuentros con Fidel
Retrocediendo casi dos décadas, José María Aznar también protagonizó momentos de acercamiento con el régimen cubano. En octubre de 1998, durante la Cumbre Iberoamericana de Oporto, mantuvo una reunión bilateral con Fidel Castro en la que ambos hablaron de «excelentes relaciones» y trazaron la ruta hacia la siguiente cumbre en La Habana. Apenas tres días después, Castro fue recibido en La Moncloa por Aznar, en una entrevista que Granma describió como cordial. Estos encuentros contrastaron con la imagen pública de confrontación, pero formaron parte de la normalización diplomática que España mantuvo con Cuba en el marco de las cumbres iberoamericanas.
Fraga, el «último rojo» de Galicia
El primer gran episodio de complicidad entre el PP y el castrismo se remonta a 1991, cuando Manuel Fraga, presidente de la Xunta de Galicia, viajó a La Habana y fue recibido con honores por Fidel Castro. El líder gallego se declaró emocionado ante la hospitalidad y llegó a condenar públicamente el embargo norteamericano, lo que el propio Castro celebró como un triunfo. Un año después, en 1992, el dictador devolvió la visita y viajó a Láncara, la tierra natal de su padre, donde compartió una célebre queimada con Fraga. La relación personal entre ambos continuó durante años: en 2005, Raúl Castro volvió a Galicia y fue recibido de nuevo por Fraga en la Xunta. Aquellas escenas cimentaron una relación de familiaridad que trascendió las diferencias ideológicas.
Del gesto reciente de Gabriel Mato con el sobrino de Zelaya, pasando por la negativa del PP a retirar honores a Petro, hasta las giras de Feijóo a La Habana o los encuentros de Aznar y Fraga con Fidel Castro, el recorrido muestra una línea de continuidad: el PP, más allá de su discurso, ha cultivado relaciones de cercanía y colaboración con líderes de izquierda iberoamericanos. Reuniones oficiales, acuerdos económicos, condecoraciones y homenajes se suceden a lo largo de tres décadas.
La historia es extensa y las piezas encajan: en 1991, Fraga estrechaba la mano de Castro en una Cuba en crisis; en 1998, Aznar recibía al Comandante en Moncloa; en 2013 y 2016, Feijoo se sentaba con Raúl Castro para pactar proyectos energéticos y biotecnológicos; en 2016, el Gobierno del PP enviaba al Rey emérito al funeral de Fidel; en 2017, Rajoy recibía con honores al canciller cubano; y en 2023 y 2025, el PP condecoraba y aplaudía a Gustavo Petro y mantenía reuniones con altos funcionarios del castrismo centroamericano. Un hilo de gestos de complicidad que, visto en conjunto, dibuja un patrón: el Partido Popular ha tejido, a lo largo del tiempo, vínculos visibles de colaboración con los regímenes y líderes de izquierda en Iberoamérica.