En una operación relámpago que pone de manifiesto la porosa frontera entre la delincuencia organizada y las costas mediterráneas, la Guardia Civil ha detenido en Alicante a dos jóvenes argelinos, uno de ellos reclamado por asesinato, pertenencia a banda armada y tenencia de explosivos en Francia, mientras transportaban un barco robado valorado en 120.000 euros. El suceso, ocurrido el pasado mes de septiembre, revela un audaz plan de refugio transfronterizo, los sospechosos, con extensos antecedentes penales, cruzaron los Pirineos no sólo con la embarcación sustraída, sino posiblemente con la intención de usarla para una huida definitiva por mar.
El robo se perpetró en el puerto francés de Saint-Cyr-sur-Mer, a orillas del Mediterráneo. La embarcación semirrígida, un modelo de alta gama ideal para navegaciones rápidas, fue cargada sobre un semirremolque robado meses antes en Les Pennes-Mirabeau, otro enclave francés cercano a Marsella. Todo ello remolcado por un todoterreno que también podría haber sido objeto de hurto. Los detenidos, de 28 y 29 años, se dirigían a toda velocidad hacia Cartagena, en la costa murciana, cuando el sistema GPS integrado en el barco –un salvavidas tecnológico para los propietarios franceses– activó las alarmas en las dependencias de la Guardia Civil.
El fugitivo de Marsella: un historial de sangre que llega a España
En el centro de esta trama se encuentra el detenido de 28 años, un argelino reclamado por un juzgado de Marsella mediante una Orden Europea de Detención y Entrega (OEDE), este joven enfrenta cargos por asesinato, pertenencia a una banda armada y tenencia ilícita de armas y explosivos. Según fuentes de la Guardia Civil, coordinadas con el Centro de Cooperación Policial y Aduanera (CCPA) y la Oficina SIRENE España, el sospechoso acumula «multitud de delitos contra las personas, el patrimonio y por organización criminal», confirmados por las autoridades galas.
Su elección de España como refugio no parece casual. Marsella, epicentro de clanes mafiosos y tráfico de todo tipo en el sur de Francia, ha sido testigo de sus actos criminales, pero las costas alicantinas –con su proximidad geográfica y puertos como el de Alicante o Cartagena– ofrecen un salvoconducto tentador para quienes buscan evaporarse. El hecho de que transportaran el barco desmontado sobre el remolque sugiere no sólo un traslado de mercancía robada para su venta en el mercado negro español, sino un posible plan B para una fuga marítima hacia Argelia.
Su compañero de 29 años, también argelino, comparte un perfil similar: antecedentes por delitos contra el patrimonio y organización criminal, aunque sin la sombra letal del asesinato. Juntos, forman un dúo que ilustra la movilidad de las redes magrebíes en Europa, donde el robo de bienes de lujo como yates se entremezcla con evasiones judiciales.
Persecución a toda velocidad
La Guardia Civil, alertada a primera hora de la tarde del 9 de septiembre, desplegó un dispositivo de vigilancia en la autovía A-7, a la altura de San Vicente del Raspeig. El rastro GPS los llevó hasta Castalla, donde avistaron el todoterreno sospechoso remolcando la embarcación. «La lancha fue detectada inicialmente a la altura de Castalla y poco después, los agentes detectaron, en la zona del Maigmó, un todoterreno que remolcaba una embarcación con características similares a las reseñadas», detalla el informe oficial.
Al dar el alto reglamentario, el conductor –identificado como el reclamado por asesinato– ignoró la orden y pisó el acelerador. Lo que siguió fue una peligrosa persecución de varios kilómetros por la A-7, un desvío abrupto hacia las sierras del Maigmó, Tibi y, finalmente, la partida de El Moralet. El vehículo se detuvo por un fallo mecánico, permitiendo a los agentes inmovilizarlo. Dentro, el conductor se resistió brevemente, mientras su cómplice se ocultaba entre los asientos traseros, en un vano intento de pasar desapercibido.
Un golpe a la delincuencia transfronteriza
Pasados a disposición judicial en Alicante, uno de los detenidos fue ingresado en prisión inmediata por el asesino reclamado, mientras su compañero afronta cargos por hurto y resistencia a la autoridad. Esta operación, según la Guardia Civil, «refuerza la cooperación policial internacional en la lucha contra la delincuencia organizada transfronteriza, impidiendo la introducción en España de bienes sustraídos y asegurando la puesta a disposición de la justicia de personas reclamadas por delitos de especial gravedad».
El caso destapa una vez más las vulnerabilidades de nuestras fronteras marítimas: barcos robados en Francia que podrían convertirse en herramientas de escape y fugitivos con pasados sangrientos que ven en España un puerto seguro.