El Departamento de Educación ha contabilizado este curso en su Registro de Violencias del Alumnado (REVA) un total de 5.331 incidentes en lo que llevamos de curso. Dentro de esa cifra destacan 1.718 casos de acoso escolar, más de 500 episodios de agresiones —sin detallar su naturaleza— y 165 situaciones vinculadas a la discriminación. Un escenario que refleja un deterioro de la convivencia en los centros educativos catalanes.
Ante este aumento de conflictos avanzado por El Español, la Generalitat ha decidido poner en marcha una iniciativa inédita: la presencia de agentes de los Mossos d’Esquadra en institutos considerados especialmente problemáticos. Se trata de un plan piloto que afecta a 13 centros repartidos por Cataluña, donde los policías patrullarán sin uniforme y sin armas, integrándose en el día a día escolar con un enfoque preventivo.
El programa, impulsado conjuntamente por los departamentos de Educación e Interior, busca anticiparse a situaciones de riesgo y mejorar la seguridad en los entornos educativos. Desde el sindicato SAP-ME, mayoritario entre los Mossos, defienden la medida como una respuesta lógica a una realidad que, aseguran, ha ido empeorando. Su portavoz, Imma Viudes, insiste en que el profesorado se ve desbordado y que los docentes no deberían asumir funciones de seguridad.
El sindicato USTEC sostiene que el origen de los problemas es estructural: aulas masificadas, falta de recursos, escasez de personal de apoyo y una financiación insuficiente desde hace años.
Desde el ámbito educativo también se advierte de que la convivencia no se resolverá con medidas de carácter policial. Reclaman, en cambio, más inversión en orientación, reducción de ratios y refuerzo del personal docente y de apoyo. A su juicio, introducir agentes en los pasillos puede cambiar la forma en la que se gestionan los conflictos, pero no elimina sus causas de fondo.
En paralelo, algunos sectores apuntan a factores adicionales que podrían estar influyendo en el aumento de la conflictividad, como los cambios sociales en las aulas. Entre ellos se menciona el crecimiento de la diversidad cultural derivada de los flujos migratorios recientes. No obstante, expertos en educación suelen matizar que este tipo de fenómenos son complejos y que la violencia escolar responde a múltiples variables —económicas, sociales, familiares y educativas—, por lo que simplificar sus causas puede llevar a diagnósticos erróneos.
Desde el ámbito policial, en cambio, insisten en que su presencia no excluye otras soluciones. Consideran que puede ser compatible con las demandas del profesorado y que permitirá actuar antes de que los conflictos escalen. Además, ponen el foco en problemas como el acoso escolar, que califican de urgente.
Más allá de este plan piloto, los datos reflejan una situación preocupante. Informes previos de la Consejería de Interior apuntan a que una amplia mayoría de alumnos percibe violencia en su entorno educativo, y un porcentaje significativo asegura haberla sufrido o presenciado. En el caso de las chicas, las cifras son especialmente elevadas en determinados tipos de agresiones.