La investigación del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), el más grave de la historia de la alta velocidad en España, continúa destapando fallos graves en la gestión de la emergencia y en los sistemas de control.
Según ha publicado El Debate, a los audios de la caja negra del tren de Iryo —en los que el maquinista alertaba de un «enganchón» y de la invasión de la vía contigua sin ser consciente de haber colisionado con otro convoy— se suma ahora un testimonio que revela un hecho de enorme gravedad: el centro de control perdió por completo la localización del tren Alvia accidentado durante los primeros minutos tras el siniestro.
De acuerdo con un audio al que ha tenido acceso El Debate, ni el maquinista del Iryo ni los responsables del centro de control sabían que se había producido una colisión entre dos trenes. En las pantallas del centro de mando, el Alvia dejó de aparecer sin que existiera constancia alguna de su ubicación exacta ni de su estado.
Como consecuencia del descarrilamiento del Iryo y de la bajada de pantógrafos, una medida de seguridad para cortar la alimentación eléctrica, el tráfico ferroviario quedó detenido en ambos sentidos. Otros trenes que circulaban por la línea se pararon de forma preventiva a varios kilómetros del lugar del accidente, tanto por detrás del Iryo como por detrás del Alvia.
Ante la desaparición del Alvia de los sistemas de control, el centro de mando tomó una decisión tan insólita como reveladora: pidió a uno de los maquinistas detenidos en la vía que bajara del tren y recorriera las vías a pie para localizar el convoy desaparecido.
Provisto únicamente de una linterna, el maquinista caminó cerca de dos kilómetros por la infraestructura ferroviaria hasta encontrarse con lo que las fuentes describen como una escena «apocalíptica»: los restos del tren Alvia gravemente accidentado. Fue de este modo, y no mediante los sistemas tecnológicos de control ferroviario, cómo las autoridades tuvieron conocimiento real de la magnitud del siniestro.
Un segundo testimonio, procedente de un pasajero que viajaba en un tren detenido a unos tres o cuatro kilómetros del lugar del accidente, refuerza esta versión. Según su relato, la tripulación informó a los viajeros de que el maquinista había tenido que desplazarse andando por las vías ante la falta de comunicación y de cobertura en la zona.
«Nos dijeron que el maquinista había salido caminando hacia el lugar del accidente para saber qué había pasado realmente. Estuvimos mucho tiempo sin información clara. Cuando empezó a llegar algo de cobertura, algunos conseguimos avisar a familiares y nos íbamos actualizando entre nosotros», explica este testigo.
Estos nuevos datos agravan las dudas sobre los protocolos de seguridad y sobre la gestión de emergencias, especialmente en lo relativo a la localización en tiempo real de los convoyes y a la coordinación tras un accidente de gran magnitud. Fuentes de la investigación insisten en la «complejidad extrema» del siniestro y apuntan a una concatenación de fallos técnicos y operativos.