La reconstrucción de las horas anteriores a la invasión de Ceuta abre una brecha en la versión que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha mantenido desde el inicio de la crisis. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) tuvo conocimiento el 29 de julio, un día antes de la entrada masiva, de una convocatoria para acceder a nado a la ciudad autónoma y trasladó esa información a las autoridades encargadas de la seguridad.
Así lo reconoció este martes en el Congreso la ministra de Defensa, Margarita Robles, de cuyo departamento depende orgánicamente el CNI. Su explicación contrasta con la insistencia de Marlaska en que «ningún informe» previo permitió anticipar lo ocurrido el 30 de julio.
La discrepancia entre ambos ministros no reside tanto en si los servicios españoles conocían con exactitud la magnitud que alcanzaría la entrada —Robles no ha sostenido que fuera así— como en una cuestión anterior: si existieron alertas relevantes antes de que comenzara la crisis y qué hicieron las autoridades con ellas. Según la ministra de Defensa, existieron.
El aviso del 29 de julio
Robles situó uno de los momentos clave de la cronología en la víspera de la invasión. El CNI tuvo conocimiento el 29 de julio de una convocatoria para entrar a nado en Ceuta y compartió la información con la Delegación del Gobierno y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La ministra salió además en defensa de los servicios de Inteligencia y recordó que sus comunicaciones no tienen por qué adoptar siempre la forma de un informe escrito.
El matiz resulta relevante porque Marlaska ha centrado buena parte de su defensa en negar precisamente la existencia de ese tipo de documento. Este martes volvió a asegurar que «no había ningún informe que atisbara que el día 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció».
La afirmación deja, sin embargo, una zona todavía por aclarar. Que no existiera un informe capaz de anticipar el día exacto, el volumen final de la entrada o sus dimensiones no permite concluir que las autoridades carecieran de información preventiva. La cuestión pasa ahora por determinar qué contenido tenía el aviso del día 29, quién lo recibió, qué valoración se hizo y qué decisiones provocó.
La Policía ya manejaba un escenario de «riesgo alto»
La información del CNI tampoco fue la única señal previa conocida. Una semana antes, el 23 de julio, el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), dependiente de la Policía Nacional, había elaborado un análisis sobre el riesgo de llegadas de inmigrantes procedentes del norte de África entre los días 24 y 30 de julio.
El documento situaba el riesgo en un nivel «alto» e identificaba diferentes puntos de salida desde Marruecos. Entre ellos figuraban Nador, Alhucemas y Cabo Tres Forcas, en el norte del país, además de Tan-Tan y Tarfaya en la fachada atlántica.
Aquel análisis no predecía una entrada de las dimensiones que finalmente alcanzó la crisis de Ceuta. Sí acredita, en cambio, que una estructura dependiente del propio Ministerio del Interior manejaba durante los días inmediatamente anteriores un escenario de elevada presión migratoria desde territorio marroquí. A esa información se añadió, el día 29, el aviso del CNI sobre una convocatoria concreta relacionada con Ceuta.
La combinación de ambos elementos complica el relato de una crisis surgida sin señales previas: Interior disponía de un análisis de «riesgo alto» y, según Robles, las autoridades de seguridad recibieron además información de Inteligencia la víspera de la entrada.
Marlaska niega que pudiera anticiparse la magnitud
Interior ha sostenido durante estas semanas que ningún servicio español o extranjero fue capaz de prever un episodio de semejantes características. Esa afirmación no ha sido desmentida por Robles. La ministra de Defensa no ha asegurado que el CNI conociera de antemano la magnitud final de la invasión. Lo que sí ha hecho es confirmar algo diferente: Inteligencia tenía información antes de la crisis y la compartió.
Un aviso sobre una convocatoria para entrar a nado en Ceuta puede resultar relevante para la seguridad fronteriza aunque no incluya una estimación acertada del número de participantes. La función preventiva de los servicios de Inteligencia consiste precisamente en identificar amenazas y trasladarlas a quienes deben adoptar las decisiones operativas.
De ahí que la insistencia de Marlaska en la inexistencia de un «informe» no resuelva la principal incógnita abierta por la comparecencia de Robles. Interior deberá aclarar si recibió información procedente del CNI por cualquier otro cauce y, en caso afirmativo, cómo fue valorada.