El Congreso de los Diputados pasará oficialmente a denominarse «Congreso» a secas a partir de este martes, en una decisión impulsada por el PSOE y Sumar con el respaldo de sus socios parlamentarios, y que busca «adaptar» el Reglamento de la Cámara al llamado lenguaje inclusivo.
La reforma forma parte de una reescritura completa del Reglamento del Congreso, que elimina el uso del masculino genérico —tradicionalmente aceptado por la Real Academia Española como forma neutra— y lo sustituye por fórmulas desdobladas como «los diputados y las diputadas», “los portavoces y las portavoces”, entre otras fórmulas redundantes. Sin embargo, y para evitar duplicidades constantes, la solución ideada para el nombre de la institución ha sido suprimir el término «de los Diputados» y dejarlo simplemente en «Congreso».
Más allá de una simple cuestión formal, la medida representa un nuevo intento de borrar las referencias tradicionales de las instituciones españolas bajo pretexto de corrección política. El nombre «Congreso de los Diputados» no es un adorno: ha sido parte esencial del sistema parlamentario español desde la Constitución de Cádiz de 1812, y ha sobrevivido a monarquías, repúblicas y regímenes para consolidarse como denominación oficial desde la Constitución de 1978.
El nuevo Reglamento incluye, además, otras dos reformas que serán debatidas y previsiblemente aprobadas este martes, último día del actual periodo de sesiones. Por un lado, se ampliarán los supuestos en los que los diputados podrán recurrir al voto telemático, incluyéndose ahora casos como la muerte o el cuidado urgente de familiares. Por otro, se modificará el artículo 98 para establecer un nuevo Consejo Consultivo encargado de regular las acreditaciones de prensa en la Cámara, con potestad para sancionar o incluso expulsar a periodistas que «incumplan normas de respeto o graben fuera de los espacios autorizados».