El régimen de Mohamed VI ha vuelto a lanzar señales inquietantes sobre su ambición territorial. En plena reactivación de su retórica soberanista sobre Ceuta, Melilla, las islas Chafarinas y otros peñones españoles, Marruecos ha incrementado su presión sobre el flanco sur español, lo que ha obligado a las Fuerzas Armadas a reforzar su presencia en la zona.
Desde este martes, el buque de acción marítima Furor (P-46) se encuentra desplegado frente a las islas Chafarinas —archipiélago español desde 1848— como parte de las Operaciones Permanentes de Presencia, Vigilancia y Disuasión (OPsPVD), antes estuvo navegando alrededor del islote Perejil en un recorrido que empezó el 10 de junio. Su presencia no es casual: Rabat ha intensificado en las últimas semanas sus pretensiones sobre estos enclaves, reavivando el discurso de la «marroquinidad» que históricamente utiliza para justificar sus avances en la región.
«Se está produciendo una acumulación de presiones híbridas: propaganda, diplomacia agresiva y reinterpretación del statu quo», advierten expertos en defensa.
El propio Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) ha reconocido públicamente que Marruecos mantiene una reivindicación activa sobre Ceuta y Melilla, aunque por el momento descarta una invasión directa. Sin embargo, en el terreno operativo, España ha elevado el nivel de alerta militar temprana. El BAM Furor actúa como punta de lanza de esta vigilancia activa en un punto clave para la seguridad marítima nacional.
Las Chafarinas, Alhucemas y el Peñón de Vélez de la Gomera se encuentran en una posición geoestratégica extremadamente delicada, situadas frente a un Marruecos que no oculta su voluntad de expandirse sobre zonas bajo soberanía española, amparado en el silencio cómplice de Bruselas y en el frágil marco diplomático bilateral.
El despliegue de la Armada también responde al aumento de actividades ilegales en el mar de Alborán: tráfico de personas, narcotráfico y maniobras de desestabilización encubierta que utilizan aguas próximas a los peñones como pasillos logísticos. Estas dinámicas se enmarcan en una estrategia marroquí más amplia: erosionar gradualmente la soberanía española mediante el desgaste.
Mientras tanto, el Gobierno español guarda silencio y evita cualquier confrontación retórica con Rabat. Ni una sola declaración oficial de advertencia, ni una mención a la escalada marroquí. Todo queda en manos de las Fuerzas Armadas, que mantienen una presencia disuasoria como última línea de contención.
El Furor, con base en Cartagena, está equipado con sistemas de vigilancia y despliegue de baja intensidad, pero su sola presencia representa una línea roja clara para cualquier intento marroquí de reinterpretar los tratados internacionales y la realidad territorial vigente.