«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Las mujeres marroquíes tienen una media de 2,9 hijos frente al 1,2 de las españolas

La islamización se acelera en Cataluña: concentra uno de cada cuatro musulmanes en España y duplica las mezquitas en 15 años

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Musulmanes rezando en España. Redes sociales

Cataluña se ha convertido en el epicentro del crecimiento del islam en España. Según los últimos datos del Observatorio Andalusí y la Unión de Comunidades Islámicas (UCIDE), en la región residen ya 660.392 musulmanes, lo que representa el 27,3 % del total nacional pese a que la comunidad autónoma solo supone el 16 % de la población española. En cifras absolutas, uno de cada cuatro musulmanes en España vive en territorio catalán.

La mayoría de ellos son de origen marroquí (235.278), seguidos por los pakistaníes (55.771). De los más de 660.000 musulmanes que viven en Cataluña, 272.468 tienen nacionalidad española, mientras que 387.924 son extranjeros. El crecimiento de esta comunidad responde, en gran parte, a su alta natalidad: las mujeres marroquíes tienen una media de 2,9 hijos frente al 1,2 de las españolas autóctonas.

El avance de esta transformación demográfica tiene consecuencias visibles también en el ámbito escolar. Más de 102.000 niños musulmanes están escolarizados en Cataluña, el 26,7 % del total de alumnos musulmanes en España. Además, el número de profesores de religión islámica ha aumentado un 69 % en solo un curso, pasando de 144 a 243 docentes.

A nivel de infraestructura religiosa, Cataluña alberga ya 326 mezquitas, un 18 % del total nacional (1.766), y ha duplicado su número en los últimos 15 años. Algunas incluso cuentan con minaretes, como el recién levantado en Seròs (Lérida), el primero en Cataluña desde la Edad Media. En municipios como Salt, la situación es todavía más llamativa: hay más mezquitas que iglesias. El 42 % de su población es extranjera y cuentan con un templo islámico por cada 4.843 habitantes.

El fenómeno, cada vez más evidente, ha reactivado la preocupación por la sustitución demográfica y la pérdida de referencias culturales propias. Mientras las comunidades islámicas exigen hiyab obligatorio, menús halal y más financiación pública, el Gobierno autonómico —y el central— sigue impulsando políticas que, lejos de fomentar la integración, consolidan la islamización progresiva del territorio.

Cataluña se ha convertido, así, en el espejo de un modelo fallido de multiculturalismo que ya da muestras de desbordamiento social y fractura cultural.

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