El encarecimiento de la vivienda se ha consolidado como el principal obstáculo para la emancipación juvenil en España. Casi la mitad de los jóvenes de entre 26 y 34 años continúa viviendo con sus padres, lo que supone más de dos millones de personas, y el 60% vincula directamente esta situación al alto precio de las casas.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes a un módulo específico de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025, más de un millón de jóvenes asegura que no puede independizarse por motivos económicos: 769.000 no pueden afrontar un alquiler y otros 282.000 no tienen acceso a la compra de una vivienda. A ellos se suman cerca de 300.000 que retrasan su salida del hogar familiar para poder ahorrar. En total, 1,33 millones de jóvenes en edad de emanciparse siguen sin poder hacerlo.
El fenómeno afecta de forma mayoritaria a jóvenes nacidos en España. Entre los 3,5 millones de personas de entre 26 y 34 años nacidas en el país, el 50,7% vive con sus padres. En cambio, entre los jóvenes residentes en España pero nacidos en el extranjero —1,6 millones en ese mismo tramo de edad—, el porcentaje baja al 30%, en gran parte porque muchos no tienen a su familia en el país.
Si se amplía el análisis al conjunto de jóvenes de entre 18 y 34 años, la dependencia del hogar familiar es aún más evidente: dos de cada tres conviven con sus progenitores, lo que equivale a 6,3 millones de un total de 9,3 millones.
Aunque en el tramo de 18 a 25 años la convivencia con los padres se explica en gran medida por la continuidad de los estudios, la situación cambia a partir de los 25. De los 2,2 millones de jóvenes mayores de esa edad que siguen en casa, el 69% está trabajando y sólo un 7% continúa formándose. El resto se encuentra en situación de desempleo o inactividad.
Entre los jóvenes ocupados de entre 26 y 34 años que no han podido independizarse —alrededor de 1,5 millones—, el 31% afirma que no puede pagar un alquiler, el 14% señala que no tiene capacidad para comprar una vivienda y otro 17% asegura que permanece en casa para ahorrar con vistas a emanciparse en el futuro.
Estos datos reflejan un problema estructural que impacta de lleno en el acceso a la vivienda y retrasa la formación de nuevos hogares, con consecuencias directas sobre la natalidad, el mercado laboral y la estabilidad económica de toda una generación.