La ruta atlántica hacia Canarias se vuelve cada vez más peligrosa. Las mafias de tráfico de inmigrantes han comenzado a desplazar sus operaciones hacia el sur de África para esquivar la presión policial en las costas del norte, lo que está incrementando de forma alarmante el riesgo de muerte en alta mar, según informa Vozpópuli.
Una reciente operación de la Policía en Senegal, en la región de Casamance, ha permitido desarticular una red criminal dedicada a organizar travesías ilegales hacia España. La intervención, llevada a cabo en la ciudad de Ziguinchor, se saldó con la detención de siete personas que preparaban la salida inminente de una embarcación con hasta 200 inmigrantes a bordo.
La estructura operaba con una organización jerárquica clara: un líder —actualmente huido— coordinaba la estrategia junto a contactos en Gambia, mientras reclutadores y intermediarios se encargaban de captar a los migrantes, gestionar alojamientos y organizar los desplazamientos.
Las cifras evidencian la magnitud del negocio. Según la investigación, la red habría organizado al menos cuatro intentos de travesía desde finales de 2025, afectando a más de 500 personas. Los beneficios superan los 325.000 euros, obtenidos mediante pagos individuales de unos 600 euros por pasajero.
El cambio de rutas responde a la mayor vigilancia en puntos tradicionales de salida como Marruecos, Mauritania o el norte de Senegal. Como consecuencia, las mafias están optando por trayectos mucho más largos desde el sur, lo que obliga a recorrer más de 1.000 kilómetros por el Atlántico en embarcaciones precarias.
Estas nuevas rutas presentan condiciones especialmente adversas, con fuertes corrientes, vientos intensos y un mayor riesgo de averías, deshidratación o naufragio. En la práctica, cada travesía se convierte en una operación de alto riesgo, donde la vida de los inmigrantes queda completamente expuesta.
Aunque la presión policial ha logrado contener parcialmente las salidas en determinados puntos, el fenómeno no ha desaparecido, sino que se ha desplazado y radicalizado, consolidando un modelo en el que las mafias adaptan sus rutas a costa de incrementar el peligro.
El resultado es un escenario cada vez más inestable: menos control efectivo en origen y una ruta migratoria más larga, más opaca y mucho más letal, que mantiene en alerta a las autoridades ante la posibilidad constante de nuevas tragedias en el Atlántico.