«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sólo en cinco templos existe una zona habilitada para ellas

Las mujeres musulmanas son vetadas de casi todas las mezquitas andaluzas: «Es una discriminación que no se ve ni en Marruecos»

Mezquita en Sevilla. Redes sociales

En la práctica totalidad de las más de cien mezquitas establecidas por toda la Comunidad Autónoma de Andalucía, las mujeres no tienen permitida la entrada o, en el mejor de los casos, son relegadas a espacios marginales sin condiciones adecuadas para el rezo, según adelanta El Diario de Sevilla.

Sólo en contadas excepciones —apenas cinco templos en toda la región— existe una zona habilitada para ellas en condiciones similares a las de los hombres. Sin embargo, incluso en estos casos, su uso es muy limitado y, por lo general, únicamente se ocupan durante la oración principal del viernes. En otros alrededor de veinte centros religiosos, se ha optado por habilitar habitaciones apartadas, sin visibilidad del imán ni de la dirección de La Meca, lo que muchas fieles consideran una solución insuficiente. En la mayoría de los casos, directamente no se permite el acceso femenino.

Diversas mujeres musulmanas denuncian esta situación como una discriminación evidente que, según subrayan, no se produce en países como Marruecos. Allí, explican, hombres y mujeres comparten el mismo espacio de oración, separados por elementos como celosías que garantizan cierta intimidad durante el rezo, pero sin impedir la participación conjunta.

En Andalucía, sin embargo, los responsables de muchos oratorios suelen justificar esta exclusión alegando limitaciones de espacio o la ausencia de instalaciones adecuadas, como aseos destinados a las mujeres para realizar las abluciones previas. Argumentos que no convencen a muchas fieles, que consideran que se trata de excusas que perpetúan una desigualdad injustificada.

Qamar bint Sufán, escritora musulmana, denuncia que en numerosos centros ni siquiera existen espacios básicos para ellas. Según explica, en algunos casos se ven obligadas a seguir las oraciones desde salas separadas, junto a niños pequeños, escuchando al imán a través de altavoces de mala calidad.

Desde otras voces dentro de la propia comunidad islámica también se cuestiona esta práctica. Yihad Sarasúa, vinculado a una mezquita sevillana, considera que esta exclusión responde a interpretaciones erróneas de ciertos textos religiosos. Recuerda que, históricamente, se permitió a las mujeres rezar en casa como una opción vinculada a sus responsabilidades familiares, pero no como una imposición.

Para algunas activistas, el problema trasciende el ámbito religioso y entra en conflicto con el marco legal español. Denuncian que esta segregación vulnera principios básicos de igualdad y critican que algunas de estas mezquitas reciben financiación pública sin que, a su juicio, se supervise adecuadamente el cumplimiento de estos derechos.

Desde la Federación de Musulmanes de España, su presidente, Kaleem Mirza, reconoce que la falta de espacios para mujeres es una realidad extendida. Atribuye esta situación tanto a limitaciones físicas de los locales como a decisiones internas de las comunidades. En su opinión, sería necesario fomentar una mayor implicación femenina en la gestión de estos espacios y promover la presencia de mujeres en posiciones de liderazgo.

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