El Gobierno de Pedro Sánchez ha dado un paso más en su ofensiva contra Israel y su acercamiento al régimen comunista de Pekín. Según ha confirmado Vozpópuli, Moncloa ha transmitido órdenes a todos los ministerios para ir sustituyendo a los proveedores israelíes por empresas chinas, una directriz que ya afecta a contratos estratégicos en infraestructuras hidráulicas, comunicaciones y otros servicios de la Administración.
La decisión no es meramente técnica, sino política: Sánchez busca acompasar la ruptura deliberada con Israel con la apertura de nuevos canales de colaboración con China, a pesar de las advertencias de la Unión Europea y de la oposición frontal de Estados Unidos, inmerso en una pugna global contra el régimen de Xi Jinping.
Este giro ha sido consolidado con los tres viajes oficiales de Sánchez a Pekín, auspiciados por la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero, y que han reforzado la penetración del gigante asiático en España.
Uno de los sectores más golpeados por la marginación de Israel es el de las infraestructuras hidráulicas, donde el país judío es líder mundial en innovación. El Ministerio de Agricultura ya ha recibido instrucciones de sustituir a fabricantes israelíes de componentes para obras de conducción de agua por materiales de procedencia china.
También han sido revocados intercambios de colaboración entre técnicos españoles e israelíes en investigación sobre optimización de riego agrícola y desalinización, áreas en las que Israel ha aportado soluciones cruciales contra la sequía en regiones como la Comunidad Valenciana.
Paralelamente, Pekín ha mostrado un creciente interés en introducir sus tecnologías en el campo agrícola español. En los últimos meses, el viceministro de Agricultura chino visitó Madrid y el titular español, Luis Planas, devolvió la visita a Pekín. Esta colaboración se apoya en los protocolos firmados desde 2018 para la exportación de productos agroalimentarios españoles a China, sector que ya supone casi un tercio de nuestras ventas al país asiático.
La decisión de relegar a Israel en lo económico coincide con la estrategia política de Moncloa y sus socios, que han promovido acciones de boicot a empresas israelíes, apoyados por colectivos propalestinos que instrumentalizan escenarios públicos como la Vuelta Ciclista a España para lanzar sus campañas.
Con estas medidas, el Ejecutivo de Sánchez rompe un vínculo histórico de cooperación en materia de agua y agricultura con Israel y lo reemplaza por una mayor dependencia de Pekín, consolidando un alineamiento con la dictadura comunista china que amenaza con hipotecar la soberanía tecnológica y económica de España.