El etarra Jesús María Zabarte Arregi, conocido como el «Carnicero de Mondragón» por la extrema crueldad con la que cometía sus atentados, ha muerto este lunes a los 80 años, según ha informado el diario Naiz, próximo a la izquierda abertzale.
Zabarte fue uno de los terroristas más sanguinarios de ETA. Acumuló condenas que superaban los 600 años de prisión por el asesinato de 17 personas, entre ellas agentes de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y del Ejército. También fue responsable de la muerte de un niño de 13 años en Azcoitia en 1989, cuando hizo estallar una bomba con la que pretendía asesinar a un guardia civil.
Integrado en la organización terrorista desde principios de la década de 1970, llegó a dirigir el denominado «comando Donosti», uno de los más activos y letales de ETA. Su primera detención se produjo en 1973, tras una operación policial en la que resultó herido. Años después, en 1984, volvió a ser arrestado en Hernani después de un intenso tiroteo en el que murieron dos miembros de la banda terrorista. Herido y sin munición, terminó entregándose a las fuerzas de seguridad.
Entre los atentados por los que fue condenado figuran algunos de los más brutales atribuidos a ETA. En uno de ellos, asesinó junto a otros miembros del comando a tres policías nacionales mientras almorzaban en una venta de Rentería. Un cuarto agente sobrevivió inicialmente al ataque, pero cuando era trasladado en ambulancia al hospital, Zabarte interceptó el vehículo y lo remató en su interior.
En otro asesinato, disparó por la espalda a un policía nacional que regresaba desarmado a su domicilio tras bajar del tren en Andoain. El agente, gravemente herido, trató de ocultarse entre unos matorrales, pero el terrorista comprobó que no había testigos, lo agarró del pelo y le disparó de nuevo para asegurarse de su muerte.
Salió de prisión por la anulación de la Doctrina Parot
Aunque fue condenado a más de 600 años de cárcel por la Audiencia Nacional, Zabarte abandonó la prisión en 2013 después de cumplir 29 años, como consecuencia de la anulación de la llamada Doctrina Parot por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Lejos de mostrar arrepentimiento, continuó participando en actos de homenaje a presos de ETA y defendiendo públicamente su pasado terrorista. En una entrevista llegó a afirmar que él no «asesinaba», sino que «ejecutaba», al considerar que sus crímenes formaban parte de un supuesto conflicto político.
Aquellas declaraciones motivaron la denuncia de asociaciones de víctimas del terrorismo, que las pusieron en conocimiento de la Fiscalía al considerar que podían constituir un delito de enaltecimiento del terrorismo. El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz abrió una investigación por esos hechos.
La muerte de Zabarte pone fin a la vida de uno de los miembros más sanguinarios de ETA, responsable de algunos de los asesinatos más crueles cometidos por la organización terrorista durante sus décadas de actividad.