«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Joya del románico

Trasladan los restos de los primeros reyes de Aragón desde San Juan de la Peña al Museo de Huesca por el incendio de Peñas de Riglos

Helicóptero durante las labores de extinción. Europa Press

El Real Monasterio de San Juan de la Peña, situado en el término municipal oscense de Jaca, cercado en este momento por las llamas del incendio forestal declarado el lunes en Las Peñas de Riglos, es un lugar clave en el origen de Aragón, que aúna historia, arte y fe, al alojar el Panteón Real con los enterramientos de los primeros monarcas del antiguo Reino de Aragón o ser morada del Santo Grial durante tres siglos.

La situación del incendio era tan complicada que obligó al Gobierno de Aragón a recurrir a la Unidad Militar de Emergencias (UME) y la Guardia Civil para rescatar los restos de los primeros reyes aragoneses y del linaje real, así como otras obras de arte, ante la cercanía de las llamas, que han sido depositados en el Museo de Huesca.

El Monasterio de San Juan de la Peña tiene sus raíces en la Alta Edad Media, cuando fue refugio de eremitas, pero su esplendor llega en el siglo XI al ser refundado por el rey Sancho ‘el Mayor’ de Navarra, que lo convierte en Panteón Real, acogiendo las tumbas de los primeros monarcas del Reino de Aragón, que lo dotaron de numerosos bienes. Además, durante tres siglos, en la Edad Media, cobijó el Santo Grial.

Construido junto a una gran roca y mimetizado con su entorno natural, además de su relevancia histórica, en su interior destacan su iglesia prerrománica, las pinturas de San Cosme y San Damián, del siglo XII, el Panteón de Nobles y la capilla gótica de San Victorián, según recoge la web del monasterio.

Sin embargo, además del Panteón real, erigido en el último tercio del siglo XVIII en estilo neoclásico, su principal joya y la imagen que lo define, junto a la de su portada en la roca, es su claustro románico. Junto a ello, San Juan de la Peña alberga una zona museística dedicada a la figura de Pedro Pablo Abarca de Bolesa, X Conde de Aranda, cuyos restos descansan en el Panteón de Nobles, que incluye una casaca mortuoria junto con una reproducción facial del Conde, que también han sido rescatadas de las llamas.

El cenobio altoaragonés fue también relevante en el ámbito religioso, ya que fue escenario en 1071 de la introducción, por primera vez en la península ibérica, del rito litúrgico romano.

Precisamente otro incendio fue lo que llevó a construir, en 1676, el llamado Monasterio Nuevo, erigido en un lugar próximo conocido como Llano de San Indalecia, una pradera asentada sobre la gran roca que ahora ha servido como cortafuegos para salvar el patrimonio histórico. Sus dependencias fueron abandonadas en 1835 y ahora alberga un centro de interpretación y una hospedería.

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