«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
es sólo una pieza más de un engranaje mucho más amplio

No es sólo la baliza V16: el sistema de señales V que ya controla a los conductores

Baliza V16.

Aunque por el momento sólo la señal tipo baliza V16 ha alcanzado notoriedad pública, lo ha hecho por un motivo muy concreto: la obligación impuesta a los conductores de gastar entre 30 y 50 euros para adquirirla. Sin embargo, este dispositivo es sólo una pieza más de un engranaje mucho más amplio que pasa prácticamente desapercibido para la mayoría de los usuarios de la carretera.

Las llamadas señales V no son un invento reciente ni una ocurrencia aislada. Están recogidas en el anexo X del Reglamento de Circulación y forman parte del llamado «código de seguridad». Se trata de dispositivos instalados en los vehículos cuya función es advertir al resto de usuarios de peligros concretos o de circunstancias especiales en la vía.

En total, la normativa contempla hasta quince señales distintas bajo la denominación V, cada una con una función específica y con efectos directos sobre la circulación.

La V1, por ejemplo, es la conocida luz azul que utilizan los vehículos de emergencia cuando circulan en servicio urgente. La V2 es la señal luminosa de color naranja, normalmente rotativa, que emplean grúas, operarios de carretera o vehículos que trabajan en la calzada para advertir de su presencia.

Otras señales son menos llamativas, pero igualmente obligatorias. La V6 corresponde a las placas amarillas con borde rojo que deben llevar los vehículos de más de 12 metros de longitud. La V13 es la popular “L” sobre fondo verde que identifica a los conductores noveles. La V20 es el panel cuadrado con franjas diagonales que señaliza la carga que sobresale por la parte trasera de un vehículo.

También figuran dispositivos que muchos conductores utilizan sin ser plenamente conscientes de su denominación oficial. La V23 es la banda reflectante que delimita el contorno de camiones y remolques, mientras que la V25 es el distintivo medioambiental, la conocida etiqueta de la DGT que clasifica los vehículos según sus emisiones.

En este entramado normativo se encuentra también una señal prácticamente desconocida para el gran público: la V27. Se trata de una señal de alarma que se activa en el interior del vehículo, normalmente en el salpicadero, cuando otro coche ha encendido una baliza V16 en nuestro recorrido. Su función es advertir al conductor de que existe un peligro próximo en la vía, incluso antes de que sea visible.

La paradoja resulta evidente. Mientras la Administración centra el debate público en la obligatoriedad de la baliza V16 y en el desembolso que esta supone para millones de conductores, apenas se explica que forma parte de un sistema mucho más amplio de señales ya reguladas, algunas visibles y otras invisibles, que incrementan el control y la complejidad normativa sobre el tráfico.

La baliza V16 no es una excepción, sino la punta del iceberg de un modelo de señalización cada vez más tecnificado, más caro para el conductor y peor explicado por quienes lo imponen.

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